<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></title><description><![CDATA[Cuento historias de cosas que me pasan. 
Viví dos años en Nueva Zelanda 🇳🇿
9 en Dinamarca 🇩🇰 , 
y ahora estoy en Málaga 🇪🇸 de agosto de 2025. 
Soy de Tandil, 🇦🇷.]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!i69o!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6de57fa6-2ef2-4dcf-99b3-7492edd98bae_1168x974.png</url><title>Historias de una migrante💖</title><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Sat, 04 Jul 2026 12:58:10 GMT</lastBuildDate><atom:link href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Ari 💖]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[historiasdeunamigrante@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[historiasdeunamigrante@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[historiasdeunamigrante@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[historiasdeunamigrante@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[#26. Panchito is the new Sudaca]]></title><description><![CDATA[Son las cinco de la ma&#241;ana y todav&#237;a no me puedo dormir.]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/26-panchito-is-the-new-sudaca</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/26-panchito-is-the-new-sudaca</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 28 Jun 2026 08:00:26 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/4799afeb-5143-4e5a-99ad-cf6e372d28ad_4032x3024.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p><span>Son las cinco de la ma&#241;ana y todav&#237;a no me puedo dormir. Esto me pasa cuando me queda la adrenalina residual de un partido del mundial corriendo por las venas. Hace un rato termin&#243; el partido de Uruguay - Espa&#241;a, en el cual el equipo sudamericano perdi&#243; y qued&#243; eliminado de la competencia. Me qued&#233; despierta hasta las 2 de la madrugada para ver un partido en el que no jugaba mi selecci&#243;n. Me cae bien Uruguay, siempre quiero que gane. El otro d&#237;a ve&#237;a un meme mundialista que dec&#237;a que en esta competencia, ser persona de bien es hinchar siempre por el pa&#237;s m&#225;s tercermundista de cada partido. Estoy muy de acuerdo, hay una minim&#237;sima justicia po&#233;tica en ver caer a grandes naciones a manos de verdugos infinitamente menos poderosos en el mundial. Por eso, nunca jam&#225;s nadie que considere ese criterio del &#8220;ser de bien&#8221; alentar&#225; a Estados Unidos en este certamen de f&#250;tbol (y no de </span><em><span>soccer</span></em><span>).</span></p><p><span>Me qued&#233; mal con que Uruguay se quede afuera, aunque s&#233; que ese no es el problema que no me deja dormir. Estoy enojada conmigo. Frustrada. Estoy reviviendo la situaci&#243;n en mi cabeza, dando mil respuestas que no di, actuando diferente en mi imaginario, estoy muy enroscada y no puedo salir de ah&#237;. Respiro hondo un par de veces. Me concentro en un ejercicio para dormir que consiste en contar hasta diez con cada respiraci&#243;n: inhalo, uno. Exhalo, dos. Inhalo, tres. Exhalo, cuatro. Inhalo (</span><em><span>&#191;para qu&#233; me acerqu&#233; a la ventana?</span></em><span>), cinco. (</span><em><span>&#191;Qu&#233; cre&#237; que iba a lograr con esa actitud?</span></em><span>) Exhalo, seis. Inhalo, (</span><em><span>son adolescentes, Ariadna. &#161;Me extra&#241;a de vos, que sos profesora y sab&#233;s llevar estas situaciones de conflicto!</span></em><span>) siete. Exhalo, ocho. (</span><em><span>No pude, me posey&#243; el esp&#237;ritu de una vieja malhumorada y no pude contenerme</span></em><span>). Inhalo, nueve. (</span><em><span>&#191;De qu&#233; vieja malhumorada habl&#225;s, nena? Sos vos, hacete cargo</span></em><span>). Exhalo, diez. (</span><em><span>Me hago cargo, soy yo, me arrepiento</span></em><span>).</span></p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p><span>&#8212;---------------</span></p><p><span>En la esquina de mi casa en M&#225;laga hay una avenida que supo ser una excelente v&#237;a de desagote del tr&#225;nsito local. Hace unos pocos meses que esa avenida est&#225; cortada porque iniciaron con las obras para ampliar la red del metro (trenes subterr&#225;neos) de la ciudad. Dicho corte no solo influy&#243; en la contaminaci&#243;n sonora del barrio, sino que provoc&#243; que todas las calles que desembocan en la avenida antes mencionada hayan quedado como callejones sin salida. Mi casa est&#225; en una primera planta con ventanas a la calle y muy cerca de la esquina con la avenida. Adem&#225;s, en dicha esquina, hay un negocio de videojuegos, como un antiguo </span><em><span>cyber</span></em><span> al cual decenas de adolescentes va a jugar en red con sus amigos. La cuesti&#243;n es que estos grupitos de j&#243;venes suelen juntarse los fines de semana por la noche a jugar en ese </span><em><span>cyber</span></em><span>, y con la llegada de las vacaciones escolares y el clima veraniego que invita a estar afuera, suelen quedarse manada en el callej&#243;n. Debo decir que, en general, se portan bien. Pero son adolescentes: van y vienen a los gritos, tontean a los manotazos entre ellos, circulan a velocidad en monopatines el&#233;ctricos, comen/beben y dejan los restos de envoltorios tirados por ah&#237;. En fin, se comportan acorde a su edad.</span></p><p><span>&#8212;-----------</span></p><p><span>Unas horas antes del partido de Espa&#241;a contra Uruguay, mientras estoy en el sill&#243;n dejando que el algoritmo de las redes sociales haga lo que se le antoja con mi psiquis, empiezo a escuchar mucho ruido afuera. Hace mucho calor, por lo cual tengo las ventanas abiertas, pero este ruido no es de ni&#241;os siendo ni&#241;os. Esto es algo m&#225;s. Hay gritos, hay sonido de chapas de coches, se escucha un movimiento de algo pesado que se arrastra con el asfalto. Yo tengo el estado de consciencia alterada porque mi algoritmo dej&#243; de mostrarme recetas de cocina y videos de mujeres contando datos interesantes. Ahora solo veo, con much&#237;sima indignaci&#243;n y frustraci&#243;n, c&#243;mo una persona a quien yo admiraba much&#237;simo est&#225; siendo acusado de violencia de g&#233;nero por una mujer a quien tambi&#233;n admiro un mont&#243;n. Estoy odiada, asqueada, dolida. Las mujeres nunca jam&#225;s podemos bajar la guardia con ning&#250;n hombre. Y, lo peor que me muestra el algoritmo del horror, es c&#243;mo est&#225;n hostigando a una periodista mujer por pronunciarse con cierta responsabilidad ante los hechos. Pero, viejo, &#191;c&#243;mo no van a hostigar al forro que yo admiraba tanto? &#191;D&#243;nde est&#225; el </span><em><span>macho aliade</span></em><span> y por qu&#233; no van a romperle los huevos a &#233;l?</span></p><p><span>En este estado de odio y ebullici&#243;n, me levanto del sill&#243;n y me asomo a la ventana para descubrir qu&#233; son esos ruidos externos a las doce de la noche. Me asombra ver, como nunca, que hay otros vecinos de la cuadra asomados a sus ventanas mirando la situaci&#243;n. Nadie dice nada, solo observan a un grupito de cuatro adolescentes mover de una vereda a la otra unas vallas de cerramiento que pertenecen a la obra del metro.</span></p><p><em><span>Che, eso no se puede hacer. &#191;Nadie va a decir nada?</span></em><span>, pienso. Y en ese instante, me envalentono y abro la boca, para arrepentirme al instante de las palabras, el modo y toda mi intervenci&#243;n en la situaci&#243;n.</span></p><p><span>&#8212;&#161;Ey! &#191;Qu&#233; est&#225;n haciendo? Son las doce de la noche.</span></p><p><span>&#8212;Pero si no estamo&#8217; haciendo na&#8217;...</span></p><p><span>&#8212;Son las doce de la noche, este es un barrio de gente tranquila. La cortan o llamo a la polic&#237;a.</span></p><p><span>&#8212;&#191;Y t&#250; qui&#233;n te cr&#233; que ere&#8217;, hija de puta? &#8212;me larga uno, llevando una mano visiblemente hacia los genitales mientras los dem&#225;s se hab&#237;an parado para irse del lugar.</span></p><p><em><span>&#191;Pero este pendejo maleducado me va a insultar as&#237;? &#161;Pedazo de machito en formaci&#243;n de violento!</span></em></p><p><span>Vuelvo a la carga de la peor manera, con mi peor versi&#243;n, rebaj&#225;ndome a la violencia verbal de un adolescente al que acaban de rega&#241;ar. Los insultos van y vienen mientras la sangre va llegando al punto de ebullici&#243;n que hace temblar el cuerpo. Mientras hablo, ya estoy arrepentida y, sin embargo, no puedo parar. Lo &#250;nico que me detiene es el grito lejano de uno que sabe bien clarito c&#243;mo y d&#243;nde hacer da&#241;o:</span></p><p><span>&#8212;Esto e&#8217; E&#8217;pa&#241;a. Vu&#233;lvete a tu pa&#237;s, </span><em><span>panchita</span></em><span>.</span></p><p><span>&#8212;--------------------</span></p><p><span>Yo conoc&#237;a muy bien el t&#233;rmino </span><em><span>sudaca</span></em><span> y todo lo que conlleva, pero hace pocas semanas aprend&#237; la palabra </span><em><span>panchito</span></em><span>mientras cenaba con un grupo de malague&#241;os. No voy a reproducir las formas en las que la describieron, pero creo que si resucitaba alg&#250;n fundador del Ku Klux Klan les hubiera dicho que se hab&#237;an pasado de xen&#243;fobos. Lo que s&#237; nos aseguraron, un poco para quedar bien y otro poco para lavar la culpa del racista, es que ni yo ni Juan d&#225;bamos con esa caracter&#237;stica; y que ellos ten&#237;an muchos amigos panchitos.</span></p><p><span>Esa noche me fui a casa con la palabra dando vueltas. Soy ling&#252;ista y me pasa eso: los insultos no me resbalan, me quedan pegados como una astilla. </span><em><span>Sudaca</span></em><span> la conoc&#237;a de memoria &#8212;es una derivaci&#243;n del sufijo despectivo </span><em><span>-aco</span></em><span>, el mismo de </span><em><span>libraco</span></em><span> o </span><em><span>pajarraco</span></em><span>, aplicado a </span><em><span>sudamericano</span></em><span> para rebajar con la sola morfolog&#237;a&#8212;, pero </span><em><span>panchito</span></em><span> era nueva para m&#237; y eso ya me dec&#237;a algo. Las palabras no aparecen de la nada; aparecen cuando hay una necesidad social de nombrar algo que antes no necesitaba nombre, o cuando el t&#233;rmino que exist&#237;a ya no alcanza para expresar todo el desprecio disponible.</span></p><p><span>Porque eso es lo que hace </span><em><span>panchito</span></em><span> que </span><em><span>sudaca</span></em><span> no hac&#237;a del todo: segmenta. </span><em><span>Sudaca</span></em><span> mete en la misma bolsa a veinte pa&#237;ses y borra diferencias; es el insulto de la distancia, del que no distingue porque no quiere distinguir. </span><em><span>Panchito</span></em><span>, en cambio, afina la punter&#237;a: apunta espec&#237;ficamente a los latinoamericanos con rasgos ind&#237;genas visibles, a los que la mirada racista identifica como m&#225;s indios, m&#225;s otros, m&#225;s abajo en la jerarqu&#237;a que el propio racismo construye. Es el insulto de la lupa. Y lo que ampl&#237;a esa lupa no es solo el origen geogr&#225;fico sino el cuerpo, el fenotipo, los rasgos que la colonizaci&#243;n lleva siglos usando como criterio de clasificaci&#243;n.</span></p><p><span>En aquel momento, mientras ese adolescente me gritaba </span><em><span>panchita</span></em><span> desde la calle, yo pens&#233; todo eso en una fracci&#243;n de segundo &#8212;o lo pienso ahora, que son las cinco de la ma&#241;ana y no me puedo dormir. No s&#233; bien cu&#225;ndo pas&#243;. Lo que s&#237; s&#233; es que la palabra lleg&#243; exactamente a donde ten&#237;a que llegar: a decirme que no pertenezco, que este no es mi lugar, que me vuelva. Y lo m&#225;s ir&#243;nico de todo es que ese chico probablemente no sepa nada de morfolog&#237;a derivativa ni de historia colonial. Solo sabe que esa palabra duele. Y ten&#237;a raz&#243;n.</span></p><p><span>&#8212;---------------------</span></p><p><span>En esta mara&#241;a de reflexi&#243;n que me trae el insomnio, pienso en las miles de cosas que me hubiera gustado decirle. Que s&#237;, que </span><em><span>panchita</span></em><span> y a mucha honra, pendejo. &#191;Sab&#233;s toda la Cindor que te falta para entender lo que significa esa palabra? Que se escribe </span><em><span>panchita</span></em><span> pero se pronuncia </span><em><span>sudaca</span></em><span>. Que al menos a m&#237; no me tienen que poner subt&#237;tulos cuando hablo mi propio idioma.</span></p><p><span>Y al instante se me pasa, y pienso que ese chico que me grit&#243; esa &#250;ltima frase, es cantado que tambi&#233;n sufre de xenofobia, que estas reacciones no nacen de la nada. Cierro los ojos y visualizo el recuerdo de esos cuatro ni&#241;os, el pelo, las caras, el tono de piel, la ropa que tenian puesta. No hab&#237;a absolutamente nada en el aspecto de esos cuatro ni&#241;os que gritara europeo. Nada. Solo su acento andaluz.</span></p><p><span>Guardo silencio. Respiro hondo.</span></p><p><span>Y pienso que nadie te cuenta esto cuando migr&#225;s. Nadie te lo dice en los grupos de WhatsApp de expatriados, ni en los hilos de TikTok sobre &#8220;c&#243;mo es vivir en Espa&#241;a siendo latinoamericano&#8221;, ni en las fotos de playita y ca&#241;a con la que todos inauguramos el cap&#237;tulo europeo en Instagram. Nadie te dice que ser inmigrante es siempre, en cualquier pa&#237;s, arrancar el partido perdiendo dos a cero. Que el primer gol en contra es burocr&#225;tico, el segundo es cultural, y que a veces, cuando menos te lo esper&#225;s, un adolescente de catorce a&#241;os te mete el tercero desde la ventana de tu propia casa.</span></p><p><span>Que igual segu&#237;s jugando. Que no queda otra. Pero que el marcador de arranque no es neutro, y que pretender que s&#237; lo es &#8212;eso de que &#8220;emigrar es una aventura&#8221;, &#8220;el mundo es tu casa&#8221;, &#8220;si quer&#233;s pod&#233;s&#8221;&#8212; es la mentira m&#225;s linda y m&#225;s cruel que nos contamos.</span></p><div><hr></div><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><div><hr></div><p>Si le&#237;ste hasta ac&#225;, gracias. </p><p>Algunos aprendizajes de esta an&#233;cdota: </p><ol><li><p>Necesito desintoxicarme del mundo redes sociales por un tiempo. </p></li><li><p>Ariadna: empez&#225; a meditar de una buena vez, carajito.</p></li><li><p>Un tatuaje que diga: Jam&#225;s logr&#233; resolver nada iniciando conversaciones con los tapones de punta. </p></li><li><p>Un mensaje 100 % para m&#237; (si quieren, se los presto, pero no es para nada original): menos <em>reels</em> y m&#225;s lectura. No importa cu&#225;ndo leas esto.</p></li></ol><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#25. Cuando el mundo no se pausa con vos]]></title><description><![CDATA[Cuatro mundiales, tres pa&#237;ses, una misma necesidad]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/25-cuando-el-mundo-no-se-pausa-con</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/25-cuando-el-mundo-no-se-pausa-con</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 21 Jun 2026 08:00:58 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!8VSt!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa07bb6c5-bf49-44ba-8977-f2578e571399_4032x3024.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p><span>**</span><em><span>Al final de esta historia me contradigo por completo.</span></em></p><div><hr></div><div><hr></div><p><span><br><br>El mundial de 2026 es el cuarto que vivimos fuera de Argentina.</span></p><p><span>El primero fue en 2014, cuando viv&#237;amos en Nueva Zelanda, en un pueblito llamado Cromwell perdido entre monta&#241;as, vi&#241;edos y &#225;rboles frutales. Trabaj&#225;bamos cosechando uvas a unos quince kil&#243;metros del centro y, como si eso no fuera suficiente aislamiento, en aquella &#233;poca las telecomunicaciones todav&#237;a ten&#237;an algo de aventura. No ten&#237;amos wifi en la casa donde viv&#237;amos ni datos m&#243;viles que alcanzaran para mucho. De hecho, durante buena parte de ese a&#241;o compart&#237;amos un &#250;nico tel&#233;fono celular y una tablet que ya entonces parec&#237;a estar haciendo un esfuerzo heroico por seguir funcionando.</span></p><p><span>Cuando empez&#243; el mundial de Brasil 2014 descubrimos que en el centro del pueblo hab&#237;a una cabina telef&#243;nica que ofrec&#237;a wifi gratuito. Gratuito es una forma elegante de decir que a veces funcionaba y a veces no. Durante los partidos de la fase de grupos nos sent&#225;bamos, de madrugada, cerca de esa cabina intentando enganchar alguna transmisi&#243;n pirata. Si la suerte estaba de nuestro lado, consegu&#237;amos imagen. Si no, nos conform&#225;bamos con alg&#250;n relato de radio argentina que llegaba entrecortado desde el otro lado del planeta.</span></p><p><span>Recuerdo perfectamente la sensaci&#243;n de estar escuchando un partido de la selecci&#243;n nacional rodeada de monta&#241;as neozelandesas, con fr&#237;o, con sue&#241;o y con una conexi&#243;n tan inestable que cada gol tardaba varios segundos en confirmarse.</span></p><p><span>Despu&#233;s vinieron los mundiales de 2018 y 2022, ambos en Dinamarca. Para entonces nuestra vida migrante hab&#237;a acumulado algunas comodidades impensadas durante aquellos a&#241;os de Nueva Zelanda. Ten&#237;amos internet estable, televisores grandes, amigos argentinos con quienes compartir los partidos y la posibilidad de organizar reuniones sin depender de una cabina telef&#243;nica en medio de la nada.</span></p><p></p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p></p><p><span>Ahora estamos en M&#225;laga.</span></p><p><span>Y aunque cada mundial es distinto, descubr&#237; que sigo llegando a cada uno con la misma ingenuidad: la de creer que el resto del mundo vive el f&#250;tbol de una manera parecida a como lo vivimos nosotros.</span></p><p><span>Espa&#241;a llegaba a este mundial como campeona de Europa. Los diarios deportivos llevaban meses hablando de la selecci&#243;n. Los programas de televisi&#243;n analizaban convocatorias, lesiones y posibles esquemas t&#225;cticos. Yo daba por hecho que el debut iba a paralizar el pa&#237;s.</span></p><p><span>Imaginaba bares explotados de gente, calles vac&#237;as, oficinas trabajando a media m&#225;quina y conversaciones monopolizadas por el partido. Pensaba en una especie de pausa colectiva, ese fen&#243;meno que en Argentina sucede casi naturalmente cuando juega la selecci&#243;n en un mundial.</span></p><p><span>El lunes 15 de junio Espa&#241;a debut&#243; contra Cabo Verde a las siete de la tarde. Justo cuando terminaba el primer tiempo, yo me sub&#237; a un colectivo en la playa La Caleta para volver a casa.</span></p><p><span>Y pas&#243; algo totalmente inesperado para m&#237;: la ciudad sigui&#243; su ritmo normal de lunes.</span></p><p><span>Mir&#233; por la ventana esperando encontrar alguna se&#241;al de que el pa&#237;s estaba pendiente del partido. Alg&#250;n grupo amontonado frente a una pantalla. Un bar rebalsado de camisetas rojas. Un gol celebrado al un&#237;sono desde balcones y terrazas.</span></p><p><span>No encontr&#233; nada de eso.</span></p><p><span>La gente caminaba por la calle como cualquier otro lunes. Los negocios segu&#237;an abiertos. Los colectivos circulaban normalmente. Los turistas segu&#237;an sac&#225;ndose fotos. Los autos respetaban los sem&#225;foros con la misma disciplina de siempre.</span></p><p><span>Por un momento llegu&#233; a pensar que tal vez el partido ya hab&#237;a terminado. Despu&#233;s pens&#233; que quiz&#225;s me hab&#237;a confundido de horario. Hasta revis&#233; el tel&#233;fono para asegurarme de que efectivamente Espa&#241;a estaba jugando su primer partido en el mundial.</span></p><p><span>Espa&#241;a y Cabo Verde empataban cero a cero. M&#225;laga sigui&#243; de largo.</span></p><p><span>Lo curioso es que, mientras observaba esa absoluta normalidad, yo ya estaba pensando en el debut de Argentina, programado para dos d&#237;as despu&#233;s.</span></p><p><span>Nos tocaba jugar contra Argelia a las tres de la madrugada de Espa&#241;a. Un horario objetivamente absurdo. Sin embargo, todas las personas argentinas que conozco estaban organizando su semana alrededor de ese partido. Hab&#237;a quienes pensaban dormir una siesta estrat&#233;gica durante la tarde. Otros planeaban acostarse temprano y poner varias alarmas. Algunos ya debat&#237;an d&#243;nde verlo. Los grupos de WhatsApp recuperaban una actividad fren&#233;tica que solo aparece durante los mundiales.</span></p><p><span>Nadie parec&#237;a considerar seriamente la posibilidad de verlo en diferido al d&#237;a siguiente. La selecci&#243;n argentina juega un mundial y, de alguna manera dif&#237;cil de explicar, sentimos la necesidad de estar ah&#237;.</span></p><p><span>El mi&#233;rcoles a las tres de la madrugada, Juan y yo estamos en el sill&#243;n con un mate, los ojos hinchados, la casa a oscuras salvo por la luz de la tele. Es un horario que no tiene ning&#250;n sentido para nadie que no sea argentino, y, sin embargo, ah&#237; estamos, despiertos por elecci&#243;n, cebando mate como si fueran las cuatro de la tarde en Buenos Aires. El tel&#233;fono no para de vibrar: historias de Instagram, memes, fotos de mates de otras casas, capturas de pantalla, comentarios en tiempo real. Un peque&#241;o ej&#233;rcito de personas dispersas por distintos pa&#237;ses que comparte exactamente la misma falta de sue&#241;o.</span></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!8VSt!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa07bb6c5-bf49-44ba-8977-f2578e571399_4032x3024.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!8VSt!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa07bb6c5-bf49-44ba-8977-f2578e571399_4032x3024.jpeg 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!8VSt!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa07bb6c5-bf49-44ba-8977-f2578e571399_4032x3024.jpeg 848w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!8VSt!,w_1272,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa07bb6c5-bf49-44ba-8977-f2578e571399_4032x3024.jpeg 1272w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!8VSt!,w_1456,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa07bb6c5-bf49-44ba-8977-f2578e571399_4032x3024.jpeg 1456w" sizes="100vw"><img src="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!8VSt!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa07bb6c5-bf49-44ba-8977-f2578e571399_4032x3024.jpeg" width="1456" height="1092" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/a07bb6c5-bf49-44ba-8977-f2578e571399_4032x3024.jpeg&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:1092,&quot;width&quot;:1456,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:3339249,&quot;alt&quot;:null,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/i/202836352?img=https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa07bb6c5-bf49-44ba-8977-f2578e571399_4032x3024.jpeg&quot;,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!8VSt!,w_424,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa07bb6c5-bf49-44ba-8977-f2578e571399_4032x3024.jpeg 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!8VSt!,w_848,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa07bb6c5-bf49-44ba-8977-f2578e571399_4032x3024.jpeg 848w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!8VSt!,w_1272,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa07bb6c5-bf49-44ba-8977-f2578e571399_4032x3024.jpeg 1272w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!8VSt!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fa07bb6c5-bf49-44ba-8977-f2578e571399_4032x3024.jpeg 1456w" sizes="100vw" loading="lazy"></picture><div class="image-link-expand"><div class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image"><svg role="img" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><title></title><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><p></p><p><span>Argentina gana 3 a 0. El resto del d&#237;a transcurre con la agradable sensaci&#243;n de haber hecho algo completamente irracional pero necesario.</span></p><p><span>Supongo que eso es lo que m&#225;s me sigue sorprendiendo despu&#233;s de tantos a&#241;os viviendo afuera. Migrar te ense&#241;a a aceptar que las cosas pueden hacerse de maneras muy distintas, y con el tiempo la mayor&#237;a de esas diferencias dejan de parecerte extra&#241;as. Pero cada tanto aparece algo que te recuerda desde d&#243;nde segu&#237;s mirando el mundo.</span></p><p><span>Yo realmente esperaba que Espa&#241;a se detuviera durante noventa minutos porque crec&#237; en un pa&#237;s donde eso ocurre. Crec&#237; viendo c&#243;mo los cumplea&#241;os se reprogramaban, las reuniones se postergaban y las ciudades modificaban su ritmo alrededor de un partido.</span></p><p><span>Quiz&#225;s los espa&#241;oles tambi&#233;n est&#233;n ilusionados. Quiz&#225;s simplemente no necesitan demostrarlo de la misma manera.</span></p><p><span>Mientras escribo esto pienso en aquella cabina telef&#243;nica de Cromwell donde intent&#225;bamos escuchar relatos argentinos con una conexi&#243;n imposible. Pienso en los mundiales daneses, en los amigos que fueron apareciendo en el camino. Pienso en este mate cebado a las tres de la madrugada en un sill&#243;n de M&#225;laga.</span></p><p><span>Han cambiado los pa&#237;ses, las ciudades, los husos horarios. Lo que no cambi&#243; es esa sensaci&#243;n visceral de que cuando juega Argentina est&#225; pasando algo importante, as&#237; sea de madrugada, as&#237; sea a diecisiete mil kil&#243;metros de casa, as&#237; la ciudad entera siga de largo.</span></p><div><hr></div><div><hr></div><p>Si llegaste hasta ac&#225;, gracias. </p><div><hr></div><p>** <em>Esta historia fue escrita el s&#225;bado 20 de junio, por la ma&#241;ana. Ese mismo d&#237;a, por la noche, el M&#225;laga CF ascendi&#243; a primera divisi&#243;n, y toda la devoci&#243;n que me falt&#243; encontrar en la afici&#243;n por la selecci&#243;n espa&#241;ola se hizo presente por el equipo local de la ciudad de M&#225;laga. Ac&#225; pueden ver un enlace del mism&#237;simo <a href="https://www.instagram.com/reel/DZ0uY7tuHIx/?utm_source=ig_web_copy_link&amp;igsh=NTc4MTIwNjQ2YQ==">Antonio Banderas</a>. </em></p><p><em>Dato de color (literal): la camiseta del M&#225;laga es celeste y blanca&#8230; &#191;Elegimos creer?</em></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#24. Mi amor, la libertad no es fantástica]]></title><description><![CDATA[Un duelo colectivo fuera de contexto]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/24-mi-amor-la-libertad-no-es-fantastica</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/24-mi-amor-la-libertad-no-es-fantastica</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 07 Jun 2026 08:00:11 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/9388de59-31ff-43f6-84c4-7d6d96ae2549_4032x3024.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>&#8212;A partir de ma&#241;ana, te va a buscar tu hermano a la salida de la escuela &#8212;sentencia mi pap&#225;.</p><p>Me resulta rar&#237;simo porque ya tengo doce a&#241;os y desde los ocho aprend&#237; a volver sola a mi casa en el colectivo amarillo que me puedo tomar frente a la puerta de la escuela.</p><p>&#8212;&#191;Por qu&#233;, pa? Si nunca me va a buscar nadie.</p><p>&#8212;Porque el viernes hay un recital muy grande en el estadio y la ciudad ya desde hoy se est&#225; llenando de gente pesada &#8212;me explica mi mam&#225;, mientras estamos todos desayunando un t&#233; con leche y unas galletitas antes de comenzar nuestras rutinas de escuela y trabajo.</p><p><em>&#191;Qu&#233; ser&#225; gente pesada? Me imagino personas con sobrepeso, con panzas gigantes. Me imagino al jefe Gorgory, de los Simpson. &#191;Qu&#233; peligro podr&#237;a vivir yo volviendo sola de la escuela frente a un panz&#243;n que no puede correr ni un metro?</em></p><p>Es el a&#241;o 1997, voy a s&#233;ptimo grado. Mis hermanos est&#225;n cursando el &#250;ltimo a&#241;o de la secundaria y, como sucede desde que nac&#237;, son mis guardaespaldas.</p><p>Miro el reloj que da las 7:03. Tengo siete minutos para salir de casa y llegar a la parada del colectivo. Me pongo el guardapolvo blanco, la campera, la bufanda y los guantes. Luego, la mochila.</p><p>Mi hermano Mati me dice que no me apure tanto porque hoy me lleva &#233;l en la bici hasta la escuela. Raro, pero qu&#233; divertido.</p><p>Cuando salimos, a las 7:15 el aire helado de la ma&#241;ana tandilense nos cachetea la cara. Nos subimos las bufandas hasta la altura de la nariz en un movimiento tan coordinado que parece de coreograf&#237;a. Pasamos por la placita del barrio y vemos que el pasto est&#225; completamente blanco. Aunque estemos en octubre, las heladas nocturnas de este microclima siguen firmes.</p><p>&#8212;&#191;De qui&#233;n es el recital? &#8212;le pregunto a Mati.</p><p>&#8212;&#191;Eh? Hablame fuerte que no te escucho nada &#8212;Mati responde alzando la voz.</p><p>&#8212;QUE DE QUI&#201;N ES EL RECITAL QUE DIJO MAM&#193; &#8212;le pregunto lo m&#225;s fuerte que puedo.</p><p>&#8212;De Los Redondos &#8212;me dice.</p><p><em>Uno m&#225;s uno es dos, pienso. Viene gente pesada porque seguro que los m&#250;sicos tambi&#233;n tienen sobrepeso. &#8220;Los Redondos&#8221; es un gran nombre de banda para un grupo de personas barrigonas, deduzco.</em></p><p>&#8212;---------------------------------------------------------------------</p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p></p><p>A mediados de 1999, conozco a un chico en un cumplea&#241;os de quince. Yo con catorce y &#233;l con diecis&#233;is. No frecuent&#225;bamos ning&#250;n lugar en com&#250;n, y, de no haber sido por aquellas fiestas que compartimos, dudo que nos hayamos conocido. Nos encontramos en 4 fiestas consecutivas entre noviembre de 1999 y enero de 2000. La atracci&#243;n adolescente es instant&#225;nea.</p><p>&#201;l no para de hablarme de su banda favorita: Los Redondos. Para esta altura, ya aprend&#237; que se refiere a Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota. Yo no conozco su m&#250;sica, todav&#237;a estoy en la transici&#243;n musical entre ser una ni&#241;a Reina Reech/Cris Morena, los Backstreet Boys y todo el abanico popero de principios de los dos mil.</p><p>&#201;l me dice que tengo que escuchar una canci&#243;n que se llama <em>El pibe de los astilleros</em>. Pero que la escuche bien, que preste atenci&#243;n a la letra, que hay una parte que dice no s&#233; qu&#233; de las minitas. Quiero decirle que yo no soy minita, pero no encuentro argumentos porque ni siquiera s&#233; de qu&#233; me habla. Siento la necesidad de conocer todo lo que pueda para parecer m&#225;s <em>cool</em> la pr&#243;xima vez que lo vea.</p><p>Luego de la primera fiesta, vuelvo a mi casa con la convicci&#243;n de estudiar la m&#250;sica de Los Redondos. Por suerte, mi pap&#225; es muy musiquero y tiene una biblioteca repleta de CD con m&#250;sica muy variada que yo no conozco tanto. Recorro las estanter&#237;as con la vista y veo tres discos que tienen las letras PR y una coronita por encima. Los saco y me dispongo a escucharlos con mucha atenci&#243;n.</p><p>El primer disco que escucho se llama La mosca y la sopa. Lo elijo porque tiene la canci&#243;n que me recomend&#243; el chico. Los otros dos discos quedan relegados para m&#225;s tarde: Luz Belito, porque tiene una imagen de portada que me da un poco de miedo; y Lobo Suelto Volumen 2 porque tiene una imagen de tapa que se me antoja igual a un oso hormiguero y que tampoco me gusta nada.</p><p>Me paso un fin de semana completo escuchando esos tres discos todo el d&#237;a. Hay una oscuridad en la m&#250;sica de algunas canciones que me genera rechazo, e igualmente no puedo parar de escuchar. Entiendo poco de las letras, a decir verdad, pero no me importa. De vez en cuando me cae la ficha de alguna frase, como esa de &#8220;<em>las minitas aman los payasos y la pasta de campe&#243;n&#8221;</em>. Me da bronca que sea verdad, aunque jam&#225;s lo admito en voz alta.</p><p>Quiero elegir una canci&#243;n que sea poco conocida para poder hablarle al chico y que no parezca que solo escuch&#233; los hits. Pienso en una que me atraves&#243; el cuerpo cuando la escuch&#233; por primera vez y que, para siempre, se convertir&#225; en mi caballito de batalla para hablar de <em>hits no tan hits</em> de Los Redondos: <em><a href="https://youtu.be/uA3RqZrwnog?si=jbVTZc4cwu5aGop2">Blues de la libertad</a></em>, el tema n&#250;mero seis de Luz Belito.</p><p>Nunca m&#225;s volv&#237; a ver al chico despu&#233;s de aquel enero del dos mil. Por suerte y gracias a &#233;l, esa m&#250;sica me qued&#243; adentro. Se instal&#243; en un lugar profundo que ni yo misma sab&#237;a que exist&#237;a.</p><p>&#8212;---------------------------------------------------------------------</p><p></p><p>5 de mayo de 2026, M&#225;laga.</p><p>El mensaje de mi mam&#225; llega a las 15 horas mientras estoy en videollamada con una mujer argentina a quien no conozco, pero que me pidi&#243; ayuda con unos datos para su tesis de maestr&#237;a. Veo un texto breve por WhatsApp, sin pre&#225;mbulo: <em>Se muri&#243; el Indio Solari</em>.</p><p>Lo leo en el medio de una oraci&#243;n que estaba diciendo y me quedo muda. Le digo a la chica:</p><p>&#8212;Che, me acaba de avisar mi mam&#225; que se muri&#243; el Indio.</p><p>Ella suelta un nooooooo muy largo, de esos que no son pregunta. Se le desencaja la mand&#237;bula de lo mucho que abre la boca. Se tapa la cara con las manos y yo la imito. Nos quedamos en silencio mirando la pantalla unos minutos, como si hubiera que hacer algo y ninguna de las dos supiera qu&#233;. Despu&#233;s, casi sin planificarlo, nos empezamos a contar: ella d&#243;nde lo vio, yo c&#243;mo llegu&#233; a la banda, las dos construyendo un peque&#241;o ritual de emergencia con una desconocida porque es lo &#250;nico disponible.</p><p>Cuando concluimos la charla, llamo a mi mam&#225;. Hablamos de la noticia como se habla de estas cosas: con esa mezcla de incredulidad y de &#8220;algo sab&#237;amos que iba a pasar&#8221;. Despu&#233;s cuelgo y abro los portales de medios argentinos en la compu y las redes sociales en mi tel&#233;fono. Los necesito. Necesito ver que en Argentina est&#225; pasando algo, que hay gente que est&#225; parada en la misma orilla que yo aunque est&#233;n a diez mil kil&#243;metros.</p><p>Juan est&#225; trabajando hasta tarde y no puedo compartir la noticia con &#233;l en este momento.</p><p>La tarde en M&#225;laga sigue igual que antes: el mismo sol, el mismo ruido de la calle, los mismos vecinos. Afuera no pas&#243; nada. Ac&#225; no hay ritual posible. No hay d&#243;nde poner este dolor colectivo.</p><p>&#8212;---------------------------------------------------------------------</p><p>Pienso que este es un momento que voy a recordar para siempre. El t&#237;pico &#8220;te acord&#225;s d&#243;nde estabas o qu&#233; estabas haciendo cuando te enteraste de _____________ (inserte tragedia/alegr&#237;a colectiva aqu&#237;)&#8221;. Como cuando falleci&#243; Maradona en 2020 y estuvimos con Juan llorando tres d&#237;as seguidos en la soledad de nuestra casa en Dinamarca. Cuando Argentina perdi&#243; la final del mundial 2014 y nosotros vimos el partido en una iglesia de Queenstown, Nueva Zelanda, en la cual un cura brasilero transmit&#237;a todos los partidos en pantalla gigante. Cuando Estela de Carlotto encontr&#243; a su nieto en agosto de 2014 y nosotros est&#225;bamos saliendo de trabajar en un vi&#241;edo en Cromwell. Cuando falleci&#243; el flaco Spinetta en 2012 y me enter&#233; porque una amiga me mand&#243; un SMS que dec&#237;a: &#8220;Gorda, me duele el alma&#8221;, mientras yo pisaba por primera vez el Parque Nacional Los Glaciares, en Santa Cruz.</p><p>Ser inmigrante significa, entre otras cosas, que los momentos que te marcan para siempre suceden en lugares que no tienen nada que ver con lo que est&#225;s sintiendo. El mundo donde viv&#237;s sigue girando a su propio ritmo mientras vos est&#225;s partida en dos: una mitad ac&#225;, presente en el cuerpo, y la otra mitad cruzando el oc&#233;ano a buscar a tu gente.</p><p>El duelo colectivo necesita cuerpos juntos. Necesita abrazos torpes, llamadas que duran horas, juntarse a escuchar m&#250;sica aunque no haya nada que decir. Necesita el ritual, que es otra forma de decir: necesita que otros confirmen que lo que sent&#237;s es real y que no lo est&#225;s sintiendo sola. Cuando ese ritual no existe, el dolor queda suspendido en el aire, sin forma, sin d&#243;nde aterrizar. No es devastador aunque s&#237; es raro. El dolor de estar siempre un poco afuera del marco, mirando desde la ventana una escena en la que deber&#237;as estar adentro.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#La violencia de los favores]]></title><description><![CDATA[Hay personas que ayudan solamente para recordarte que depend&#233;s de ellas]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/la-violencia-de-los-favores</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/la-violencia-de-los-favores</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 24 May 2026 08:00:59 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/258e59ed-aa6d-413e-a011-69293efc5fe4_1170x1167.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay algo del mandato de ser siempre la persona razonable que &#250;ltimamente me viene agotando. Esa necesidad de responder con calma, de entender los grises, de mantener cierta compostura incluso cuando alguien est&#225; siendo profundamente injusto con vos. A veces quisiera reaccionar peor. Decir exactamente lo que pienso. Dejar de intentar traducir cada enojo en una reflexi&#243;n madura para volverlo socialmente aceptable.</p><p>Hace dos meses atravesamos una situaci&#243;n que, en t&#233;rminos pr&#225;cticos, ya termin&#243;. Ya estamos instalados en el departamento nuevo, la mudanza qued&#243; atr&#225;s y probablemente no volvamos a cruzarnos con nuestra antigua propietaria. Sin embargo, todav&#237;a hay algo de todo eso que me sigue haciendo ruido. No por la mudanza en s&#237;, ni siquiera por el estr&#233;s log&#237;stico, sino por esa sensaci&#243;n inc&#243;moda de descubrir c&#243;mo algunas personas usan la &#8220;buena voluntad&#8221; como una forma elegante de ejercer poder.</p><p></p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p></p><p></p><p>Todo empez&#243; con una frase.</p><p>&#8212;Vosotros sab&#233;is muy bien que os estoy haciendo un favor.</p><p>La propietaria de nuestro primer departamento en M&#225;laga la repiti&#243; varias veces durante la misma conversaci&#243;n. No era solamente lo que dec&#237;a, sino el tono. Esa manera de instalar la idea de que nosotros deb&#237;amos sentirnos agradecidos, casi en deuda, cuando en realidad hab&#237;amos hecho todo de la forma m&#225;s prolija posible.</p><p>Cuando nos mudamos a ese piso, hab&#237;amos firmado un contrato temporal de once meses, hasta el 31 de mayo de 2026. Los alquileres temporales en Espa&#241;a funcionan as&#237;: no suelen tener cl&#225;usulas de rescisi&#243;n porque la l&#243;gica es que cumplas el per&#237;odo completo. Nosotros lo sab&#237;amos desde el principio. Tambi&#233;n sab&#237;amos que no quer&#237;amos llegar al verano buscando alquiler en M&#225;laga porque la ciudad entra en esa din&#225;mica donde todo parece dise&#241;ado para turistas y encontrar vivienda se vuelve una competencia absurda. As&#237; que empezamos a buscar otro lugar con tiempo.</p><p>En enero le avisamos a la propietaria que probablemente nos mudar&#237;amos antes. Le explicamos que, si el precio del alquiler segu&#237;a igual (1200 eurazos m&#225;s gastos), &#237;bamos a empezar a buscar otras opciones. Ella reaccion&#243; con total tranquilidad. Nos dijo que no hab&#237;a problema, que apenas encontr&#225;ramos algo le avis&#225;ramos y que resolver&#237;amos todo sin inconvenientes. Recuerdo incluso haber sentido alivio despu&#233;s de esa conversaci&#243;n, como cuando una situaci&#243;n potencialmente inc&#243;moda termina siendo mucho m&#225;s simple de lo esperado.</p><p>Con un <em>timing</em> de otro planeta, apareci&#243; el nuevo departamento. Antonia, la propietaria, nos dijo que pod&#237;amos ingresar a partir del 1 de abril porque todav&#237;a estaba terminando de vaciar el piso y quer&#237;a entregarlo en condiciones. La fecha nos cerraba perfecto. Entonces avisamos que dejar&#237;amos el departamento el 31 de marzo.</p><p>Y ah&#237; algo cambi&#243;.</p><p>Nuestra primera propietaria hab&#237;a encontrado a alguien interesado en entrar el 22 de marzo, nueve d&#237;as antes de nuestra salida. Primero pregunt&#243; si pod&#237;amos adelantar la mudanza. Le explicamos que no depend&#237;a de nosotros, que el otro piso todav&#237;a no estaba listo y que simplemente hab&#237;a tiempos ajenos que respetar. Parec&#237;a entenderlo.</p><p>Hasta que dej&#243; de entenderlo.</p><p>Empezaron las llamadas, las insistencias, los mensajes que intentaban disfrazar presi&#243;n de cordialidad. Recuerdo especialmente una conversaci&#243;n con Juan en la que ella volvi&#243; a repetir que nos estaba &#8220;haciendo el favor&#8221; de dejarnos ir antes del final del contrato. Y ah&#237; entend&#237; que la conversaci&#243;n ya no giraba alrededor de coordinar fechas: giraba alrededor de recordarnos qui&#233;n ten&#237;a las herramientas legales de su lado.</p><p>Porque t&#233;cnicamente pod&#237;a obligarnos a cumplir el contrato completo. Pod&#237;a exigirnos los dos meses restantes de alquiler. Y aunque probablemente no quisiera llegar tan lejos, alcanzaba con que la posibilidad existiera para que toda la conversaci&#243;n se sintiera inclinada hacia un solo lado, como esas mesas mal apoyadas que parecen estables hasta que intent&#225;s apoyar el peso de un vaso con agua.</p><p>Lo que m&#225;s me impact&#243; no fue siquiera la amenaza impl&#237;cita, sino la facilidad con la que alguien puede transformar un acuerdo hablado en una especie de deuda moral. Nosotros hab&#237;amos avisado con meses de anticipaci&#243;n justamente para darle tiempo de reorganizarse. Nunca dejamos de pagar, nunca cambiamos condiciones a &#250;ltimo momento, nunca actuamos de mala fe. Sin embargo, de pronto la narrativa parec&#237;a ser que ella estaba siendo generosa y nosotros no est&#225;bamos colaborando lo suficiente.</p><p>El punto m&#225;ximo lleg&#243; cuando consigui&#243; el tel&#233;fono de Antonia y la llam&#243; directamente para convencerla de que nos dejara entrar antes al nuevo departamento. Antonia despu&#233;s nos cont&#243; que estuvo un buen rato intentando explicarle por qu&#233; todav&#237;a necesitaba esos d&#237;as para terminar de preparar el piso. Y mientras escuchaba toda esa historia no pod&#237;a dejar de pensar en lo desproporcionado de la situaci&#243;n: toda esa maquinaria emocional puesta en marcha por nueve d&#237;as de diferencia.</p><p>Nueve d&#237;as.</p><p>Hay algo muy particular en las experiencias migrantes que tiene que ver con vivir, casi permanentemente, dependiendo de la buena voluntad ajena. Del propietario que decide no complicarte las cosas. Del funcionario que ese d&#237;a tiene paciencia. Del empleador que interpreta tus papeles con flexibilidad. Uno aprende r&#225;pido que muchas veces tener raz&#243;n no alcanza demasiado cuando la otra persona tiene m&#225;s margen de maniobra que vos.</p><p>Creo que por eso la frase &#8220;les estoy haciendo un favor&#8221; me qued&#243; resonando tanto tiempo despu&#233;s. Porque entend&#237; que no hablaba de generosidad. Hablaba de poder. De esa capacidad de alguien para recordarte, de manera sutil y perfectamente educada, que podr&#237;a convertir tu vida en algo mucho m&#225;s dif&#237;cil si quisiera.</p><p></p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/la-violencia-de-los-favores?utm_source=substack&utm_medium=email&utm_content=share&action=share&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Compartir&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/la-violencia-de-los-favores?utm_source=substack&utm_medium=email&utm_content=share&action=share"><span>Compartir</span></a></p><p></p><p></p><p>Al final nos mudamos el 22 de marzo. Durante esos d&#237;as vivimos entre cajas, estr&#233;s y llamados inc&#243;modos, pero tambi&#233;n descubrimos algo que termin&#243; qued&#225;ndose mucho m&#225;s conmigo que toda la bronca anterior: mientras una persona hac&#237;a todo lo posible por tensar la situaci&#243;n, otra hac&#237;a exactamente lo contrario.</p><p>Porque Antonia podr&#237;a haberse lavado las manos. Podr&#237;a habernos dicho que esper&#225;ramos al 1 de abril y listo. En cambio aceler&#243; la mudanza, reorganiz&#243; sus cosas y nos ayud&#243; a destrabar un problema que ni siquiera era suyo.</p><p>Y creo que ah&#237; est&#225;, quiz&#225;s, la &#250;nica conclusi&#243;n que me deja un poco menos cansada del mundo: que por cada persona que entiende los v&#237;nculos como una forma de control, todav&#237;a aparece otra capaz de entenderlos como una oportunidad para aliviarle el peso a alguien m&#225;s.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#22. En este lugar del mundo, nadie entiende por qué estoy así ]]></title><description><![CDATA[Cr&#243;nicas migratorias, drama futbolero y emociones completamente desmedidas]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/22-en-este-lugar-del-mundo-nadie</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/22-en-este-lugar-del-mundo-nadie</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 17 May 2026 08:02:02 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/4b0a6f42-f07a-4036-8573-2251a4f9ef8a_4032x3024.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay textos que una escribe sabiendo exactamente por qu&#233; existen.<br>Y hay otros que se entienden reci&#233;n a&#241;os despu&#233;s.</p><p style="text-align: justify;">El relato que abre <em>C&#237;clica</em> pertenece bastante a esa segunda categor&#237;a.</p><p style="text-align: justify;">Lo escrib&#237; pensando que estaba hablando sobre f&#250;tbol, sobre el mundial, sobre Messi, sobre Argentina vista desde lejos. Despu&#233;s entend&#237; que en realidad estaba escribiendo sobre algo mucho m&#225;s inc&#243;modo: la sensaci&#243;n de extranjer&#237;a. Esa experiencia rar&#237;sima de estar rodeada de gente y sentir, de golpe, que nadie termina de entender del todo qu&#233; te pasa por dentro.</p><p style="text-align: justify;">Nunca sufr&#237; tanto un partido como el debut contra Arabia Saudita en Qatar 2022. O mejor dicho: nunca me sorprendi&#243; tanto la dimensi&#243;n emocional que pod&#237;a tener algo que, t&#233;cnicamente, es solo un deporte.</p><p style="text-align: justify;">Este fragmento pertenece al primer cap&#237;tulo de <em>C&#237;clica</em>.<br>Y creo que resume bastante bien el tipo de historias que hay en el libro: situaciones cotidianas que terminan abriendo preguntas mucho m&#225;s grandes sobre identidad, migraci&#243;n, nostalgia y pertenencia.</p><p style="text-align: justify;">(Adem&#225;s, si sobreviviste emocionalmente a Qatar 2022, probablemente entiendas perfectamente de qu&#233; estoy hablando).</p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Gracias por leer. Te invito a suscribirte gratis con dejando tu email debajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><div><hr></div><p style="text-align: justify;"></p><p style="text-align: justify;">Creo que todos guardamos en nuestros corazones una pel&#237;cula que nos devuelve a la infancia como si fuera una c&#225;psula del tiempo. En mi caso no fue <em>Mi pobre angelito</em> ni <em>La sirenita</em>, sino <em>H&#233;roes</em>, la pel&#237;cula oficial del mundial de M&#233;xico &#8216;86. La ve&#237;a una y otra vez en el &#250;nico televisor que hab&#237;a en el cuarto de mi mam&#225; y mi pap&#225;, envuelta en las s&#225;banas, segura de que el f&#250;tbol era algo m&#225;s que un juego: era drama, gloria y pertenencia.</p><p style="text-align: justify;">Tal vez por eso, aunque hayan pasado d&#233;cadas, sigo esperando cada mundial con la misma ansiedad.</p><p style="text-align: justify;">Este a&#241;o el mundial de f&#250;tbol se juega en diciembre; es un delirio pensar que va a terminar tan cerca de las fiestas. Es el tercer mundial que veo fuera de mi pa&#237;s y el segundo que me toca viviendo en Dinamarca. El anterior, el de Rusia, fue en junio. Recuerdo que como era verano, hab&#237;an montado unas pantallas gigantes en el centro de Aarhus para que todo el mundo pudiera ver los partidos. Tambi&#233;n recuerdo c&#243;mo un island&#233;s vino a gritarnos en la cara cuando el amateur arquero de su equipo (un odont&#243;logo que en aquel entonces viv&#237;a en un pueblo cerca de Aarhus) le ataj&#243; un penal a Messi.</p><p style="text-align: justify;">Este a&#241;o el mundial de f&#250;tbol se hace en Qatar. A medida que se va acercando la fecha pienso en lo mucho que me gustar&#237;a volver a ver un mundial en Argentina. El &#250;ltimo que vi all&#225; fue el de Sud&#225;frica, con el Diego como DT. En realidad, lo que me pasa &#250;ltimamente es que tengo m&#225;s ganas de volver el tiempo atr&#225;s que de ver otro mundial en Argentina. Quiero estar empezando la abominable EGB y que mis hermanos mayores hayan vuelto a casa desde sus respectivas ciudades universitarias, solo para ver c&#243;mo nos quedamos eliminados contra Holanda, y que mi hermano Juanma salga a la vereda y grite con todos sus pulmones como nunca m&#225;s en la vida lo escuch&#233; gritar: &#8220;&#161;Pasarella y la reputa que te pari&#243;!&#8221;. Quiero estar en el &#250;ltimo a&#241;o de la secundaria, salir al boliche con la camiseta de la selecci&#243;n y cantar la canci&#243;n que hoy en d&#237;a nos clava un pu&#241;al en el alma futbolera, pero que en aquel momento era un <em>hitazo</em>:</p><p style="text-align: justify;"><em>Eran otros tiempos,</em></p><p style="text-align: justify;"><em>era otra la historia,</em></p><p style="text-align: justify;"><em>no hab&#237;a medallas,</em></p><p style="text-align: justify;"><em>solo hambre de gloria.</em></p><p style="text-align: justify;">Si vuelvo hoy en d&#237;a no s&#233; qu&#233; me imagino que podr&#237;a pasar. &#191;Con qui&#233;n ver&#237;a los partidos? Mis amigas tienen menos f&#250;tbol que el teatro Col&#243;n. No las juzgo. Ellas dir&#225;n que yo tengo menos historia del arte, o menos normas ISO, o menos conocimiento de animales que una verduler&#237;a; lo cual es cierto. Seguramente los ver&#237;a con mi pap&#225;, porque mi mam&#225; se pone tan nerviosa que no los puede ni escuchar.</p><p style="text-align: justify;">El primer partido de este mundial se juega el 22 de noviembre, contra Arabia Saudita. Detesto que nos toquen rivales &#8220;f&#225;ciles&#8221; porque siempre hay un batacazo. Ellos no arriesgan nada: si ganan, hacen historia; si pierden, era lo que todo el mundo esperaba que sucediera.</p><p style="text-align: justify;">Unos amigos ofrecieron su casa para ver el partido ah&#237;. Como va a empezar a las 11 de la ma&#241;ana, pensamos en dejar todo listo para almorzar juntos cuando termine el evento.</p><p style="text-align: justify;">&#9;&#9;&#9;&#8212;----------------------------------------------------</p><p style="text-align: justify;">Mientras me visto, miro el tel&#233;fono y veo la fecha bien clarita: 22 de noviembre de 2022. Tengo tantos nervios que me cuesta desayunar, as&#237; que solo me tomo unos mates como para enga&#241;ar al est&#243;mago. Voy junto con Juan a la casa de nuestros amigos, en bici. Hace un fr&#237;o que nos hiela las manos y la cara, y esto s&#237; que me hace acordar a los mundiales en Argentina porque siempre caen en pleno invierno de all&#225;. Llegamos a lo de Tucu y Nef casi &#250;ltimos.</p><p style="text-align: justify;">Somos 10 personas vestidas de celeste y blanco plantadas delante de un televisor que nos devuelve im&#225;genes desde el estadio y relatos de periodistas argentinos. Una sola vez intentamos ver un partido con relatos en dan&#233;s y casi se nos apaga el alma, no solo por no entender lo que dec&#237;an, sino por la falta de emoci&#243;n en esas voces mon&#243;tonas. Excepto cuando consumen alcohol, en Dinamarca la gente no levanta la voz, no demuestra entusiasmo, no se emociona hasta las l&#225;grimas, no llama la atenci&#243;n. Ac&#225; los ni&#241;os no lloran a los gritos en lugares p&#250;blicos, los perros no ladran, los p&#225;jaros cantan con silenciador. Me pregunto si ser&#225; que lo reprimen o que de verdad no sienten nada. &#191;O ser&#225; que nosotros sentimos demasiado?</p><p style="text-align: justify;">De pie, cantamos el himno junto a los jugadores, casi como si fu&#233;ramos una extensi&#243;n de la formaci&#243;n de este equipo, concentrados, expectantes, con ganas de salir a comernos la cancha. Empieza a rodar la pelota y arranca la seguidilla de &#8220;&#161;vamos todav&#237;a!&#8221;, &#8220;&#161;no seas forro!&#8221;, &#8220;&#191;qu&#233; cobr&#225;s?&#8221;. Hay dos mates girando y yo ya no recuerdo cu&#225;l es el que me toca a m&#237;, as&#237; que agarro cualquiera que me ofrecen.</p><p style="text-align: justify;">Penal para Argentina en el minuto 10. Festejamos enloquecidos, aunque me parece apreciar miradas c&#243;mplices que confirman mi sospecha: fue un regalo del cielo. Gol de Messi para alivio y tranquilidad de todos. Se lo dedico en silencio al island&#233;s atrevido del mundial pasado.</p><p style="text-align: justify;">A lo largo del primer tiempo, el VAR nos anula 3 goles por posici&#243;n adelantada. En una de esas jugadas podr&#237;amos decir que la camiseta del jugador ten&#237;a tres hilos descosidos que quedaron en <em>offside</em>. En lo &#250;nico que puedo pensar es en que la tecnolog&#237;a le est&#225; robando al f&#250;tbol la poca humanidad, la poca picard&#237;a que le queda.</p><p style="text-align: justify;">En el segundo tiempo nos clavan dos golazos y perdemos 2-1 el partido debut de lo que todo el mundo considera que es el &#250;ltimo mundial de Messi.</p><p style="text-align: justify;">Me duele la panza como si tuviera 4 est&#243;magos; tengo un agujero en el pecho, pienso que capaz que el coraz&#243;n y los pulmones se me fueron para abajo y por eso me duele tanto la panza. Siento una desolaci&#243;n que solamente me atraviesa el cuerpo cada cuatro a&#241;os. Escucho que los periodistas hablan de estad&#237;sticas, de puntos, dicen cosas como &#8220;si ahora tal pierde con tal otro y Argentina gana por diferencia de (inserte aqu&#237; cantidad ins&#243;lita de goles), estamos clasificados tranquilos&#8221;. Escuchamos en silencio, devastados. Hasta que una de las chicas presentes dice:</p><p style="text-align: justify;">&#8212;Y bueno, esto es f&#250;tbol. Nos rompieron el culo bien roto. Es as&#237;. &#191;Empezamos a preparar el almuerzo?</p><p style="text-align: justify;">Tengo que reprimir el impulso de bajarle los dientes de una trompada. Agacho la cabeza, cuento mentalmente hasta diez, hago fuerza para abrir las manos que est&#225;n apretad&#237;simas en dos pu&#241;os. La vuelvo a observar y me doy cuenta de que nadie le contest&#243;, seguimos mudos tratando de digerir lo que acaba de pasar. Ella se levanta y se va a la cocina, seguida de otra de las chicas. Cuchichean, y me indigna percibir algunos sonidos de risas. &#191;De qu&#233; carajo se r&#237;en? No puedo estar ac&#225; un segundo m&#225;s sin putear a alguien. Es injusto que me desquite con ellas porque pueden tomarse esto como lo que t&#233;cnicamente es: un partido de f&#250;tbol. Para m&#237; significa tanto m&#225;s&#8230;</p><p style="text-align: justify;">El f&#250;tbol &#8212;sobre todo durante el mundial&#8212; constituye parte de mi identidad, de mi origen. Yo amo ser argentina a pesar de los miles de problemas que tiene mi pa&#237;s. Y durante el mundial ese amor se potencia, se expande, me inunda, es un orgullo que no me entra en el pecho. Me convierto en todo aquello de lo que, a veces, tambi&#233;n reniego de mi identidad patria: creo que somos los mejores del mundo, que qu&#233; me van a venir a contar a m&#237; estos europeos; que somos el ombligo del planeta y que c&#243;mo que no sab&#233;s qui&#233;n es Charly Garc&#237;a; que a mis abuelos les encantaba ir al centro de jubilados a bailar tango (&#191;acaso la &#250;ltima generaci&#243;n que bail&#243; tango?); que las Malvinas y que Per&#243;n y Mafalda; y todo en m&#237; se convierte en una ensalada de clich&#233;s nacionalistas de los que no me puedo mover. Recuerdo historias de d&#243;nde estaba o qu&#233; estaba haciendo desde el mundial 90 hasta el de hoy. Tengo grabado a fuego en mi memoria a los jugadores de todas esas selecciones llorando como ni&#241;os cada vez que se les escapaba la posibilidad de ganar la competencia. Desde que &#8220;le cortaron las piernas&#8221; a Diego, pasando por el cabezazo del burrito Ortega al arquero holand&#233;s; Batistuta agachado llorando luego del empate que nos dej&#243; afuera en primera ronda en Jap&#243;n; el penal que le atajaron al Cuchu Cambiasso contra el equipo local en Alemania; Maradona como DT abraz&#225;ndole la espalda al Kun Ag&#252;ero segundos antes de que el joven ingrese a la cancha inundada de vuvuzelas; Messi llorando cuando no le alcanz&#243; el coraz&#243;n para ganar la final en Brasil.</p><p style="text-align: justify;">Cualquier selecci&#243;n argentina en un mundial representa, para m&#237;, la posibilidad de revivir a los h&#233;roes que vi una y otra vez en aquella pel&#237;cula de mi infancia. Claro que, a excepci&#243;n de Juan, no hay manera de que alguna de estas personas con las que acabo de ver el primer partido de Qatar 2022 sepa el desamparo que a m&#237; me genera la remota posibilidad de quedar afuera de un mundial. Y pensar en eso me produce un dolor mucho m&#225;s profundo: en este lugar del mundo, en esta casa, en este momento que voy a recordar toda la vida, estoy con gente que, en realidad, no me conoce.</p><p style="text-align: justify;">No lo puedo soportar, &#191;c&#243;mo voy a poner cara de p&#243;ker y hablar de otra cosa? Me importa un huevo que me cuenten de sus trabajos, o de los problemas que tienen con sus <em>roommates</em> o que hagan chistes de mal gusto sobre la novia de De Paul o, mucho peor, sobre Maradona. En este momento, tengo la necesidad casi vital de devorarme todo lo que sucede en los medios de comunicaci&#243;n de mi pa&#237;s sin que nadie me diga nada. Me acerco hasta Juan  y le digo al o&#237;do que me voy. &#201;l asiente: sabe perfectamente que necesito estar sola. Sin despedirme de nadie, paso por la cocina y les digo a las chicas que no me siento bien y que me quiero ir a mi casa. Les sugiero que me cuenten para dividir los gastos aunque no me quede a comer. Me miran desconcertadas pero no les doy mucho tiempo de reacci&#243;n. Salgo al pasillo, me pongo las 80 capas de abrigo que me saqu&#233; cuando llegu&#233; y me voy sin decir una palabra m&#225;s.</p><p style="text-align: justify;">Para variar, en este pa&#237;s del orto est&#225; lloviendo otra vez.</p><p style="text-align: right;">[Fragmento de H&#233;roes. </p><p style="text-align: right;">Ariadna Tagliorette (2026) <em>C&#237;clica. Cr&#243;nicas migratorias para perderse (y encontrarse) en cada estaci&#243;n</em>. Potenica editora.]<em> </em></p><p style="text-align: justify;"></p><div><hr></div><p style="text-align: justify;"></p><p>Cada vez que releo este cap&#237;tulo vuelvo a sentir el fr&#237;o de esa bicicleta bajo la lluvia danesa y la angustia completamente irracional que me produjo perder un partido de f&#250;tbol a miles de kil&#243;metros de Argentina.</p><p>Supongo que migrar tambi&#233;n tiene algo de eso: de descubrir que ciertas cosas que parec&#237;an peque&#241;as en realidad sosten&#237;an partes enormes de tu identidad.</p><p><em>C&#237;clica</em> est&#225; lleno de historias as&#237;.<br>Historias sobre vivir afuera, sobre empezar de nuevo, sobre v&#237;nculos, idioma, culpa, nostalgia, amistades migrantes, duelo, humor y pertenencia.</p><p>Si este fragmento te reson&#243;, el libro entero te est&#225; esperando con ansiedad.</p><p>Y si ya lo le&#237;ste, me encantar&#237;a saber qu&#233; parte se te qued&#243; viviendo adentro despu&#233;s de cerrar la &#250;ltima p&#225;gina.</p><div><hr></div><blockquote><blockquote><p>Si quer&#233;s leer el libro, pod&#233;s conseguirlo a trav&#233;s de Amazon, haciendo clic en el bot&#243;n que sigue</p></blockquote><blockquote><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://www.amazon.es/dp/6316836058?ref=cm_sw_r_ffobk_cp_ud_dp_NH762DKY41QTA1YETECD&amp;ref_=cm_sw_r_ffobk_cp_ud_dp_NH762DKY41QTA1YETECD&amp;social_share=cm_sw_r_ffobk_cp_ud_dp_NH762DKY41QTA1YETECD&amp;bestFormat=true&quot;,&quot;text&quot;:&quot;en Amazon&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://www.amazon.es/dp/6316836058?ref=cm_sw_r_ffobk_cp_ud_dp_NH762DKY41QTA1YETECD&amp;ref_=cm_sw_r_ffobk_cp_ud_dp_NH762DKY41QTA1YETECD&amp;social_share=cm_sw_r_ffobk_cp_ud_dp_NH762DKY41QTA1YETECD&amp;bestFormat=true"><span>en Amazon</span></a></p></blockquote></blockquote><div><hr></div><p>Tambi&#233;n, dentro de Argentina, est&#225; disponible a trav&#233;s de la web de</p><p></p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://potenciaeditora.com/product/ciclica-ariadna-tagliorette/&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Potencia Editora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://potenciaeditora.com/product/ciclica-ariadna-tagliorette/"><span>Potencia Editora</span></a></p><div><hr></div><p>O, como en los viejos tiempos, me escrib&#237;s directamente a m&#237; porque tengo copias para enviar dentro de Espa&#241;a y en Argentina.</p><p><a href="https://www.instagram.com/matedekiwi/">Instagram (@matedekiwi</a>).</p><div><hr></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#21. Las historias que no quiero seguir contando]]></title><description><![CDATA[Hace poco le&#237; un libro de una escritora de viajes que hizo una traves&#237;a durante muchos meses por el continente africano.]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/21-las-historias-que-no-quiero-seguir</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/21-las-historias-que-no-quiero-seguir</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 10 May 2026 08:01:15 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!xtxv!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fbf1b4527-98f9-442d-a715-e4dd5885896c_225x224.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hace poco le&#237; un libro de una escritora de viajes que hizo una traves&#237;a durante muchos meses por el continente africano. La autora en cuesti&#243;n cuenta de un modo crudo, movilizante, desgarrador, una situaci&#243;n de abuso que sufri&#243; en un taxi en Egipto.</p><p>Ella viajaba con su pareja en el asiento trasero del veh&#237;culo. No recuerdo exactamente si el novio iba en el asiento de adelante y ella en el de atr&#225;s o si ambos iban detr&#225;s. La cuesti&#243;n fue que, en un momento dado, ella sinti&#243; que una mano ajena le acarici&#243; la pantorrilla. Lo coment&#243; en espa&#241;ol con su pareja y el pibe, intentando tranquilizarla, le dijo que qu&#233; raro, que capaz que fue la tira de la mochila o algo as&#237; que le roz&#243; la pierna y que ella <em>flashe&#243;</em>. La misma escena, casi calcada, se repiti&#243; a los pocos minutos.</p><p>Cuando llegaron a destino y se estaban bajando del coche (voy parafraseando y contando la an&#233;cdota como yo recuerdo haberla le&#237;do), el taxista, con un grado de impunidad espeluznante, le mand&#243; la mano abierta directamente a la vulva.</p><p>Gritos, insultos, ella lloraba, el novio patoteaba al conductor, gente que se acerc&#243; a ayudar, vino la polic&#237;a, quilombo en ingl&#233;s, quilombo en espa&#241;ol, quilombo en &#225;rabe, fin.</p><p>Esta situaci&#243;n marca muchas p&#225;ginas del libro bell&#237;simo que escribi&#243; esta autora. Habla mucho de la desprotecci&#243;n que vivimos las mujeres, incluso cuando estamos acompa&#241;adas por nuestras parejas; del trauma que generan estos momentos; de la credibilidad que siempre parece estar en duda; de la desolaci&#243;n que genera; de c&#243;mo el encuentro con otras mujeres siempre es refugio; de lo mucho que nos tenemos que cuidar. No es para nada un libro sobre un abuso: esta es una an&#233;cdota espantosa entre miles de historias hermosas que relata la autora.</p><p>Su novio (creo que ahora ex) tambi&#233;n es escritor de viajes. Y tambi&#233;n escribi&#243; un libro sobre aquella traves&#237;a. Lo compr&#233; hace poco porque me daba curiosidad ver c&#243;mo &#233;l contar&#237;a, desde su perspectiva, aquel hecho.</p><p>No lo menciona; ni siquiera dice al pasar que alguna vez tomaron un taxi en Egipto.</p><p style="text-align: center;">********</p><div><hr></div><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/21-las-historias-que-no-quiero-seguir?utm_source=substack&utm_medium=email&utm_content=share&action=share&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Compartir&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/21-las-historias-que-no-quiero-seguir?utm_source=substack&utm_medium=email&utm_content=share&action=share"><span>Compartir</span></a></p><div><hr></div><p>Mi amiga C trabaja hace dos a&#241;os en una empresa de alquileres tur&#237;sticos en la provincia de M&#225;laga. Su jefe es de un pa&#237;s n&#243;rdico.</p><p>C y su pareja empezaron a buscar un embarazo hace pocos meses, y para eso, se hicieron varios estudios m&#233;dicos de rutina. El m&#233;dico de la Seguridad Social le dijo al novio de C, casi palme&#225;ndolo en la espalda, que todo estaba bien y que le metiera para adelante con su funci&#243;n procreadora como el campe&#243;n que era. A ella, en cambio, la conden&#243; antes de abrir los resultados de los estudios: que por qu&#233; hab&#237;a esperado tanto tiempo, que todo era m&#225;s complicado pasados los 35 a&#241;os, que c&#243;mo no quiso tomar hormonas, que c&#243;mo pod&#237;a ser que tuvo una ITS en el 2010, que qu&#233; habr&#237;a andado haciendo porque eso no le agarraba a todas las chicas, que ahora iba a someter a su pobre novio a muchos meses de espera porque le iba a resultar muy dif&#237;cil la b&#250;squeda de ese beb&#233;.</p><p>C qued&#243; embarazada al primer intento.</p><p>Pasado el tiempo prudencial que se suele esperar para contar la noticia, se lo inform&#243; a su jefe n&#243;rdico. El tipo enloqueci&#243;. Le quiso cambiar el horario de su jornada laboral, las condiciones h&#237;bridas en las que ya trabajaba, le neg&#243; el aumento salarial que hab&#237;an pactado unas semanas antes, la presion&#243; para que firmara un nuevo contrato laboral. Cuando ella intentaba negociar el tipo le dec&#237;a que no a todo y que si no le gustaba ya sab&#237;a lo que ten&#237;a que hacer. Por tel&#233;fono, por email, por mensaje de texto, por WhatsApp, la &#250;nica respuesta que C ten&#237;a ante cualquier cambio impuesto era: &#8220;si no te gusta, renunci&#225;&#8221;.</p><p>C busc&#243; asesor&#237;a legal y se neg&#243; a todo.</p><p>Hoy transita el sexto mes de su embarazo con una baja laboral por estr&#233;s y riesgo que afecta directamente a su embarazo.</p><p style="text-align: center;">*******</p><p>Mi amiga P fue a una entrevista de trabajo esta primera semana de mayo de 2026, en M&#225;laga capital.</p><p>&#161;La ilusi&#243;n que a ella le generaba la oportunidad de volver a trabajar en lo suyo!</p><p>Para encantar a sus futuros empleadores, prepar&#243; una presentaci&#243;n en PowerPoint mostrando su <em>portfolio</em> laboral porque siempre es m&#225;s lindo que el trabajo de dise&#241;o se pueda apreciar visualmente y a trav&#233;s de un caminito narrado que explique el motivo del resultado final.</p><p>La citaron un poco lejos de la ciudad.</p><p>Ella lleg&#243; puntual al lugar del encuentro con toda su expectativa y esperanza. Toc&#243; timbre y no le respond&#237;a nadie. Insisti&#243; y nada. Le mand&#243; un mensaje educado al contacto que la hab&#237;a citado. La persona le respondi&#243; que ven&#237;a atrasado porque estaba en reuni&#243;n con su socio y un cliente y que mejor lo esperara en el bar de la esquina, que cuando terminara &#233;l la iba a buscar ah&#237;.</p><p>&#8220;Raro&#8221;, pens&#243; P, pero accedi&#243;.</p><p>Cuarenta minutos m&#225;s tarde, cuando P estaba por tirar la toalla y volverse a su casa, apareci&#243; el susodicho con el socio. Le dijeron que ya pod&#237;an ir a la oficina y se ofrecieron a pagarle lo que ella hab&#237;a consumido. Intercambiaron unas miradas con el due&#241;o del bar que a P le resultaron inc&#243;modas.</p><p>Cuando llegaron a la puerta que P no hab&#237;a podido atravesar en un principio, el socio se despidi&#243; y el due&#241;o qued&#243; solo con P. Le explic&#243; que en realidad no era el socio sino un alba&#241;il que trabajaba para &#233;l.</p><p>Ingresaron al edificio de dos pisos y subieron por una escalera iluminada con luces de ne&#243;n azules. Entraron a la dichosa oficina y P vio sobre el escritorio una computadora, cuatro o cinco tel&#233;fonos con el logo de la manzana a la vista, un par de vapeadores y muchos juegos de llaves.</p><p>P abri&#243; su computadora personal y, con un nudo de supervivencia instalado en el centro de su garganta, apur&#243; todo lo que pudo su discurso mientras explicaba cada paso de su presentaci&#243;n laboral. El due&#241;o se hab&#237;a plantado muy cerca de ella con la excusa de ver mejor lo que hab&#237;a en pantalla. Ella sinit&#243; el olor que emanaba de su aliento: caf&#233; mezclado con tabaco. P hablaba casi sin saber lo que estaba diciendo y el tipo se la com&#237;a con la mirada. Ella no se animaba a mirarlo, su vista solo rebotaba entre la pantalla y la puerta de salida. Concluida la presentaci&#243;n, intercambiaron dos o tres &#8220;formalidades&#8221; del puesto laboral y ella le dijo que ya se ten&#237;a que ir porque  estaba por empezar su turno de camarera en el centro. El hombre se ofreci&#243; a llevarla en su coche, pero P se neg&#243;. &#201;l insisti&#243; con diferentes excusas (no vas a llegar, los taxis no vienen hasta ac&#225;, no hay transporte p&#250;blico, mi coche es muy r&#225;pido, etc.), pero P se volvi&#243; a negar. &#201;l le ofreci&#243; contrato para el r&#233;gimen laboral que ella quisiera: a tiempo completo, a tiempo parcial, como aut&#243;noma. Pero que lo mejor ser&#237;a que se volvieran a encontrar en una cafeter&#237;a del centro al d&#237;a siguiente para seguir conversando. Que era una pena que se tuviera que ir porque con ella se quedar&#237;a hablando horas. P le dijo que ten&#237;a que pensarlo mejor y que ya se ten&#237;a que ir. El tipo volvi&#243; a insistir en llevarla cuando ya estaban en la vereda. P le dijo que no por vez n&#250;mero ocho mil, se despidi&#243; educadamente y sali&#243; de ah&#237;.</p><p>No supo bien por qu&#233; empez&#243; a llorar a los cien metros. La &#250;nica imagen mental que ten&#237;a era la de un le&#243;n relami&#233;ndose antes de devorar a su presa.</p><p style="text-align: center;">******</p><p>Una piba de un grupo de mujeres migrantes en M&#225;laga pregunt&#243; si era normal que para una entrevista de trabajo un tal Ricardo le ofreciera pasar a buscarla por su casa.</p><p style="text-align: center;">******</p><p>Cuando estudiaba en la universidad en La Plata, un tipo en bicicleta me persigui&#243; de cerca recit&#225;ndome una catarata de obscenidades que mi quer&#237;a hacer. Fren&#233; al primer transporte p&#250;blico que pas&#243; y me sub&#237; aterrada.</p><p style="text-align: center;">******</p><p>Un amigo me cont&#243; que cuando era adolescente, en el boliche, caminaban en fila con sus amigos detr&#225;s de una chica y alguno desde m&#225;s atr&#225;s le tocaba el culo para que la chica se diera vuelta y le pegara una cachetada al primero de la fila, sin saber si hab&#237;a sido el culpable del &#8220;chiste&#8221; o no. Ellos se part&#237;an de risa. Yo, a d&#237;a de hoy, no entiendo de qu&#233; hay que re&#237;rse.</p><p style="text-align: center;">******</p><p>Escuch&#233; m&#225;s historias de abusos intrafamiliares de las que me animo a contar. Hasta una abuela me cont&#243; una vez c&#243;mo, cuando era jovencita, un t&#237;o le met&#237;a la mano por debajo de la pollera.</p><p style="text-align: center;">******</p><p>Cualquiera de estas historias nos pasa a todas las mujeres al menos una vez en la vida.</p><p>No es que no quiera contar estas historias: quiero que dejen de suceder. Punto.</p><div><hr></div><div><hr></div><p>Y ahora, c&#243;mo te vendo un libro, &#191;no? </p><p>Un par de memes para descomprimir, porque tengo clar&#237;simo que esto no va a cambiar en absoluto solo porque yo cuente historias por Substack.</p><p></p><div class="image-gallery-embed" data-attrs="{&quot;gallery&quot;:{&quot;images&quot;:[{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/bf1b4527-98f9-442d-a715-e4dd5885896c_225x224.jpeg&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/279505f7-1df4-41f4-bb70-e46f529d2b66_225x225.jpeg&quot;}],&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;,&quot;staticGalleryImage&quot;:{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/0f4075bb-1309-4879-8982-6e335c05dd85_1456x720.png&quot;}},&quot;isEditorNode&quot;:true}"></div><p></p><div><hr></div><div><hr></div><p>Si quer&#233;s leer <em>C&#237;clica</em>, pod&#233;s conseguirlo a trav&#233;s de Amazon, haciendo clic en el bot&#243;n que sigue</p><blockquote><p><a href="https://amzn.eu/d/0aA7y88V">en Amazon</a></p></blockquote><div><hr></div><p>Tambi&#233;n, dentro de Argentina, est&#225; disponible a trav&#233;s de la we de Potencia editora</p><blockquote><p><a href="https://potenciaeditora.com/product/ciclica-ariadna-tagliorette/">Potencia Editora</a></p></blockquote><div><hr></div><p>O, como en los viejos tiempos, me escrib&#237;s directamente a m&#237; porque tengo copias para enviar dentro de Espa&#241;a y en Argentina.</p><p><a href="https://www.instagram.com/matedekiwi/">Instagram (@matedekiwi</a>).</p><div><hr></div><p>Gracias por estar ac&#225;. L@s quiero mucho.</p><p>Ari.</p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#20. Hacerse señorita]]></title><description><![CDATA[Una historia sobre lo que no se pod&#237;a decir en voz alta]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/hacerse-senorita</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/hacerse-senorita</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 03 May 2026 08:02:32 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!i69o!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6de57fa6-2ef2-4dcf-99b3-7492edd98bae_1168x974.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>En las historias n&#250;mero 17 y 18 les habl&#233; un poco m&#225;s del proceso de escribir mi libro, C&#237;clica, &#191;se acuerdan?</p><p><br>El texto que sigue a continuaci&#243;n formaba parte del C&#237;clica original, el que nunca se public&#243;. Cuando el libro mut&#243; hacia las cr&#243;nicas migratorias que terminaron siendo la versi&#243;n final, historias como esta quedaron en el camino. Rescatarla ahora es una forma de honrar ese proceso: todo lo que escrib&#237;, todo lo que qued&#243; afuera, todo lo que me ayud&#243; a encontrar el libro que realmente necesitaba escribir. Espero que la disfruten.</p><div><hr></div><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><div><hr></div><p>Tengo un recuerdo imborrable de unas vacaciones con mi familia cuando yo ten&#237;a unos 8 a&#241;os. Sol&#237;amos pasar los veranos en Quequ&#233;n y Necochea, dos ciudades vecinas, muy tranquilas, ubicadas al sureste de la provincia de Buenos Aires, en Argentina. Casi siempre &#237;bamos con otras familias, a veces con parientes y otras veces con familias amigas de mi pap&#225; y mi mam&#225;. Yo amaba esos veranos y los recuerdo como las &#233;pocas m&#225;s felices de mi infancia.</p><p>La costa atl&#225;ntica argentina se caracteriza por dos cosas: </p><ul><li><p>la longitud interminable de sus playas </p></li><li><p>y el viento.</p></li></ul><p>&#161;Si nos habr&#225; arruinado d&#237;as ideales de playa el bendito viento! De adulta viv&#237; dos a&#241;os en R&#237;o Gallegos (la segunda ciudad m&#225;s ventosa DEL MUNDO) y ah&#237; s&#237; que supe lo que era el viento de verdad, pero digamos que el viento intenso en cualquier playa tan gigante te arruina bastante los planes de diversi&#243;n. </p><p>Cuando hay viento en Necochea o en Quequ&#233;n, literalmente no se puede estar en la playa, el paisaje costero se limita a kil&#243;metros y kil&#243;metros de territorio veraniego sin gente, solo con arena volando y con el mar enfurecido, con mucho oleaje.</p><p>Un d&#237;a de esos tan ventosos, dos amiguitas que me hab&#237;a hecho ese verano, Pao y Jesi, me pasaron  a buscar para ir a caminar por el centro de la ciudad, ya que al estar mucho m&#225;s resguardado por las edificaciones, no sufr&#237;a tanto el castigo del viento como la playa. </p><p>Ellas eran unos pocos a&#241;os m&#225;s grandes que yo y a m&#237; me entusiasmaba much&#237;simo pasar tiempo con chicas de sexto grado. Cuando volviera a la escuela y les contara a mis amigas de tercero que hab&#237;a pasado el verano con chicas de sexto me volver&#237;a la m&#225;s &#8220;sabia&#8221; de mi grupo.</p><p>Despu&#233;s de haber caminado unas pocas cuadras, paseando y hablando de planes para el pr&#243;ximo d&#237;a de playa, como qu&#233; mallas &#237;bamos a usar, si bikini o malla de una pieza para estar las tres iguales, de repente, de la nada, Jesi nos dijo que ten&#237;amos que volver a la casa urgente. </p><p>&#161;URGENTE! </p><p>Yo no entend&#237;a nada porque era raro querer volver a encerrarse con semejante d&#237;a de sol. S&#237;, era verdad que hab&#237;a viento, pero en el centro no se sent&#237;a tanto. </p><p>Entonces, justo cuando estaba por preguntar cu&#225;l era el problema, la mir&#233; y not&#233; que ten&#237;a sangre entre las piernas.</p><p>Me qued&#233; petrificada y me asust&#233; un mont&#243;n. </p><p>&#191;De d&#243;nde sal&#237;a esa sangre, de la panza o de las piernas? &#191;Se habr&#237;a lastimado? No, imposible, ven&#237;amos las tres juntas caminando y ella en ning&#250;n momento se cay&#243; ni se golpe&#243; con nada. &#191;Alguien le habr&#225; tirado una piedra? &#191;Y si algo se vol&#243; con el viento y le cort&#243; una pierna? Podr&#237;a ser, aunque no la escuch&#233; quejarse ni vi que nada haya pasado volando.</p><p>Pao deshizo mi mara&#241;a de preguntas tiron&#233;andome del brazo y, de cierta forma, forz&#225;ndome a caminar de regreso a la casa donde se hospedaba su familia. Me parec&#237;a todo muy raro porque Jesi empez&#243; a caminar cada vez m&#225;s r&#225;pido y ni siquiera se miraba las piernas. Yo no paraba de lamentarme por no haber llevado mi carterita del pato Donald porque ah&#237; ten&#237;a una caja de curitas que podr&#237;an haber detenido el sangrado de Jesi. Casi corriendo detr&#225;s de ella, dej&#233; de hacerme preguntas en mi cabeza y las hice en voz alta. Le pregunt&#233; por qu&#233; estaba sangrando, si se hab&#237;a lastimado y le dije que en mi casa, que quedaba m&#225;s cerca que la suya, ten&#237;a curitas.</p><p>La cara con la que me mir&#243; Jesi parec&#237;a un rompecabezas con las piezas mal puestas. Me mir&#243; un poco desencajada, con una mezcla de asombro y ternura. Se puso colorada como un tomate, larg&#243; una risita nerviosa y me pregunt&#243; si mi mam&#225; no me hab&#237;a contado lo que les pasaba a las chicas cuando <em>se hac&#237;an se&#241;oritas</em>. Me habl&#243; con un tono tan condescendiente que me sent&#237; una tonta. </p><p>&#191;Hacerse se&#241;orita? &#191;Qu&#233; era eso? Yo no sab&#237;a si me hablaba de ser maestra de escuela, como mi se&#241;orita de tercer grado, la &#8220;se&#241;o Licha&#8221;; o si me hablaba de ser una se&#241;ora chiquita. Trat&#233; de buscar entre mis recuerdos alguna menci&#243;n que mi mam&#225; me pudiera haber hecho a algo que se llamaba <em>hacerse se&#241;orita</em>, pero no me ven&#237;a nada a la memoria. Evidentemente, hab&#237;a un secreto a voces del que no me hab&#237;a enterado. </p><p>Agach&#233; la cabeza, avergonzada, y le dije que no, que no ten&#237;a idea de qu&#233; me estaba hablando.</p><p>Se volvi&#243; a re&#237;r. Pero esta vez se dio cuenta de que me hab&#237;a transferido su verg&#252;enza porque ahora la que estaba colorada como un tomate era yo. Eso la hizo reflexionar y al instante dej&#243; de re&#237;rse. Con una paciencia digna de mi se&#241;o Licha, me cont&#243; todo lo que ella sab&#237;a sobre la menstruaci&#243;n. Fue bien clara y gr&#225;fica, para que pudiera entender todo. Yo la escuch&#233; con atenci&#243;n, no quer&#237;a perderme ning&#250;n detalle porque si yo nunca hab&#237;a escuchado hablar de lo que era <em>hacerse se&#241;orita</em>, seguro que mis amigas de la escuela tampoco lo sab&#237;an. </p><p>No le hice ninguna pregunta m&#225;s, pero mi cabeza iba a mil. &#191;As&#237; era como sab&#237;amos que ya pod&#237;amos tener un beb&#233;? &#191;O sea que Jesi ya hubiera podido tener un beb&#233;? &#191;Pero no era demasiado ni&#241;a para tener un beb&#233;? &#191;Esto querr&#237;a decir que dej&#243; de ser ni&#241;a y ahora es mujer, como mi mam&#225;? No, mi mam&#225; era m&#225;s grande y por eso era mujer. Jesi iba a sexto, todav&#237;a no hab&#237;a terminado la primaria, &#191;c&#243;mo iba a tener un beb&#233;?</p><div><hr></div><p>Las tres sentimos que el &#225;nimo de salir a pasear se hab&#237;a diluido. Jesi dijo que ya no se sent&#237;a con muchas ganas de seguir y yo ten&#237;a muchas preguntas dando vueltas en mi cabeza y tampoco ten&#237;a ganas de seguir con ese paseo. Decidimos que cada una ir&#237;a a su casa y que nos ver&#237;amos al d&#237;a siguiente.</p><p>Cuando llegu&#233; al hospedaje donde estaba mi familia fui corriendo a contarle a mi mam&#225; lo que hab&#237;a aprendido. Estaba bastante confundida, pero tambi&#233;n me entusiasmaba haber aprendido algo que se supon&#237;a que sab&#237;an las mujeres mayores que yo. </p><p>Mi mam&#225; estaba charlando con otros pap&#225;s y otras mam&#225;s en el <em>living</em>. Yo sab&#237;a que no estaba bien interrumpir las conversaciones de la gente mayor, pero no me pude contener. Pr&#225;cticamente a los gritos, le dije:</p><p>&#8212;&#161;Ma! &#161;Jesi <em>se hizo se&#241;orita</em>!</p><p>Internamente, yo esperaba alg&#250;n tipo de bienvenida al club de las que sab&#237;an lo que era <em>hacerse se&#241;oritas</em>, pero me encontr&#233; con un silencio absoluto.</p><p>Todos me miraron en silencio. Los hombres me miraban y miraban a las mujeres cual partido de tenis, sin saber qu&#233; decir. Las mujeres me miraban con la misma cara estilo rompecabezas mal armado que me hab&#237;a puesto Jesi un rato antes, como si hubiera dicho algo que estaba prohibido.</p><p>Entonces mi mam&#225; me dijo que la ayudara con unas cosas en la cocina y salimos las dos de ese <em>living </em>de la incomodidad. Una vez que estuvimos solas me explic&#243; con todo su amor (una caracter&#237;stica muy de ella, por cierto) que no ten&#237;a que hablar de &#8220;esas cosas&#8221; delante de todos &#8212;y mucho menos, delante de los varones. Me dijo que eso era algo muy &#237;ntimo de cada mujer y que no hab&#237;a que contar a los cuatro vientos, porque hay mujeres a las que no les gustaba que se supiera si les hab&#237;a &#8220;venido o no&#8221;, y a los varones no les gustaba escuchar hablar de esos temas. Le hice muchas preguntas y me fue respondiendo todo como pudo, pero insisti&#243; una y otra vez en que eso era cosa de mujeres y que no ten&#237;a que hablarlo, como quien dice, a los cuatro vientos.</p><div><hr></div><p><em>Hacerse se&#241;orita</em>, esos temas, les vino, esas cosas&#8230; </p><p>Mi mam&#225; ten&#237;a raz&#243;n en algo: la menstruaci&#243;n era efectivamente cosa de mujeres.</p><p> Porque eran las mujeres las que ten&#237;an que lidiar con ella, explic&#225;rsela a otras mujeres, y hacerlo todo en voz baja para que los varones no se sintieran inc&#243;modos. </p><p>Lo que mi mam&#225; no me dijo ese d&#237;a &#8212;y que tard&#233; a&#241;os en entender&#8212; es que el problema no era hablar de la menstruaci&#243;n. El problema era que nos hab&#237;an ense&#241;ado que nuestros cuerpos eran un tema del que hab&#237;a que avergonzarse.</p><div><hr></div><p>Si leyeron hasta ac&#225;, gracias. </p><p>Y ya que estamos en tema, &#191;recuerdan c&#243;mo aprendieron sobre el ciclo menstrual por primera vez? </p><div><hr></div><blockquote><p>Si quer&#233;s leer el libro que s&#237; vio la luz, el de historias de viajes y aventuras de inmigrantes&#8212; <em>C&#237;clica</em>, <em>Cr&#243;nicas migratorias para perderse (y encontrarse) en cada estaci&#243;n&#8212;</em>, pod&#233;s conseguirlo a trav&#233;s de Amazon, haciendo clic en el bot&#243;n que sigue</p><p><a href="https://amzn.eu/d/0aA7y88V">en Amazon</a></p></blockquote><div><hr></div><blockquote><p>Tambi&#233;n, dentro de Argentina, est&#225; disponible a trav&#233;s de la we de Potencia editora</p><p><a href="https://potenciaeditora.com/product/ciclica-ariadna-tagliorette/">Potencia Editora</a></p></blockquote><div><hr></div><blockquote><p>O, como en los viejos tiempos, me escrib&#237;s directamente a m&#237; porque tengo copias para enviar dentro de Espa&#241;a y en Argentina.</p><p><a href="https://www.instagram.com/matedekiwi/">Instagram (@matedekiwi</a>).</p></blockquote><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#19. Juro que no planifiqué nada de lo que pasó]]></title><description><![CDATA[El lanzamiento de C&#237;clica que jam&#225;s imagin&#233;]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/19-juro-que-no-planifique-nada-de</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/19-juro-que-no-planifique-nada-de</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 26 Apr 2026 08:03:11 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!yESP!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb12acaf0-21ab-4f10-9769-939c8d146728_1344x662.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hace un par de semanas acced&#237; a un trabajo temporal en una tienda de souvenirs en el centro de M&#225;laga. Nada del otro mundo: atender clientes, acomodar productos, estar de pie varias horas seguidas. La primera semana me mor&#237;a: los pies me ard&#237;an, las piernas me temblaban al final del d&#237;a, subir las escaleras de mi departamento se sent&#237;a como escalar el Aconcagua. Llegaba a casa y lo &#250;nico que quer&#237;a hacer era tirarme en el sill&#243;n y no moverme hasta el d&#237;a siguiente.</p><p>La segunda semana doli&#243; un poco menos. La tercera, casi nada. Ahora ya ni lo pienso. Mi cuerpo se acostumbr&#243;. Se adapt&#243;. Porque eso es lo que hacemos los humanos: nos adaptamos a todo.</p><p>Nos acostumbramos al dolor de pies despu&#233;s de estar parados todo el d&#237;a. Nos acostumbramos a despertarnos temprano aunque nos cueste horrores las primeras semanas. Nos acostumbramos a vivir en otro pa&#237;s, a hablar otro idioma, a extra&#241;ar de forma cr&#243;nica y seguir adelante igual. La capacidad humana de adaptaci&#243;n es brutal. Nos salv&#243; como especie, pero tambi&#233;n tiene un costo: nos acostumbramos tan bien a las cosas que dejamos de registrar lo extraordinario.</p><p>Por ejemplo, las m&#233;tricas.</p><p>Vivimos midiendo todo: cu&#225;ntos seguidores ten&#233;s, cu&#225;ntas personas ven tus historias, cu&#225;ntos likes recibi&#243; tu &#250;ltima publicaci&#243;n, cu&#225;ntos abrieron el mail que mandaste. Los n&#250;meros est&#225;n ah&#237; todo el tiempo, actualiz&#225;ndose en tiempo real, record&#225;ndote que existen otras personas del otro lado de la pantalla aunque no las veas ni las escuches.</p><p>Pero nos acostumbramos tan r&#225;pido a esos n&#250;meros que dejan de impresionarnos. Veinte personas leyeron tu <em>newsletter</em>. Treinta vieron tu &#250;ltima publicaci&#243;n. Cuarenta abrieron el <em>link</em> que compartiste. Y vos pens&#225;s&#8220;, bueno, est&#225; bien&#8221;, como si esos n&#250;meros fueran solo eso: n&#250;meros. Como si no representaran seres humanos reales que dedicaron tiempo, atenci&#243;n y energ&#237;a a leer algo que vos escribiste.</p><p>Yo tambi&#233;n me acostumbr&#233;. Durante meses estuve escribiendo este Substack sin dimensionar realmente qui&#233;n estaba del otro lado. Sab&#237;a que hab&#237;a gente leyendo porque las m&#233;tricas me lo dec&#237;an, pero era una informaci&#243;n abstracta, distante, casi irreal. Cuarenta suscriptores. Sesenta. Ochenta. Noventa y tres. N&#250;meros que aparec&#237;an en una pantalla y que yo registraba con una mezcla de alegr&#237;a y normalidad.</p><p>Hasta que lleg&#243; el lanzamiento de <em>C&#237;clica</em>.</p><div><hr></div><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/?utm_source=substack&utm_medium=email&utm_content=share&action=share&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Compartir Historias de una migrante&#128150;&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/?utm_source=substack&utm_medium=email&utm_content=share&action=share"><span>Compartir Historias de una migrante&#128150;</span></a></p><div><hr></div><p>El 11 de abril hicimos la presentaci&#243;n virtual del libro. Mi editora organiz&#243; todo para que nos encontr&#225;ramos en una videollamada, b&#225;sicamente. Yo del otro lado de la c&#225;mara, con un mate en la mano, en mi departamento de M&#225;laga, esperando a que se conectaran las personas que quisieran acompa&#241;arme.</p><p>Empezaron a entrar.</p><p>Una persona. Dos. Cinco. Diez. Veinte.</p><p>Segu&#237;an entrando.</p><p>Treinta. Treinta y cinco.</p><p>Mir&#233; la pantalla y vi cuarenta personas conectadas. Cuarenta. Un aula de colegio completa. Cuarenta ventanitas con seres humanos que hab&#237;an bloqueado ese horario en sus agendas, que se hab&#237;an conectado desde distintos lugares del mundo, solo para escucharme hablar de mi libro.</p><p>Se me aflojaron las piernas.</p><p>Cuarenta personas no es solo un n&#250;mero en una m&#233;trica. Cuarenta personas es un mont&#243;n de gente. Imaginate estar parada frente a un aula llena, con todas las sillas ocupadas, con todas esas miradas puestas en vos, esperando que hables. Eso es lo que estaba pasando en ese momento, solo que en lugar de estar todos en el mismo espacio f&#237;sico, est&#225;bamos conectados a trav&#233;s de pantallas.</p><p>Empec&#233; a hablar. Les agradec&#237; por estar ah&#237;. Les dije dos palabras sobre el proceso de escribir <em>C&#237;clica</em>, sobre lo que significaba para m&#237; publicar un libro de historias migratorias.</p><p>Y entonces llegu&#233; a la frase que ten&#237;a preparada:</p><p>&#8212;A partir de este momento, <em>C&#237;clica</em> deja de ser solo m&#237;o y pasa a ser de todos ustedes.</p><p>Se me quebr&#243; la voz.</p><p>Juro que no planifiqu&#233; nada de lo que pas&#243;.</p><p>Me di cuenta de lo que estaba diciendo, de lo que significaba soltar ese libro que hab&#237;a sido m&#237;o durante tanto tiempo, de entreg&#225;rselo a esas cuarenta personas que estaban ah&#237; escuch&#225;ndome. Y no pude seguir hablando.</p><p>Simplemente, me emocion&#233; y llor&#233; con l&#225;grimas y mocos y maquillaje corrido y congoja. Las personas que asistieron me enviaban mensajitos de &#225;nimo, de felicitaciones, de amor, de ternura, de apoyo. M&#225;s emoci&#243;n me daba. La gente se conmocionaba conmigo y todo se volv&#237;a un c&#237;rculo perfecto de llanto contagioso.</p><p>Hice silencio. Respir&#233;. Intent&#233; recomponerme. Sent&#237; verg&#252;enza por no poder controlar la emoci&#243;n, por mostrarme tan vulnerable frente a tanta gente. Pens&#233; &#8220;qu&#233; rid&#237;cula, llorando en tu propia presentaci&#243;n de libro&#8221;.</p><p>Mi editora tuvo que tomar la palabra y hacerse cargo de una charla que se supon&#237;a que iba a dar yo.</p><p>Por suerte, despu&#233;s de unos (cuantos) minutos, pude atravesar ese pantano de l&#225;grimas y logr&#233; seguir. Y una vez que pas&#243; la emoci&#243;n, me sent&#237; completamente en mi elemento. Habl&#233; de la escritura, de la migraci&#243;n, de las formas de contar historias. Respond&#237; preguntas. Escuch&#233; comentarios. Me re&#237;. Disfrut&#233; cada minuto de esa hora y media de videollamada.</p><p>Y cuando termin&#243;, me qued&#233; sentada en mi escritorio, mirando la pantalla vac&#237;a, procesando lo que acababa de pasar.</p><p>Cuarenta personas.</p><p>No es un n&#250;mero chico. No es algo que se pueda minimizar con un &#8220;bueno, tampoco es tanto&#8221;. Es un aula completa. Es gente real que eligi&#243; estar ah&#237;, que quiso acompa&#241;arme, que crey&#243; que lo que yo ten&#237;a para decir val&#237;a la pena.</p><div><hr></div><div class="image-gallery-embed" data-attrs="{&quot;gallery&quot;:{&quot;images&quot;:[{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/b12acaf0-21ab-4f10-9769-939c8d146728_1344x662.jpeg&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/4f664670-5336-4644-a4b1-f2f57588bccb_1600x684.jpeg&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/a88bbf9c-2c64-425f-bbce-fd5fe64644fc_1346x668.jpeg&quot;}],&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;,&quot;staticGalleryImage&quot;:{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/28430d43-b43f-4998-ad35-e1c6c606e398_1456x474.png&quot;}},&quot;isEditorNode&quot;:true}"></div><div><hr></div><p>Creo que nos acostumbramos demasiado r&#225;pido a todo. A los dolores que se vuelven rutina. A los n&#250;meros que dejan de sorprendernos. A las personas que est&#225;n del otro lado de la pantalla y que registramos como m&#233;tricas en lugar de registrarlas como lo que son: gente que nos est&#225; prestando atenci&#243;n, que nos brinda apoyo, que nos lee, que nos acompa&#241;a. Y que, en el mejor de los casos, nos quiere.</p><p>Ese d&#237;a en la presentaci&#243;n de <em>C&#237;clica</em> me record&#233; eso. Me record&#233; que cuarenta personas es mucho m&#225;s que un n&#250;mero. Que cada persona que lee lo que escribo, que abre un mail, que se toma el tiempo de estar en una videollamada escuch&#225;ndome hablar, merece ser vista como lo que es: alguien que eligi&#243; dedicarme su tiempo, que es lo m&#225;s valioso que tiene.</p><p>Y por eso quiero cerrar este texto agradeciendo. A las cuarenta personas que estuvieron en la presentaci&#243;n. A las que leen este Substack cada semana. A las que compraron <em>C&#237;clica</em> y me escribieron para contarme qu&#233; les pareci&#243;. A las que todav&#237;a no lo leyeron pero que est&#225;n ac&#225;, banc&#225;ndome en este proceso de escribir y compartir historias.</p><p>A cada lector y lectora que est&#225; del otro lado: de todo coraz&#243;n, gracias.</p><div><hr></div><p>Si quer&#233;s leer <em>C&#237;clica</em>, pod&#233;s conseguirlo a trav&#233;s de Amazon, haciendo clic en el bot&#243;n que sigue</p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://amzn.eu/d/0aA7y88V&quot;,&quot;text&quot;:&quot;en Amazon&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://amzn.eu/d/0aA7y88V"><span>en Amazon</span></a></p><div><hr></div><p>Tambi&#233;n, dentro de Argentina, est&#225; disponible a trav&#233;s de la we de Potencia editora</p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://potenciaeditora.com/product/ciclica-ariadna-tagliorette/&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Potencia Editora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://potenciaeditora.com/product/ciclica-ariadna-tagliorette/"><span>Potencia Editora</span></a></p><div><hr></div><p>O, como en los viejos tiempos, me escrib&#237;s directamente a m&#237; porque tengo copias para enviar dentro de Espa&#241;a y en Argentina.</p><p><a href="https://www.instagram.com/matedekiwi/">Instagram (@matedekiwi</a>).</p><div><hr></div><p>Gracias por estar ac&#225;, por ser parte de este n&#250;mero que dej&#243; de ser solo un n&#250;mero.</p><p>Nos leemos pronto.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#18. Nadie me avisó]]></title><description><![CDATA[C&#243;mo llegu&#233; a Bali con todo planificado y me qued&#233; afuera del templo m&#225;s ansiado]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/18-nadie-me-aviso</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/18-nadie-me-aviso</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 05 Apr 2026 08:01:29 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!bmaa!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F49ecd484-fe84-467a-916e-570016abcec4_4608x3456.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>El domingo pasado publiqu&#233; la historia #17 sobre c&#243;mo mi primer libro, <em>C&#237;clica,</em> encontr&#243; su forma definitiva. Cont&#233; que el libro empez&#243; siendo otra cosa y que de a poco fue mutando hacia algo m&#225;s narrativo, m&#225;s &#237;ntimo, m&#225;s m&#237;o. Que las historias llegaron antes que las ideas. Que el ciclo menstrual y la migraci&#243;n se fueron entretejiendo de una manera que yo no hab&#237;a planificado pero que, con el tiempo, tuvo todo el sentido del mundo. </p><p>Lo pod&#233;s volver a leer <a href="https://substack.com/@historiasdeunamigrante/note/p-192318527?r=17qgfq&amp;utm_source=notes-share-action&amp;utm_medium=web">ac&#225;</a>.</p><p>Lo que no cont&#233; en esa entrega es que en el camino quedaron historias afuera. Algunas porque no encajaban en el tono, otras porque el libro ya ten&#237;a suficiente peso emocional y no necesitaba m&#225;s capas, y otras &#8212; como la que sigue &#8212; porque pertenecen a ese territorio extra&#241;o donde el ciclo menstrual, la migraci&#243;n y el absurdo puro se cruzan de una manera tan espec&#237;fica que resulta dif&#237;cil de clasificar. Ni completamente de un libro ni completamente de otro. Una historia que vive en el borde, como tantas cosas en esta vida migrante.</p><p>Esta es una de esas.</p><div><hr></div><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><div><hr></div><p></p><p>Sobre finales del 2015 hicimos un viaje durante tres meses en el sudeste asi&#225;tico. El recibimiento a este mundo tan ajeno (pero tan fascinante) fue en Ubud, en la isla de Bali. Con Juan hab&#237;amos decidido pasar la primera semana en la casa de Wayan, un balin&#233;s que trabajaba de recibir turismo extranjero en su casa y de abrirles las puertas a un mundo bastante desconocido para las costumbres occidentales.</p><p>No voy a negar que el choque cultural fue impactante. Nosotros ven&#237;amos de haber vivido dos a&#241;os en Nueva Zelanda, un pa&#237;s donde todo es prolijo, limpio, y las cosas funcionan como est&#225; estipulado que lo hagan. El transporte p&#250;blico coincide con lo que indica <em>Google Maps</em>, la gente es muy cuidadosa de la limpieza de las calles, los barrios parecen sacados de una escenograf&#237;a de suburbios estadounidenses&#8230; En fin, ven&#237;amos de un pa&#237;s por dem&#225;s ordenado.</p><p>Bali, por el contrario, es un lugar donde el adjetivo ordenado/a carece de sentido. Calculo que ni siquiera debe figurar en el diccionario de balin&#233;s: <em>or&#225;culo</em>, <em>orar</em>, <em>&#243;rbita</em>, <em>orca, oreja</em>. No, ordenado/a no existe. No hay nada en Bali que tenga que ver con alg&#250;n tipo de orden.</p><p>Wayan hab&#237;a arreglado para que alguien nos busque en el aeropuerto y nos lleve hasta su casa, recorriendo un trayecto de unos 40 kil&#243;metros aproximadamente. El paisaje fuera del coche nos mostraba una &#250;nica ruta de mano y contramano con lo que describir&#237;a como &#171;campo tropical&#187;. Hab&#237;a much&#237;sima vegetaci&#243;n de una variedad de verdes que no sab&#237;a que exist&#237;an: &#225;rboles, palmeras, pastizales (o lo que yo cre&#237;a que eran pastizales), maizales. Todo era abrumadoramente verde. Y tambi&#233;n hab&#237;a una infinidad de personas en moto recorriendo esa misma ruta. Parec&#237;a que alguien hab&#237;a pateado un hormiguero gigante y en lugar de haber salido hormigas salieron personas sobre motos peque&#241;as y bastante ruidosas. Ve&#237;amos un r&#237;o de motos, a diestra y siniestra, montadas por personas de contextura muy delgada, y, para mi sorpresa, casi nadie llevaba casco. Al costado de la ruta, adem&#225;s de toda la vegetaci&#243;n, se ve&#237;an algunas casas muy precarias (cuatro palos y una lona a modo de techo), y una procesi&#243;n de puestos de venta de art&#237;culos de las categor&#237;as m&#225;s aleatorias que nos imaginemos. Es como si alguien hubiera armado una <em>playlist</em> de categor&#237;as de mercanc&#237;a y luego de presionar el bot&#243;n &#171;aleatorio&#187; o <em>random/shuffle </em>las hubieran depositado a ambos lados de esa ruta. As&#237; &#237;bamos pasando por una tienda de alquiler de motos, otra que vend&#237;a frutas frescas y jugos, una que ten&#237;a vestidos de novia, otra que fabricaba estatuas de Buda de todos los tama&#241;os, alguien vend&#237;a comida t&#237;pica al paso, mientras que al lado hab&#237;a un taller mec&#225;nico, pegado a una librer&#237;a improvisada, luego una peluquer&#237;a seguida de otro espacio de alquiler y reparaci&#243;n de motos; una veterinaria, una mercer&#237;a, un kiosco, y alguna que otra vaca suelta que deambulaba por ah&#237;.</p><p>Cuando llegamos a lo de Wayan, &#233;l nos dio la bienvenida e inmediatamente empez&#243; a hablarnos sin parar de su cultura y de su religi&#243;n. En sus primeras 50 palabras, creo que mencion&#243; cinco veces a los dioses. Yo me sent&#237;a por dem&#225;s cansada, no estaba con energ&#237;a como para aprender, as&#237;, de sopet&#243;n, sobre dioses, h&#233;roes y tumbas. &#191;Acaso me imaginaba que luego de 8 horas de viaje entre traslados al aeropuerto y vuelo, nuestro anfitri&#243;n nos recibir&#237;a con una <em>master class </em>de religi&#243;n? &#191;Ten&#237;a alguna idea de a d&#243;nde me hab&#237;a metido?</p><p>En cuanto pude meter un bocado en el mon&#243;logo religioso de Wayan, ped&#237; permiso para pasar al ba&#241;o y luego recostarme. En el ba&#241;o, rodeada de paredes con revoque grueso que parec&#237;a que Wayan hab&#237;a terminado de colocar  30 segundos antes de nuestra llegada, me di cuenta del motivo de semejante agotamiento: hab&#237;a empezado a menstruar.</p><p>Cuando sal&#237;, Wayan estaba hablando con Juan sobre los planes para esa misma noche: ir&#237;amos al templo de su hogar a dar nuestra ofrenda a los dioses. Casi que pareci&#243; haberme le&#237;do la mente (y el cuerpo) cuando dijo:</p><p> &#8212;Todo el mundo es bienvenido en nuestro templo: ricos, pobres; locales, extranjeros; budistas, jud&#237;os, musulmanes, cristianos, evangelistas, mormones; agn&#243;sticos, ateos&#8230; Solo tenemos una excepci&#243;n y es la mujer que est&#233; con su per&#237;odo. Lamentablemente, esa es la &#250;nica condici&#243;n por la cual alguien no podr&#225; ingresar al templo, por considerarse que esos d&#237;as son impuros, sucios y de reflexi&#243;n para dicha mujer.</p><p>Juan me atraves&#243; con la mirada, en una expresi&#243;n, casi una s&#250;plica, que interpret&#233; como &#171;no me digas que justo est&#225;s menstruando&#187;. Cerr&#233; los ojos lentamente y asent&#237;. Wayan caz&#243; al vuelo nuestra conversaci&#243;n telep&#225;tica y se limit&#243; a pesta&#241;ear a toda velocidad y a largar un simple <em>oh, I see.</em></p><p>En ese momento maldije ser mujer. Sab&#237;a que los rituales de ofrendas a los dioses eran sagrados en Bali, y tener la posibilidad de hacerlo en la casa de un balin&#233;s era algo que hab&#237;a planificado al pie de la letra. No pod&#237;a creer mi mala suerte. Un poco odi&#233; mi &#250;tero sano.</p><p>Con el diario del lunes, y sabiendo todo lo que significa tener un ciclo menstrual sano, es sencillo juzgar a alguien que detesta su cuerpo por funcionar bien. Pero ese d&#237;a, en la casa de Wayan, me sent&#237;a completamente frustrada y desprotegida. &#191;C&#243;mo puede ser que no haya tenido en cuenta la fecha antes de venir a Bali? &#191;C&#243;mo no investigu&#233; mejor este tema de los templos y las mujeres? O sea, s&#237;, sab&#237;a que hay ciertas normas de vestimenta que las mujeres deben respetar para entrar a cualquier templo en Bali, pero no me hab&#237;a percatado de que la fisiolog&#237;a tambi&#233;n fuera a ser un problema. </p><p>En mi mara&#241;a de pensamientos, no tard&#233; mucho en pasar de la decepci&#243;n al enojo. &#191;Por qu&#233; tengo que quedarme afuera del templo por algo que nadie m&#225;s que yo sabe que me est&#225; sucediendo en el cuerpo? No iba a ser irrespetuosa y arriesgarme a que alg&#250;n esp&#237;ritu balin&#233;s me persiguiera durante toda la eternidad por haber infringido una norma sagrada. Pero no pod&#237;a entender cu&#225;l era el problema. &#191;Qu&#233; tiene de malo la menstruaci&#243;n?</p><div><hr></div><div class="image-gallery-embed" data-attrs="{&quot;gallery&quot;:{&quot;images&quot;:[{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/49ecd484-fe84-467a-916e-570016abcec4_4608x3456.jpeg&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/f6a97224-27cf-4a71-a843-272fc429633f_4608x3456.jpeg&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/527d4e37-0f90-46ef-b896-4d021475080e_3264x2448.jpeg&quot;}],&quot;caption&quot;:&quot;El templo en el patio de Wayan; Wayan; y nosotros con Wayan tomando un cafecito&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;,&quot;staticGalleryImage&quot;:{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/720b6767-0c4b-483d-a0f5-ac6d2408b215_1456x474.png&quot;}},&quot;isEditorNode&quot;:true}"></div><div><hr></div><p>Esta historia no entr&#243; en <em>C&#237;clica</em> por una raz&#243;n bastante concreta: el libro que termin&#233; escribiendo son cr&#243;nicas migratorias, y aunque el ciclo menstrual merodea por algunos textos como un personaje secundario que nadie presenta formalmente, la decisi&#243;n fue dejarlo ah&#237;, en segundo plano, sin que ocupe la primera fila. </p><p>En esta historia, en cambio, llega al escenario con tambores y todo. Y eso la empujaba hacia aquel otro libro &#8212; el m&#225;s t&#233;cnico, el m&#225;s educativo &#8212; que todav&#237;a existe en alg&#250;n archivo de mi computadora y que alg&#250;n d&#237;a, qui&#233;n sabe, tambi&#233;n va a encontrar su forma.</p><p>Por ahora, vive ac&#225;. En esta <em>newsletter</em>, que es el lugar donde van a parar las historias que no caben en ning&#250;n caj&#243;n, pero que tampoco me quiero quedar sin contar.</p><p>Y si alguna vez viaj&#225;s a Bali, ya sab&#233;s: revis&#225; el calendario antes de hacer la valija.</p><div><hr></div><p>Si le&#237;ste hasta ac&#225;, gracias.</p><p>Como se me est&#225; haciendo costumbre, dejo anuncios parroquiales (nunca mejor dicho este Domingo de Resurrecci&#243;n) sobre el final de mis entregas semanales:</p><ul><li><p>El viernes 3 de abril charlamos en vivo con mi editora sobre el proceso de <em>C&#237;clica. </em>Qued&#243; la grabaci&#243;n en este enlace para quienes no pudieron vernos en vivo. </p></li><li><p>Cuando nos volvamos a encontrar en la pr&#243;xima historia, <em>C&#237;clica </em>ya no va a ser un libro solamente m&#237;o, sino que ya ser&#225; de mis lectoras. El evento de lanzamiento virtual es el s&#225;bado 11/04 a las 11&#8239;h de Argentina y 16 h de Espa&#241;a y Europa Central. Voy a estar promocion&#225;ndolo toda la semana en mi Instagram (<a href="https://www.instagram.com/matedekiwi/">@matedekiwi</a>), pero dejo el <a href="http://meet.google.com/ikm-jtct-mro">enlace al evento tambi&#233;n por ac&#225;</a>. Va a haber sorpresas, lecturas de pasajes del libro, di&#225;logo y mucha celebraci&#243;n. Como les dije sobre el final de la charla en vivo por Instagram: para m&#237; esto es un sue&#241;o y contar con tanto apoyo de gente que me quiere y de gente que no me conoce es la mejor frutilla del postre (disculpame, Espa&#241;a, me niego a llamar fresa a la frutilla).</p><p></p></li></ul><div><hr></div><p> Ahora s&#237;, nos vemos en la pr&#243;xima historia. </p><p>L@s quiero mucho.</p><p>Ari.</p><div><hr></div><p></p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#17. El momento en que decidí escribir Cíclica]]></title><description><![CDATA[La transformaci&#243;n de una idea y el resultado que m&#225;s me representa]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/17-el-momento-en-que-decidi-escribir</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/17-el-momento-en-que-decidi-escribir</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 29 Mar 2026 08:03:11 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!ZBRv!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6b1bebf6-2062-4912-8d9e-b84df177cd2b_899x1599.heic" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Durante mucho tiempo pens&#233; que iba a escribir otro libro.</p><p>Uno m&#225;s t&#233;cnico, m&#225;s estructurado, m&#225;s predecible. Un libro de divulgaci&#243;n sobre el ciclo menstrual con informaci&#243;n clara, accesible y basada en evidencia. La idea era combinar mis dos mundos: mi especializaci&#243;n como traductora en salud de la mujer y mi trabajo como educadora menstrual.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p>Despu&#233;s de a&#241;os traduciendo libros, investigando, tomando cursos, acompa&#241;ando a otras mujeres y compartiendo contenido en redes sociales, escribir un libro parec&#237;a el siguiente paso natural.</p><p>Ten&#237;a incluso bastante claro c&#243;mo quer&#237;a que fuera. Imaginaba cap&#237;tulos educativos intercalados con explicaciones sencillas, definiciones, preguntas frecuentes. Un libro &#250;til. Un libro que acercara informaci&#243;n que muchas veces no llega o llega tarde.</p><p></p><div class="image-gallery-embed" data-attrs="{&quot;gallery&quot;:{&quot;images&quot;:[{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/59525b85-2ee0-41eb-bef6-7fe29bea4b23_1080x1080.png&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/20fe0bb8-5cb6-48c7-b7a9-09b515508fa3_1080x1080.png&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/f16a0c6e-8786-4cfe-bcff-52fd9013848c_2048x1536.jpeg&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/2508c912-f588-4922-9469-aad9cc16d403_2320x2320.jpeg&quot;}],&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;,&quot;staticGalleryImage&quot;:{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/2b3ff302-63ca-4ffb-9e24-4a3be87b8c44_1456x1456.png&quot;}},&quot;isEditorNode&quot;:true}"></div><p></p><p>Pero hab&#237;a algo que empez&#243; a desordenar esa idea.</p><p>Cada vez que hablaba sobre ciclo menstrual, alguien me contaba una historia.</p><p>Siempre.</p><p>Una amiga que hab&#237;a tenido menstruaciones dolorosas desde los trece a&#241;os. Una colega que dej&#243; de tomar anticonceptivos y sent&#237;a que no reconoc&#237;a su cuerpo. Una mujer que no hab&#237;a vuelto a menstruar despu&#233;s de una etapa de mucho estr&#233;s. Una madre preocupada por la primera menstruaci&#243;n de su hija.</p><p>Las historias aparec&#237;an sin que yo las buscara. A veces surg&#237;an en una conversaci&#243;n casual, otras en un mensaje privado, otras en encuentros con mujeres que acababa de conocer. Muchas veces llegaban en voz baja, con cierta cautela, como si todav&#237;a costara encontrar el tono para hablar de estos temas.</p><p>Las historias llegaban antes que las preguntas.</p><p>Nadie me ped&#237;a datos ni estad&#237;sticas. No me preguntaban cu&#225;nto dura un ciclo menstrual o qu&#233; significa ovular. Primero me contaban algo. Me hablaban de experiencias, de recuerdos, de momentos inc&#243;modos, de dolores, de silencios.</p><p>Y sin darme cuenta, empec&#233; a recordar mis propias historias.</p><p>Record&#233;, por ejemplo, aquella escena de mi infancia en Quequ&#233;n, cuando vi por primera vez sangre entre las piernas de una amiga y no entend&#237; qu&#233; estaba pasando. Record&#233; la incomodidad de hablar de menstruaci&#243;n en voz alta frente a personas adultas. Record&#233; el secretismo, las palabras a medias, las explicaciones incompletas.</p><p>Las historias empezaron a aparecer solas. Ah&#237; fue cuando la idea del libro empez&#243; a transformarse.</p><p>Ya no quer&#237;a escribir solamente un libro t&#233;cnico. Quer&#237;a intercalar informaci&#243;n con relatos. Quer&#237;a que la educaci&#243;n menstrual conviviera con historias reales. Quer&#237;a que la informaci&#243;n se sintiera cercana, humana, vivida. Pero todav&#237;a hab&#237;a algo que no terminaba de cerrar. Porque cuando empec&#233; a escribir esas historias, me di cuenta de que muchas de ellas no ocurr&#237;an en un solo lugar. Aparec&#237;an escenarios distintos, pa&#237;ses distintos, momentos muy diferentes de mi vida. Mi ciclicidad no hab&#237;a sido la misma en todos esos contextos. Hab&#237;a cambiado con los viajes, con los cambios de idioma, con la incertidumbre, con la adaptaci&#243;n constante.</p><p>De a poco, me fue cayendo la ficha de algo m&#225;s: mis historias sobre ciclo menstrual tambi&#233;n eran historias de movimiento, de migraci&#243;n, de cambio.</p><p>Record&#233;, por ejemplo, c&#243;mo hab&#237;a vivido mi ciclo en Nueva Zelanda, lejos de todo lo conocido. Record&#233; las veces que menstru&#233; viajando, compartiendo casas con personas desconocidas, adapt&#225;ndome a culturas distintas. Record&#233; situaciones inc&#243;modas, momentos de vulnerabilidad, pero tambi&#233;n descubrimientos, aprendizajes y peque&#241;as revelaciones.</p><p>Mi ciclicidad hab&#237;a estado presente en cada etapa de mi vida, incluso cuando yo no le prestaba atenci&#243;n.</p><p>Ah&#237; fue cuando el libro encontr&#243; su forma.</p><p>De a poco, la idea inicial de un libro t&#233;cnico fue dando lugar a relatos m&#225;s &#237;ntimos, m&#225;s narrativo. Las historias empezaron a ocupar m&#225;s espacio. La educaci&#243;n segu&#237;a estando, pero ahora aparec&#237;a entre l&#237;neas, acompa&#241;ando, sosteniendo.</p><p>El libro empez&#243; a convertirse en un recorrido.</p><p>Un recorrido por mi vida, por mis viajes, por mis cambios, por mi experiencia como inmigrante, con la ciclicidad como hilo conductor.</p><p>Sin embargo, entre esa intuici&#243;n y la decisi&#243;n final hubo muchas dudas. Me pregunt&#233; si ten&#237;a sentido escribir un libro as&#237;. Me pregunt&#233; si alguien querr&#237;a leer historias personales mezcladas con contenido educativo. Me pregunt&#233; si estaba preparada para mostrarme desde un lugar m&#225;s vulnerable.</p><p>Tambi&#233;n apareci&#243; una pregunta bastante cl&#225;sica: &#191;qui&#233;n soy yo para escribir este libro?</p><p>Pero cada vez que dudaba, volv&#237;a a pasar algo.</p><p>Alguien me contaba una historia.</p><p>Y cada una de esas historias me recordaba por qu&#233; ten&#237;a ganas de escribir. Me recordaba que el ciclo menstrual sigue siendo, en muchos contextos, un territorio lleno de silencios, de verg&#252;enzas, de dudas sin respuesta.</p><p>Creo que la decisi&#243;n de escribir <em>C&#237;clica</em> no fue un momento puntual. Fue m&#225;s bien un proceso lento, casi silencioso. Una acumulaci&#243;n de conversaciones, recuerdos y peque&#241;as intuiciones que, en alg&#250;n momento, terminaron de acomodarse.</p><p>Cuando finalmente me sent&#233; a escribir historias, entend&#237; que el libro ya estaba bastante vivo dentro m&#237;o.</p><p><em>C&#237;clica</em> naci&#243; de esa mezcla: mi camino como traductora, mi trabajo como educadora menstrual, mis historias personales y mis a&#241;os de movimiento. De viajes. De cambios. De adaptaciones. De momentos en los que mi cuerpo fue mi &#250;nica referencia estable. Y tambi&#233;n naci&#243; de los otros ciclos: los de las ideas, los de la vida, los de la luna, los de las mareas, los de las estaciones.</p><p>Porque este libro surgi&#243; de muchas etapas. De idas y vueltas. De momentos de pausa y de impulso. Como todo lo que, con el tiempo, encuentra su forma.</p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!ZBRv!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6b1bebf6-2062-4912-8d9e-b84df177cd2b_899x1599.heic" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!ZBRv!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6b1bebf6-2062-4912-8d9e-b84df177cd2b_899x1599.heic 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!ZBRv!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6b1bebf6-2062-4912-8d9e-b84df177cd2b_899x1599.heic 848w, 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image"><svg role="img" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><title></title><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KoSN!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Feaf83025-308f-4394-94a3-8200d2154695_899x1599.heic" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KoSN!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Feaf83025-308f-4394-94a3-8200d2154695_899x1599.heic 424w, 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image"><svg role="img" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><title></title><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><div><hr></div><p>Si le&#237;ste hasta ac&#225;, gracias.</p><p>Vuelvo a compartir los &#250;ltimos anuncios sobre el lanzamiento del libro:</p><ol><li><p><em>C&#237;clica</em> ya est&#225; en imprenta en Argentina y enviado para aprobaci&#243;n y distribuci&#243;n en Amazon (solo formato impreso). El lanzamiento oficial ser&#225; a trav&#233;s de un evento virtual el d&#237;a s&#225;bado 11 de abril a las 11 horas de Argentina, 16 horas Espa&#241;a. Habr&#225; mucha m&#225;s promoci&#243;n pronto, pero vayan guardando la fecha. La semana pasada lo coment&#233; en un grupo de amistades y alguien me contest&#243;: <em>&#161;&#191;Coincidir la agenda?! YA ESTOY cocinando el bud&#237;n y preparando el mateeeeeee. </em>Se&#241;oras y se&#241;ores, la manija es total.</p></li><li><p>El d&#237;a 3 de abril haremos un vivo en <a href="https://www.instagram.com/matedekiwi/">Instagram</a> con mi editora, <a href="https://www.instagram.com/lu_bedini/">Lu Bedini</a>, directora de <a href="https://www.instagram.com/potencia_editora/">Potencia Editora</a>, para charlar sobre el libro y el lanzamiento. Ya habr&#225; m&#225;s promo, pero <em>hashtag </em>capricorniana controladora<em>, </em>me gusta ir avisando las cosas con tiempo.</p></li></ol><div><hr></div><p>Ahora s&#237;, nos vemos en la pr&#243;xima historia.</p><p>L@s quiero mucho.</p><p>Ari.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#16. Cómo se vería LinkedIn fuera de la pantalla]]></title><description><![CDATA[Cr&#243;nica breve de la feria de empleo de M&#225;laga 2026]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/16-como-se-veria-linkedin-fuera-de</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/16-como-se-veria-linkedin-fuera-de</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 15 Mar 2026 09:02:39 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/afd8431d-d4d3-42b7-9304-1cb5fb7b884f_1292x898.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hace unas semanas empec&#233; a despertarme con una palabra en la cabeza. No s&#233; bien de d&#243;nde viene; no recuerdo haberla so&#241;ado ni haberla escuchado el d&#237;a anterior. Simplemente aparece, como si alguien la pronunciara muy cerca de mi o&#237;do, como un susurro constante que me acecha.</p><p><em>Ca-ma-re-raaaaa</em>.</p><p>Es persistente, como esos sonidos que no logr&#225;s ubicar en una habitaci&#243;n silenciosa. Como una gotera que jam&#225;s nadie arregla.</p><p><em>Ca-ma-re-raaaaa</em>.</p><p>Me levanto, preparo mate, reviso el correo, miro ofertas de trabajo. Intento concentrarme en cualquier otra cosa. Pero cada tanto vuelve a aparecer, bajito, casi t&#237;midamente.</p><p><em>Ca-ma-re-raaaaa</em>.</p><p>En estos meses de b&#250;squeda laboral se volvi&#243; una especie de fantasma cotidiano. Lo veo en cada plataforma de empleo, en los carteles pegados en las ventanas de los bares, en los anuncios que aparecen cuando camino por la ciudad.</p><p>&#8212;Si te vas a la <em>restauraci&#243;&#8217;</em>, all&#237; no te va a faltar el curro &#8212;me dijo una vez una se&#241;ora en el supermercado.</p><p>Yo lo s&#233; muy bien porque durante muchos a&#241;os trabaj&#233; en gastronom&#237;a. Conozco la velocidad de una cocina en hora pico, el sonido constante de los platos chocando, las piernas cansadas despu&#233;s de una jornada larga. S&#233; lo que implica estar de pie durante horas, recordar pedidos de memoria, sonre&#237;r cuando el cuerpo pide otra cosa. No hablo solamente desde la teor&#237;a o porque ya vi completa la serie <em>The Bear. </em>S&#233; perfectamente lo que me espera en ese rubro.</p><p><em>Ca-ma-re-raaaaa</em>.</p><p>El susurro aparece incluso cuando intento pensar en otra cosa.</p><p>Por ejemplo, cuando caigo en el peque&#241;o detalle de que tengo un m&#225;ster en Ling&#252;&#237;stica de Aarhus Universitet, una universidad danesa bastante prestigiosa dentro de Europa. Dos a&#241;os (sumados a los nueve que arrastro de la UNLP) estudiando teor&#237;as del lenguaje, estructuras gramaticales, socioling&#252;&#237;stica, an&#225;lisis del discurso. Horas y horas leyendo art&#237;culos acad&#233;micos, escribiendo trabajos, defendiendo ideas frente a profesores muy brillantes. Cuando termin&#233; ese m&#225;ster pens&#233; que el mundo laboral se abrir&#237;a de maneras inesperadas. Todav&#237;a estoy esperando esa parte.</p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">No te olvides de suscribirte gratis.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><div><hr></div><p>El jueves 12 de marzo decid&#237; ir a la feria de empleo de M&#225;laga que se organizaba en el FYCMA, el Palacio de Ferias y Congresos de la ciudad. Hab&#237;a visto la publicidad varios d&#237;as seguidos: empresas, oportunidades, <em>networking</em>, talento.</p><p>Cuando en una feria de empleo se usa tanto la palabra &#8216;talento&#8217;, ya sab&#233;s que envasaron humo y lo tienen listo para la venta.</p><p>Llegu&#233; a media ma&#241;ana.</p><p>El edificio ya impresiona desde afuera. Una estructura enorme de vidrio y metal que parece dise&#241;ada para eventos gigantescos. Adentro el espacio se multiplica todav&#237;a m&#225;s: un pabell&#243;n inmenso con techos alt&#237;simos y una iluminaci&#243;n blanca que hace que todo se vea demasiado n&#237;tido. Y eco. Mucho eco.</p><p>Cientos de personas caminaban entre los <em>stands</em>.</p><p>Cada empresa ten&#237;a su territorio: mesa prolija, logo gigante, video corporativo en <em>loop</em> mostrando oficinas llenas de gente feliz que claramente no trabajaba ah&#237;. Delante de casi todos los <em>stands</em> hab&#237;a filas largu&#237;simas, por tramos pacientes y por tramos ca&#243;ticas.</p><p>Hab&#237;a personas con carpetas en la mano, personas con sobres transparentes llenos de curr&#237;culums, personas esperando la oportunidad de hablar dos minutos con alguien que parec&#237;a recibir esos papeles con la rapidez de quien sabe que no podr&#225; recordarlos despu&#233;s.</p><p>Intent&#233; recorrer el lugar con calma.</p><p>A los pocos minutos empec&#233; a sentir algo raro en el cuerpo. Parec&#237;a que el aire no circulaba bien. Tanta gente, tanto ruido, tanto movimiento. El pabell&#243;n era enorme y, aun as&#237;, el ox&#237;geno parec&#237;a escaso.</p><p>Me acerqu&#233; a una de las filas y escuch&#233; fragmentos de conversaci&#243;n.</p><p>&#8212;Tengo experiencia en atenci&#243;n al cliente.<br>&#8212;Estoy terminando mis estudios.<br>&#8212;Busco algo en comunicaci&#243;n.</p><p>Avanc&#233; un par de pasos.</p><p>Mir&#233; el <em>stand</em> al que est&#225;bamos acerc&#225;ndonos lentamente. Del otro lado de la mesa hab&#237;a dos personas de veintipocos recibiendo curr&#237;culum con una sonrisa muy bien entrenada. Cada encuentro duraba menos de un minuto. Papel en mano, gracias por venir, siguiente.</p><p>En alg&#250;n punto sent&#237; que el aire me faltaba un poco m&#225;s.</p><p><em>Ca-ma-re-raaaaa</em>.</p><p>El susurro volvi&#243; justo en ese momento.</p><p><em>Ca-ma-re-raaaaa</em>.</p><p>Intent&#233; ignorarlo y me mov&#237; hacia otro sector del pabell&#243;n. M&#225;s <em>stands</em>, m&#225;s filas, m&#225;s carpetas con hojas impresas. Todo funcionaba con una l&#243;gica muy ordenada y al mismo tiempo profundamente ca&#243;tica: cientos de personas compitiendo por unos pocos minutos de atenci&#243;n. &#191;Es esta la representaci&#243;n en 3D de lo que ocurre en todas las plataformas digitales de b&#250;squeda de empleo? &#191;As&#237; se ver&#237;a LinkedIn, InfoJobs, Indeed fuera de la pantalla?</p><p>En un rinc&#243;n vi la fila para el ba&#241;o. Era incluso m&#225;s larga que las otras.</p><p>Ah&#237; fue cuando entend&#237; que ya no ten&#237;a mucho sentido seguir intentando. Ni siquiera hab&#237;a logrado hacer la fila para ir al ba&#241;o, mucho menos la de una empresa que probablemente olvidar&#237;a mi nombre cinco segundos despu&#233;s.</p><p>Sal&#237; del pabell&#243;n.</p><p>Apenas cruc&#233; la puerta sent&#237; que me volv&#237;a a entrar aire en los pulmones.</p><p>A unas pocas cuadras, en un bar, un camarero serv&#237;a caf&#233;s con una bandeja cargada de tazas.</p><p><em>Ca-ma-re-raaaaa</em>.</p><div><hr></div><p>El susurro sigue apareciendo aunque cada vez lo siento menos como una amenaza o como una derrota. Creo que, de a poco, me hago amiga de la idea de aceptarlo como una posibilidad siempre disponible, una puerta que la ciudad mantiene abierta todo el tiempo.</p><p>Quiz&#225;s alg&#250;n d&#237;a escriba otra historia donde esa palabra deje de ser un susurro y se convierta en una decisi&#243;n.</p><p>De momento, sigo escuch&#225;ndola.</p><p><em>Ca-ma-re-raaaaa</em>.</p><div><hr></div><p>Si le&#237;ste hasta ac&#225;, gracias. Si tambi&#233;n sos migrante y te acecha un susurro similar, me encantar&#237;a que me cuentes tu experiencia. </p><div><hr></div><p>Algunos anuncios parroquiales:</p><ol><li><p>&#191;Se acuerdan de la historia <a href="https://substack.com/@historiasdeunamigrante/note/p-186487480?r=17qgfq&amp;utm_source=notes-share-action&amp;utm_medium=web">#11 titulada Qu&#233; hago ac&#225;</a>? Mi amigo Beto termin&#243; de editar esa entrevista y la subi&#243; a su canal de YouTube. La pueden ver <a href="https://youtu.be/VF2h3cZZIP0?si=NdCfaNMhXcEpcYWJ">ac&#225;</a>. <em>Spoiler alert:</em> van a ver la portada de <em>C&#237;clica</em> mientras hablo de mi proceso de escritura entre el minuto 10 y el 15 aproximadamente.</p></li><li><p><em>C&#237;clica</em> ya est&#225; en imprenta en Argentina y enviado para aprobaci&#243;n y distribuci&#243;n en Amazon (solo formato impreso). El lanzamiento oficial ser&#225; a trav&#233;s de un evento virtual el d&#237;a s&#225;bado 11 de abril a las 11 horas de Argentina, 16 horas Espa&#241;a. Habr&#225; mucha m&#225;s promoci&#243;n pronto, pero vayan guardando la fecha. La semana pasada lo coment&#233; en un grupo de amistades y alguien me contest&#243;: <em>&#161;&#191;Coincidir la agenda?! YA ESTOY cocinando el bud&#237;n y preparando el mateeeeeee. </em>Se&#241;oras y se&#241;ores, la manija es total.</p></li><li><p>El d&#237;a 3 de abril haremos un vivo en <a href="https://www.instagram.com/matedekiwi/">Instagram</a> con mi editora, <a href="https://www.instagram.com/lu_bedini/">Lu Bedini</a>, directora de <a href="https://www.instagram.com/potencia_editora/">Potencia Editora</a>, para charlar sobre el libro y el lanzamiento. Ya habr&#225; m&#225;s promo, pero <em>hashtag </em>capricorniana controladora<em>, </em>me gusta ir avisando las cosas con tiempo.<em> </em> </p></li></ol><p>Ahora s&#237;, nos vemos en la pr&#243;xima historia. </p><p>L@s quiero mucho.</p><p>Ari.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#15. Los miedos de publicar un libro]]></title><description><![CDATA[La vulnerabilidad no aparece en las m&#233;tricas]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/15-los-miedos-de-publicar-un-libro</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/15-los-miedos-de-publicar-un-libro</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 08 Mar 2026 11:06:48 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/b2ae5c8e-48cd-4325-80fc-4d8520931da9_2506x1328.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>El mi&#233;rcoles 4 de marzo de 2026 recibo un mensaje de mi editora:</p><p><em>Contame si queda algo por resolver en los archivos o si marcha para imprenta.</em></p><p>Reviso la maqueta de mi libro por tercera vez esta semana. Fuimos haciendo algunos cambios con la dise&#241;adora para que todo quedara como yo quer&#237;a: el tipo y tama&#241;o de letra, las car&#225;tulas de cada cap&#237;tulo, las pocas fotos que contiene, los textos legales de las primeras p&#225;ginas, lo que <em>debe </em>ir en cursiva, los espacios dobles, los errores de tipeo, los saltos de p&#225;gina.</p><p>A esta altura lo amo y lo detesto en partes iguales. Necesito que deje de ser tan m&#237;o y pase a ser de cualquiera que lo lea. Le confirmo que ya est&#225; todo bien y que no tengo nada m&#225;s que corregir.</p><p><em>Listo, en imprenta. Hermoso, Ari. &#161;Lo lograste!</em></p><p><em>Desde aquella charla donde decidiste contar tu historia.</em></p><p><em>Hoy tu libro est&#225; en camino. (emoji de coraz&#243;n).</em></p><p>Me inunda la emoci&#243;n durante unos cuantos minutos.</p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;No te olvides de suscribirte!</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><div><hr></div><p>Y entonces, mientras me repongo de este <em>lograzo</em> que jam&#225;s en mi vida hubiera imaginado, me atropella un tren de alta velocidad cargado con todos los miedos posibles. M&#225;s que una met&#225;fora elegante es un descarrilamiento mental.</p><p>El primero llega rapid&#237;simo:</p><p><strong>&#191;Y si no lo compra nadie?</strong></p><p>Durante meses estuve concentrada en escribir, revisar, editar, volver a escribir. Ese proceso tiene algo muy absorbente. La historia ocupa tanto espacio que una se olvida por momentos de lo que viene despu&#233;s. En alg&#250;n momento el texto deja de ser un archivo en tu computadora y se convierte en un objeto real, con p&#225;ginas, con peso, con olor a tinta fresca.</p><p>Y ese objeto tiene que encontrarse con lectores y lectoras.</p><p>Me imagino cajas de libros apiladas en alg&#250;n dep&#243;sito an&#243;nimo. O peor: en el living de la casa de mis viejos en Tandil, acumulando polvo porque nadie los compr&#243;.</p><p>El segundo miedo llega casi inmediatamente despu&#233;s, con un tono un poco m&#225;s sofisticado pero igual de inquietante.</p><p><strong>&#191;Y si nadie entiende lo que quise decir?</strong></p><p>Las historias de C&#237;clica son reales. Pr&#225;cticamente no hay personajes inventados, ni escenas exageradas para que funcionen mejor narrativamente. Son momentos de mi vida tal como los recuerdo: conversaciones, decisiones, preguntas, episodios que en su momento me desordenaron bastante y que a&#241;os despu&#233;s encontr&#233; la forma de escribir.</p><p>Mientras trabajaba en el manuscrito, muchas veces pensaba en la claridad. En que quien leyera pudiera entrar en la escena sin necesitar demasiada explicaci&#243;n previa. En que las historias respiraran lo suficiente como para que cada persona encontrara su propio lugar dentro de ellas. Ahora aparece la duda inevitable: &#191;ser&#225; suficiente?</p><p>Aunque logremos claridad, aunque las historias respiren, queda otro miedo m&#225;s dif&#237;cil de nombrar: <strong>el de mostrarme tan vulnerable</strong>.</p><p>Mostrar vulnerabilidad suena muy bien en teor&#237;a. En los talleres de escritura, en las charlas sobre creatividad, en las publicaciones inspiracionales de Instagram. La vulnerabilidad aparece como una virtud casi autom&#225;tica, una especie de pasaporte directo hacia la autenticidad.</p><p>En la pr&#225;ctica se siente m&#225;s parecido a dejar una ventana abierta.</p><p>Las historias de C&#237;clica muestran momentos en los que estuve confundida, equivocada, enamorada de las ideas incorrectas, convencida de cosas que despu&#233;s tuve que revisar. Hay decisiones de las que hoy me r&#237;o y otras que todav&#237;a me hacen moverme un poco inc&#243;moda en la silla.</p><p>Hasta ahora todo eso formaba parte de mi archivo personal. Un territorio privado al que acced&#237;a cuando quer&#237;a.</p><p>Alguien va a leer una escena y va a pensar algo sobre m&#237;. Otra persona va a identificarse con algo que yo escrib&#237; casi al pasar. Tambi&#233;n existe la posibilidad de que alguien cierre el libro despu&#233;s de veinte p&#225;ginas porque no le dijo nada. Ese escenario tambi&#233;n est&#225; dentro del paquete.</p><p>Mientras escribo esto, el libro ya est&#225; en la imprenta. En este mismo momento debe haber m&#225;quinas gigantes preparando las planchas, cortando papel, organizando p&#225;ginas que hasta hace muy poco viv&#237;an en mi computadora.</p><p>Hay algo profundamente irreversible en esa imagen.</p><p>Durante meses conviv&#237; con el manuscrito como quien convive con un secreto. Esa etapa termin&#243;.</p><div><hr></div><div class="captioned-button-wrap" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/15-los-miedos-de-publicar-un-libro?utm_source=substack&utm_medium=email&utm_content=share&action=share&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Compartir&quot;}" data-component-name="CaptionedButtonToDOM"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Si te gusta lo que est&#225;s leyendo se lo pod&#233;s compartir a quien vos quieras.</p></div><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/15-los-miedos-de-publicar-un-libro?utm_source=substack&utm_medium=email&utm_content=share&action=share&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Compartir&quot;}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/15-los-miedos-de-publicar-un-libro?utm_source=substack&utm_medium=email&utm_content=share&action=share"><span>Compartir</span></a></p></div><div><hr></div><p>A veces pienso que publicar un libro es como entregar un trabajo final sabiendo que no hay m&#225;s chances de corregir. Escrib&#237;s con cuidado, revis&#225;s mil veces, y en alg&#250;n momento ten&#233;s que soltarlo aunque sepas que hay una coma que podr&#237;as haber puesto mejor. Despu&#233;s pasan cosas que ya no dependen de vos.</p><p>Tal vez una chica lea el libro dentro de unos meses y sienta que estaba escrito para ella. Tal vez otra persona lo abra en el momento justo de su propia historia. Tambi&#233;n puede pasar que alguien lo compre, lo deje en la mesita de luz, y tarde un a&#241;o en abrirlo.</p><p>Mientras tanto, yo sigo ac&#225;, procesando el v&#233;rtigo de que mi editora haya apretado el bot&#243;n de &#8220;enviar a imprenta&#8221;.</p><p>Si todo sale bien, dentro de poco C&#237;clica va a dejar de ser &#250;nicamente m&#237;o.</p><p>Y esa idea, aunque venga acompa&#241;ada de un tren lleno de miedos, tambi&#233;n se siente un poco como libertad.</p><div><hr></div><p>Si le&#237;ste hasta ac&#225;, gracias.</p><p>Si quer&#233;s ver la tapa del libro antes de que salga oficialmente, escribime por Instagram (@matedekiwi). Me encantar&#237;a compartirla con vos y escuchar qu&#233; te parece. Yo todav&#237;a me estoy recuperando de la emoci&#243;n que me dio cuando vi el trabajo de mi amiga Pau Vazquez por primera vez.</p><p>&#161;L@s quiero!</p><p>Ari</p><div><hr></div><p>Ya s&#233; que esta historia se est&#225; publicando en el D&#237;a Internacional de la Mujer. No estoy ac&#225; para bajar ninguna l&#237;nea al respecto. Pero s&#237; tengo dos textos que me encant&#243; escribir y que fueron muy bien recibidos, sobre todos por otras mujeres. </p><p><a href="https://open.substack.com/pub/historiasdeunamigrante/p/14-ver-el-alma?r=17qgfq&amp;utm_campaign=post&amp;utm_medium=web">La historia de Dani y su expo sobre salud mental </a> </p><p>y </p><p><a href="https://substack.com/@historiasdeunamigrante/note/p-184887732?r=17qgfq&amp;utm_source=notes-share-action&amp;utm_medium=web">la historia de mis amigas y un grupo de mujeres en M&#225;laga que me cambiaron el sentimiento hacia los grupos de WhatsApp.</a></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#14. Ver el alma]]></title><description><![CDATA[Jam&#225;s hab&#237;a visto a Dani, no sab&#237;a qui&#233;n era, ni de d&#243;nde ni a qu&#233; se dedicaba.]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/14-ver-el-alma</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/14-ver-el-alma</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 01 Mar 2026 09:02:26 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/6a562280-618e-4d58-9330-82640edfcadd_4032x3024.heic" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Dani es una artista italiana que vive en M&#225;laga, y la primera vez que la vi en una reuni&#243;n de mujeres a las que tampoco conoc&#237;a tanto supe al instante cu&#225;l era ella. </p><p>Lo primero que me llam&#243; la atenci&#243;n fue su corte de pelo tan <em>punk </em>de los 90 que me transport&#243; directo a mi infancia. Dani ten&#237;a la cabeza rapada, excepto por una secci&#243;n bastante gruesa en el centro que formaba una cresta beb&#233; espectacularmente peinada. Estaba vestida toda de negro: zapatos, pantalones, camiseta, cintur&#243;n. Y por encima ten&#237;a una chaqueta <em>oversize </em>color fucsia brillante que yo no pod&#237;a dejar de (ad)mirar.</p><p>Mi amiga <em>chori</em> habr&#237;a estado d&#237;as hablando de la declaraci&#243;n estilo de Dani. Me la imagino tom&#225;ndose el tabique de la nariz con los dedos pulgar e &#237;ndice y dici&#233;ndo <em>&#161;qu&#233; mujer!</em></p><p>Porque, efectivamente, de Dani no me sale pensar, ni decir, ni sentir otra cosa que no sea QU&#201; MUJER.</p><p></p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p></p><p>El d&#237;a que la conoc&#237; fue a ra&#237;z de una exposici&#243;n de arte a la cual nos invit&#243; Paz, la creadora de la comunidad de mujeres migrantes sobre la que habl&#233; en la <a href="https://open.substack.com/pub/historiasdeunamigrante/p/9-las-mujeres-siempre-son-el-refugio?r=17qgfq&amp;utm_campaign=post&amp;utm_medium=web">historia n&#250;mero nueve</a>. Paz organiza encuentros gratuitos casi todos los meses y, esta vez, nos insisti&#243; much&#237;simo con que nos regal&#225;ramos el tiempo para asistir. Ella siempre dice que es una &#8220;militante del ocio&#8221; &#8212;frase que amo&#8212; y nos incentiva a participar de estas reuniones.</p><p>Lo que encontramos en esa expo no se parec&#237;a en nada a la idea liviana que yo ten&#237;a del ocio. Pero &#191;c&#243;mo explicarle a tu comunidad que van a vivir una jornada tan movilizadora, conmovedora, transformadora sin caer en el pecado de sobrevender y generar expectativa por dem&#225;s?</p><p>Yo dud&#233; mucho antes de ir. Era un mi&#233;rcoles por la ma&#241;ana, ten&#237;a varias cosas que todav&#237;a quer&#237;a resolver y me daba mucha pereza tener que abandonar mis primeros mates del d&#237;a para ir a un evento de arte. &#191;Arte, justo yo? Me la paso diciendo que no entiendo el arte, que es una <em>esnobeada</em>, que no me cabe el l&#233;xico que usan, que los cuadros o las esculturas no me provocan nada, que hay cosas que podr&#237;a haber dibujado mi sobrina con cuatro a&#241;os&#8230; en fin, no es lo que m&#225;s me gusta en este mundo.</p><p>Nos juntamos en el Centro Cultural Mar&#237;a Victoria Atencia (MVA) sobre las once de la ma&#241;ana. Paz hab&#237;a organizado con la artista para que nos hiciera una visita guiada que durar&#237;a una hora. Siendo 100 % sincera, la corta duraci&#243;n era lo que m&#225;s me atra&#237;a de todo. Subimos al primer piso, ingresamos a la sala y fue como atravesar un umbral entre el mundo real y la psiquis de Dani. Yo no s&#233; qu&#233; fue lo que pas&#243;, pero podr&#237;a jurar que entramos en un universo paralelo. Parada frente al primer cuadro, me qued&#233; hipnotizada, creo que al igual que las otras veinte mujeres que estaban ah&#237; conmigo. Sent&#237; una electricidad en el cuerpo, como si hubiera un magnetismo entre mis ojos y la obra gigante, repleta de colores tan brillantes como la chaqueta de la artista que ten&#237;a delante de m&#237;. Y entonces, Dani empez&#243; a hablar.</p><p>Apenas termin&#243; de presentarse y de explicar con dos o tres frases que su expo era sobre salud mental, escuch&#233; que alguien detr&#225;s m&#237;o se son&#243; la nariz. Me di vuelta y vi que estaba llorando. Dani tambi&#233;n lo not&#243; e interrumpi&#243; su discurso. Le pregunt&#243; si se sent&#237;a bien y si necesitaba algo. La mujer del p&#250;blico le dijo que estaba muy conmovida porque la obra le tocaba fibras muy sensibles en ella. Dos o tres chicas m&#225;s dijeron que se sent&#237;an igual, y entre todas bromeamos porque esta era reci&#233;n la primera obra de toda la visita. &#191;Saldr&#237;amos ilesas de aquella experiencia?</p><p>Dani nos fue guiando por el recorrido y la experiencia dej&#243; de ser puramente visual para volverse personal. En una de las obras aparec&#237;a una figura femenina con una mano gigante sobre su cabeza, repleta de frases en ingl&#233;s, espa&#241;ol e italiano: <em>non &#232; perfetto, est&#225; mal, as&#237; no se hace, you suck.</em> Mientras la mir&#225;bamos, Dani habl&#243; de exigencias internas, de esa voz que nunca se conforma, de la necesidad de hacerlo todo bien. Mencion&#243; su perfeccionismo con una honestidad que desarmaba cualquier pose art&#237;stica. No hab&#237;a orgullo en esa palabra; hab&#237;a cansancio, hab&#237;a conciencia.</p><p>La conversaci&#243;n, luego, gir&#243; hacia la experiencia de migrar, de sentir soledad, de formar nuevos v&#237;nculos, de empezar de nuevo, de pensar que siempre hay algo que demostrar. Como mujeres, dijo, la vara suele estar alta. Como migrantes, a veces todav&#237;a m&#225;s. Dani hablaba sin dramatismo, con una claridad que no buscaba culpables. Ten&#237;a semejante potencia no solo aquello que contaba sino su manera de expresarlo. Porque nos hablaba de situaciones muy dif&#237;ciles en su vida pero transmit&#237;a mucha alegr&#237;a con su voz.</p><p>Las exigencias familiares tambi&#233;n aparecieron en su relato: expectativas que nadie formula expl&#237;citamente pero que igual se sienten, deseos de estar a la altura, de no defraudar, de ser la que puede, de no pedir ayuda jam&#225;s.</p><p>Escucharla decir todo eso mientras se&#241;alaba detalles de las obras produc&#237;a un efecto extra&#241;o. La artista feroz que se ve&#237;a en los colores intensos y las formas desbordadas tambi&#233;n era una hija intentando hacer todo bien. Tambi&#233;n era una mujer lidiando con su propio est&#225;ndar imposible.</p><p>En alg&#250;n momento mencion&#243; su idea de &#233;xito. Durante a&#241;os lo hab&#237;a asociado con vender, exponer, alcanzar reconocimiento. Con el tiempo esa definici&#243;n se fue desplazando hacia algo m&#225;s silencioso: que alguien se detenga frente a una obra y se sienta visto. Que una persona se emocione. Que algo haga eco.</p><p>La &#250;ltima pieza condensaba todo lo anterior. Un marco amarillo el&#233;ctrico conten&#237;a &#8212;o intentaba contener&#8212; un fondo rojo vibrante que parec&#237;a latir. Desde una masa oscura como el barro emerg&#237;a un cuerpo incompleto, inclinado hacia atr&#225;s, con la boca abierta en un grito que no era estridente pero s&#237; inevitable. La piel estaba trabajada en grises met&#225;licos atravesados por destellos dorados que parec&#237;an grietas luminosas. Fue la primera vez en mi vida que sent&#237; que vi el alma de alguien en una obra de arte.</p><p>Dani habl&#243; de los momentos en que la exigencia deja de ser impulso y empieza a pesar. De la ansiedad, del insomnio, de la presi&#243;n autoimpuesta. Mientras la escuchaba, ese grito adquir&#237;a densidad. Pod&#237;a leerse como desborde, como l&#237;mite, como nacimiento. Varias de nosotras est&#225;bamos en silencio, con los ojos vidriosos fijos en la obra y la respiraci&#243;n apenas contenida. La conexi&#243;n ocurr&#237;a ah&#237; mismo, sin intermediarios.</p><p>Sal&#237; de la exposici&#243;n con una sensaci&#243;n que tard&#233; d&#237;as en ordenar. Algo se hab&#237;a movido y no ten&#237;a que ver con comprender una t&#233;cnica o una corriente art&#237;stica. Ten&#237;a que ver con reconocerme a m&#237; en aquello que hab&#237;a visto.</p><div><hr></div><p></p><p>Unos d&#237;as, y con motivo del d&#237;a de Andaluc&#237;a, despu&#233;s visit&#233; el Museo Picasso en M&#225;laga, m&#225;s porque es una visita que <em>hay que hacer</em> que por gusto. Camin&#233; por las salas amplias, le&#237; las placas, observ&#233; las distintas etapas, los cambios de estilo, las b&#250;squedas formales. Conozco la magnitud hist&#243;rica de Pablo Picasso, su lugar en la transformaci&#243;n del arte del siglo XX. La arquitectura del museo y la curadur&#237;a impon&#237;an una especie de solemnidad que invitaba a la contemplaci&#243;n respetuosa.</p><p>Me detuve frente a varias obras esperando ese peque&#241;o desplazamiento interno que ya sab&#237;a que era posible. Observ&#233; las formas, los colores, las rupturas. Intent&#233; entrar por distintos lugares. Sin embargo, mi cuerpo permanec&#237;a estable. No hubo sorpresa, ni reconocimiento, ni esa incomodidad f&#233;rtil que me hab&#237;a atravesado d&#237;as antes. Caminaba y registraba, pero no me ve&#237;a reflejada en nada. La experiencia era correcta, informada, incluso interesante, aunque distante.</p><p>Al salir entend&#237; con m&#225;s claridad lo que me hab&#237;a sucedido en la exposici&#243;n de Dani. El impacto no proven&#237;a del prestigio ni del nombre en la pared, sino de la cercan&#237;a entre lo que estaba colgado y lo que yo estaba viviendo. Las obras hab&#237;an funcionado como espejos imperfectos, capaces de devolverme algo propio.</p><p>Quiz&#225;s el &#233;xito del que hablaba Dani tenga que ver con eso: con representar, conmover y transformar a alguien en un momento preciso de su historia personal.</p><div><hr></div><p></p><div class="image-gallery-embed" data-attrs="{&quot;gallery&quot;:{&quot;images&quot;:[{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/ebffe045-43b4-4d1a-911f-3dd1671da17e_4032x3024.jpeg&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/8dd26397-6e1c-4726-a5b5-2bc95bc28149_4032x3024.jpeg&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/ea889fe1-5b1a-4bb6-a1cc-79500ffc9ff7_4032x3024.jpeg&quot;}],&quot;caption&quot;:&quot;Algunas de las obras de Dani que fueron descritas en este texto&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;,&quot;staticGalleryImage&quot;:{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/32a03e8c-62d7-4e5c-87fd-cae7ebbec3d8_1456x474.png&quot;}},&quot;isEditorNode&quot;:true}"></div><p></p><div><hr></div><p>Si le&#237;ste hasta ac&#225;, gracias. Me encantar&#237;a saber si alguna vez una obra te atraves&#243; sin previo aviso. &#191;Te pas&#243;? &#191;Cu&#225;ndo fue la &#250;ltima vez que algo art&#237;stico te hizo espejo?</p><div><hr></div><p></p><p><a href="https://www.instagram.com/danielamiazzoarte?utm_source=ig_web_button_share_sheet&amp;igsh=ZDNlZDc0MzIxNw==">Ella es Dani</a> y su expo INSIDE est&#225; disponible hasta el 3 de abril. Si viv&#237;s en M&#225;laga o si ven&#237;s de vista, no te la pod&#233;s perder.</p><p><a href="https://www.instagram.com/pazaloisi?utm_source=ig_web_button_share_sheet&amp;igsh=ZDNlZDc0MzIxNw==">Ella es Paz</a> y es la organizadora de esta ma&#241;ana trascendental que te cont&#233; antes.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#13. Cómo pudimos estar tan seguros]]></title><description><![CDATA[Leer mal, confiar demasiado y correr]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/13-como-pudimos-estar-tan-seguros</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/13-como-pudimos-estar-tan-seguros</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 15 Feb 2026 11:22:00 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!vEw2!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6375b36b-d4ca-4a43-9915-8396bf821366_972x1296.heic" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Salimos de Aarhus en tren rumbo al aeropuerto de Copenhague a las 8.40 de la ma&#241;ana de un d&#237;a de enero de 2018. Esta vez viajamos con una pareja de amigos, Teque y L&#237;a, con quienes viajamos juntos por primera vez, lo cual convierte todo en una aventura compartida llena de mates mentales, planes para hacer en Amsterdam y esa sensaci&#243;n hermosa de que viajar acompa&#241;ados, en este momento, es exactamente lo que tenemos ganas de hacer. Cinco minutos despu&#233;s de que arranca el tren, Teque pregunta:</p><p>&#8212;&#191;A qu&#233; hora llegamos al aeropuerto?</p><p>&#8212;10.20 &#8212;respondemos a coro con Juan</p><p>&#8212;&#191;Est&#225;n seguros? En la app dice 12.20</p><p>&#8212;&#191;C&#243;mo 12.20? No puede&#8230; &#8212;dejo la frase sin terminar porque se me seca la boca y noto un escalofr&#237;o que me corre por la espalda. Juan est&#225; p&#225;lido mirando la pantalla de su tel&#233;fono.</p><p>&#8212;Y el vuelo sale&#8230;. &#8212;pregunta L&#237;a sin preguntar.</p><p>&#8212;12.40 &#8212;confirmamos.</p><p>Se hace un silencio inc&#243;modo, sin dramas pero cargado de matem&#225;tica, ese silencio que aparece cuando te das cuenta de que acab&#225;s de hacer una resta que no te cierra para nada. Veinte minutos desde que el tren se detiene hasta que el avi&#243;n despega. Nos miramos como si acab&#225;ramos de descubrir que el mundo es plano y nos vamos a caer por el borde. &#191;C&#243;mo puede ser que hayamos sacado tan mal las combinaciones? Porque s&#237;, fuimos Juan y yo los que armamos este itinerario brillante. Somos adultos funcionales con estudios universitarios, migramos de continente dos veces, sobrevivimos a tr&#225;mites burocr&#225;ticos en tres pa&#237;ses, &#191;y ahora nos derrota una resta de cuarto grado? &#191;C&#243;mo pudimos estar tan convencidos de que el viaje desde Aarhus hasta Cope iba a durar menos de dos horas?</p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Te pod&#233;s suscribir de manera gratuita y ayudarme a compartir mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><div><hr></div><p></p><p>Decidimos que la amargura no va a hacer que el tren llegue antes, as&#237; que asumimos con falso optimismo que hoy correremos la marat&#243;n del a&#241;o y que nuestro estado f&#237;sico nos va a salvar de nuestra incompetencia organizativa.</p><p>El tren se detiene a las 12.23, no a las 12.20 como promet&#237;a la aplicaci&#243;n. Tres minutos que en cualquier otro contexto no significan nada, pero que en este momento son un insulto c&#243;smico.</p><p>&#8212;Terminal 2, puerta A6. &#161;A correr! &#8212;decimos mientras bajamos del tren como si nos estuvieran persiguiendo zombies.</p><p>Lo que quer&#237;amos gritar era <em>excuse me! </em>Pero, en la desesperaci&#243;n, lo que nos sale es un ruido parecido a una sirena de ambulancia: <em>eeeeeiiiiuuuuuuiiiiiii</em>. La gente nos abre camino como puede, y vamos pasando (bueno, s&#237;, empujando) de a uno a toda velocidad.</p><p>Terminal 2, puerta A6. Lo repetimos como un mantra religioso mientras avanzamos a paso ol&#237;mpico por el aeropuerto. Nuestros amigos no conocen bien el lugar y nosotros tampoco, pero fingimos que s&#237; porque la seguridad del ignorante siempre es m&#225;s convincente que la duda del experto.</p><p>En alg&#250;n punto de la corrida nos separamos. El aeropuerto nos traga y nos escupe en direcciones distintas. Juan acelera y desaparece de mi vista, debe haber activado alg&#250;n modo atleta oculto que desconoc&#237;a. (<a href="https://open.substack.com/pub/historiasdeunamigrante/p/el-dia-que-me-mude-a-malaga?r=17qgfq&amp;utm_campaign=post&amp;utm_medium=web">&#191;Ser&#237;a la precuela del modo superh&#233;roe que cont&#233; ac&#225;?</a>)</p><p>Yo voy detr&#225;s, corriendo lo m&#225;s r&#225;pido que puedo mientras cargo con mi mochila. Teque y L&#237;a quedan m&#225;s atr&#225;s, atrapados en los controles de seguridad con una mochila sospechosa que genera una revisi&#243;n aleatoria mientras el universo prueba nuestra paciencia y nuestros nervios.</p><p>Juan es el primero en llegar a la puerta de embarque a las 12.33, nuevo r&#233;cord mundial que har&#237;a que Usain Bolt le mandara un beso de felicitaci&#243;n. Yo llego varios segundos despu&#233;s, sin aire, con las piernas temblando. La gente de la aerol&#237;nea empieza a impacientarse con esa mezcla de profesionalismo y fastidio que tienen cuando alguien est&#225; por arruinarles el despegue puntual.</p><p>&#8212;&#191;Suben o se quedan? &#8212;preguntan, y esa pregunta deber&#237;a venir acompa&#241;ada de un tambor redoblante porque la decisi&#243;n que tomemos en este momento va a definir si somos buenas personas o unos abandonadores de amigos.</p><p>Por el rabillo del ojo percibimos una cabellera desordenada que viene hacia nosotros a toda velocidad. Sin aire, nos dice:</p><p>&#8212;Perd&#237;-a-L&#237;a. No-la-encuentro. Suban, suban &#8212;. Y apoya las manos en las rodillas, doblando el cuerpo a la mitad, rogando que el aire circule por los pulmones.</p><p>Subir implica dejarlos atr&#225;s. Esperar implica que perdamos el vuelo los cuatro.</p><p>&#8212;-Busquen el pr&#243;ximo vuelo y vemos c&#243;mo arreglamos el gasto, no se preocupen &#8212;le dice Juan.</p><p>En situaciones as&#237;, la amistad entra en modo examen final y descubr&#237;s de qu&#233; estamos hechos realmente. Nos subimos, sin aire, con culpa, sabiendo que la responsabilidad de este desastre es completamente nuestra.</p><p>El avi&#243;n no se mueve.</p><p>Son las 12.50 y seguimos en la pista, lo cual nos da una pizca de esperanza irracional de que tal vez Teque y L&#237;a logren subir.</p><p>Escuchamos que alguien habla en espa&#241;ol a lo lejos y Juan me pregunta:</p><p>&#8212;&#191;Est&#225;n diciendo &#8220;hola, hola&#8221;?</p><p>Entonces, los vemos aparecer por el pasillo como sobrevivientes de una pel&#237;cula de cat&#225;strofe: p&#225;lidos, sin aire, transpirados, pero gloriosamente vivos.</p><p>El avi&#243;n despega poco despu&#233;s y todos nos miramos con esa mezcla de alivio, adrenalina residual y la certeza de que esta historia la vamos a contar durante a&#241;os.</p><div><hr></div><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!vEw2!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6375b36b-d4ca-4a43-9915-8396bf821366_972x1296.heic" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!vEw2!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6375b36b-d4ca-4a43-9915-8396bf821366_972x1296.heic 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!vEw2!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6375b36b-d4ca-4a43-9915-8396bf821366_972x1296.heic 848w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!vEw2!,w_1272,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6375b36b-d4ca-4a43-9915-8396bf821366_972x1296.heic 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data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/6375b36b-d4ca-4a43-9915-8396bf821366_972x1296.heic&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:1296,&quot;width&quot;:972,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:264508,&quot;alt&quot;:null,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:&quot;image/heic&quot;,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/i/188026678?img=https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F6375b36b-d4ca-4a43-9915-8396bf821366_972x1296.heic&quot;,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="" 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image"><svg role="img" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><title></title><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" 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En ese momento fue un mini drama griego en versi&#243;n <em>low cost</em> donde cada segundo contaba y donde la &#250;nica misi&#243;n era llegar.</p><p>Lo que m&#225;s me intriga, adem&#225;s del r&#233;cord ol&#237;mpico que se mand&#243; Juan, es el error.</p><p>Porque no es que decidimos viajar con veinte minutos de margen; no fue una apuesta arriesgada ni una imprudencia temeraria. Est&#225;bamos convencidos de que ten&#237;amos casi dos horas en el aeropuerto. Lo habl&#225;bamos con total seguridad. Lo repetimos en voz alta. Lo afirmamos en plural: llegamos a las 10.20.</p><p>En alg&#250;n punto miramos mal, le&#237;mos r&#225;pido, entendimos lo que quer&#237;amos entender. Y sobre esa certeza equivocada construimos todo el plan.</p><p>Eso es lo inquietante: lo f&#225;cil que es estar absolutamente convencida de algo que no es cierto.</p><p>Nadie dud&#243; ni volvi&#243; a chequear. Nadie dijo &#8220;esperen, mir&#233;moslo otra vez&#8221;. La seguridad compartida tiene un efecto hipn&#243;tico. Si dos personas lo dicen al mismo tiempo, debe ser verdad.</p><p>Despu&#233;s el tren llega a las 12.23 y la realidad corrige sin delicadeza.</p><p>No fue una tragedia. Fue una equivocaci&#243;n humana, simple y desprolija. De esas que no tienen explicaci&#243;n &#233;pica. Solo una suma mal hecha, una pantalla mal le&#237;da y cuatro personas corriendo por un aeropuerto. Tal vez por eso la recordamos tanto. Porque nos gusta pensar que somos adultos razonables que revisan dos veces los horarios. Y, sin embargo, ah&#237; est&#225;bamos: convencidos, p&#225;lidos y desfasados dos horas.</p><p>Llegamos igual.</p><p>Y cada vez que la contamos, alguien dice: &#8220;&#191;Pero c&#243;mo no se dieron cuenta?&#8221;</p><p>No lo s&#233;.</p><p>Supongo que as&#237; funcionan los errores.</p><div><hr></div><p></p><p>Si llegaste hasta ac&#225;, &#161;gracias! Charlemos: &#191;te ha pasado algo as&#237; como lo que cuento en esta historia? &#191;Perdiste vuelos, trenes, buses por estar convencida de algo que no era?</p><div><hr></div><p>Si te quedan ganas de seguir conociendo a estas personas que menciono en mis historias, te cuento que tambi&#233;n las vas a encontrar en las cr&#243;nicas de mi libro <em>C&#237;clica</em>, a la venta dentro de muy poquito.  </p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#12. Plantar un libro]]></title><description><![CDATA[Sobre el proceso, el cansancio, las ganas y el entusiasmo]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/12-plantar-un-libro</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/12-plantar-un-libro</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 08 Feb 2026 10:45:59 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/d71cc24d-8468-4f15-8f6a-1b45c16e8253_4032x3024.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Plantar un libro, tener un &#225;rbol, escribir un hijo.</p><p>Escribir un libro es una actividad que empieza mucho, much&#237;simo antes de sentarse a escribir y termina qui&#233;n sabe cu&#225;ndo. Es decir, la actividad en s&#237; misma de poner las manos sobre el teclado e ir pulsando teclas para formar palabras que, a su vez, forman oraciones y que, de todo eso, salga algo con sentido, es algo que empieza y termina en un tiempo determinado, finito, reducido.</p><p>Como contaba <a href="https://losviajesdenena.com">Laura Lazzarino</a>, mi escritora (de viajes) favorita, en su <em>newsletter</em> acerca de la escritura de su &#250;ltimo libro, cuando una se sumerge de lleno en la tarea de escribir, hay muchos momentos del proceso en los cuales se activa el &#8220;modo libro&#8221;. Y eso quiere decir que todo lo que una lee, escucha, observa, reflexiona y mastica en pensamientos es posible material para el libro que se est&#225; escribiendo.</p><p>Con mi libro me pas&#243; algo similar. El 2025 completo estuve &#8220;en modo libro&#8221;. Aunque debo admitir que tambi&#233;n estuve en modo &#8220;empezar y terminar la tesis de m&#225;ster en ling&#252;&#237;stica&#8221;, en modo &#8220;mudarme de pa&#237;s&#8221;, en modo &#8220;encontrar departamento&#8221;, en modo &#8220;tr&#225;mites&#8221;, en modo &#8220;buscar trabajo&#8221;. Pero as&#237; todo, escrib&#237; un libro. C&#243;mo no enloquec&#237; con semejante cantidad de proyectos de tanto impacto es todav&#237;a un misterio. Mi familia y mis amigas me preguntaban sobre fines de 2025 si ir&#237;a de visita a Argentina, y, con una mano en el coraz&#243;n, les digo que no me entraba en el cuerpo ni en la psiquis sumarle a todos esos modos el de &#8220;volver a mi pa&#237;s&#8221;.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leerme! Con tu email te suscrib&#237;s gratis y no te perd&#233;s ninguna entrega.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p><p>El proceso de escribir un libro, descubr&#237;, tiene varias capas que nadie te cuenta hasta que est&#225;s metida hasta las rodillas en el barro.</p><div><hr></div><p><strong>La escritura en s&#237; misma</strong> fue la parte que m&#225;s disfrut&#233;, aunque tambi&#233;n la m&#225;s agotadora emocionalmente. Cada mes ten&#237;a encuentros con mi editora, a los que llam&#225;bamos &#8220;laboratorios de escritura&#8221;, un nombre que me encantaba porque sonaba a experimento cient&#237;fico literario. Nos junt&#225;bamos por videollamada &#8212;ella en un lado del Atl&#225;ntico, yo en el otro&#8212; y durante una hora discut&#237;amos lo que hab&#237;a escrito, lo que faltaba, lo que sobraba, las ideas nuevas que iban apareciendo para cap&#237;tulos y relatos que todav&#237;a no exist&#237;an.</p><p>Esos encuentros eran como sesiones de terapia narrativa. Mi editora me hac&#237;a preguntas que me obligaban a pensar m&#225;s profundo sobre lo que estaba contando, me se&#241;alaba inconsistencias que yo no ve&#237;a porque estaba demasiado cerca del texto, me animaba a explorar historias que me daba verg&#252;enza escribir porque me expon&#237;an demasiado. Y despu&#233;s me dejaba sola con mis ideas, con mis dudas, con la tarea de volver a sentarme frente al teclado y transformar todo eso en palabras.</p><p> La frase que m&#225;s recuerdo de esos encuentros es &#8220;no seas tan polic&#237;a de la verdad&#8221;, cosa que me costaba horrores porque si hay algo que una cr&#243;nica bien hecha da por sentado es el acuerdo entre lectores y escritores de que lo que se est&#225; contando sucedi&#243; tal cual.</p><p>El &#8220;modo libro&#8221; se me activaba en los momentos m&#225;s inesperados. Una conversaci&#243;n con Juan en el desayuno se convert&#237;a en material. Una an&#233;cdota que record&#225;bamos con amigos migrantes se volv&#237;a inspiraci&#243;n. Una caminata por Aarhus, una charla con una amiga, una noticia en el celular, todo, absolutamente todo, pasaba por el filtro de &#8220;&#191;esto va en el libro?&#8221;</p><p>Hubo semanas donde escrib&#237;a como pose&#237;da, donde las palabras flu&#237;an y sent&#237;a que estaba construyendo algo que ten&#237;a sentido. Y hubo otras donde me pasaba horas mirando la pantalla en blanco, sintiendo que nada de lo que escrib&#237;a serv&#237;a, que estaba perdiendo el tiempo, que nadie iba a querer leer lo que estaba haciendo.</p><div><hr></div><p><strong>La correcci&#243;n de estilo</strong> fue un trabajo enorme que, como traductora y correctora, decid&#237; hacer yo misma. Suena l&#243;gico: si me dedico profesionalmente a corregir textos ajenos, &#191;por qu&#233; no iba a poder corregir el m&#237;o?</p><p>Mentira. Fue un infierno.</p><p>Corregir tu propio texto es como que un dentista se quiera arreglar su propia caries. Sab&#233;s demasiado y a la vez no sab&#233;s nada. Le&#233;s la misma oraci&#243;n quince veces y no pod&#233;s decidir si est&#225; bien o si suena horrible. Te enamor&#225;s de frases que probablemente deber&#237;as borrar. Te obsesion&#225;s con comas que tal vez est&#233;n bien puestas, revis&#225;s las normas de puntuaci&#243;n ochenta mil veces, dud&#225;s hasta de tu sombra.</p><p>Tuve que leer el manuscrito completo varias veces, con d&#237;as de descanso entre lectura y lectura, para poder verlo con ojos frescos. Y aun as&#237;, cada vez que lo abr&#237;a encontraba algo nuevo que corregir, algo que pod&#237;a mejorar, una palabra repetida que no hab&#237;a visto antes, una transici&#243;n que sonaba forzada.</p><p>Hubo un momento donde tuve que decir &#8220;ya est&#225;, si sigo toc&#225;ndolo lo voy a arruinar&#8221;. Y lo dej&#233; ir.</p><p><em>(Cuando publique, alguien me va a decir que en la p&#225;gina 83 me qued&#243; una palabra sin tilde. Ya hice las pases con eso. Si sucede con libros de autores archimegaultra reconocidos, &#191;c&#243;mo no me va a pasar a m&#237;?)</em></p><div><hr></div><p>Y ahora viene la parte que menos disfruto: <strong>la promoci&#243;n</strong>.</p><p>Porque resulta que escribir el libro es solo una parte del trabajo. La otra parte, la que nadie te cuenta cuando empez&#225;s, es que si te autopublic&#225;s, vos sos tu propio equipo de marketing. Vos sos la que tiene que pensar estrategias, crear contenido, filmar videos hablando del libro, armar posteos para redes sociales, mandar emails, hacer ruido para que la gente sepa que tu libro existe.</p><p>Y eso, para alguien como yo que preferir&#237;a dedicarme a escribir tranquila, que detesta hablar bien de s&#237; misma &#8212;qu&#233; decir, &#191;no?&#8212; es agotador.</p><p>Tengo que pensar qu&#233; decir en Instagram sin sonar desesperada por vender. Tengo que filmarme hablando a c&#225;mara sobre el libro sin parecer un infomercial. Tengo que escribir textos promocionales que enganchen pero que no suenen falsos. Tengo que moverme en un mundo que conozco perfectamente, el del marketing digital, las m&#233;tricas, el <em>engagement</em>, los algoritmos, pero en lugar de crear textos para hablar bien de mis clientes, ahora tengo que hablar bien de m&#237; y de algo que yo hice. Un garr&#243;n.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!pZ_n!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F04ca676e-b88d-4fcd-b67d-e13b5a82867d_398x259.heic" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!pZ_n!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F04ca676e-b88d-4fcd-b67d-e13b5a82867d_398x259.heic 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!pZ_n!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F04ca676e-b88d-4fcd-b67d-e13b5a82867d_398x259.heic 848w, 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image"><svg role="img" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><title></title><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div><p></p><p>Y encima tengo que hacerlo mientras sigo viviendo mi vida, dando clases, escribiendo para el Substack, buscando trabajo estable, adapt&#225;ndome a un pa&#237;s nuevo.</p><p>A veces me pregunto si vale la pena.</p><p>Sin embargo, ac&#225; estoy. A un mes de que salga a la venta. Con nervios, con emoci&#243;n, con miedo de que nadie lo compre y con la esperanza de que a alguien le llegue, le resuene, le sirva para sentirse menos sola en su propio proceso migratorio.</p><div><hr></div><p>El libro se llama C&#237;clica. Cr&#243;nicas migratorias para perderse (y encontrarse) en cada estaci&#243;n. Sale en marzo, pronto confirmar&#233; la fecha de preventa y presentaci&#243;n que seguramente ser&#225; <em>online</em>.</p><p>El dise&#241;o de tapa y de contratapa estuvo a cargo de una de las personas m&#225;s talentosas que conozco: mi amiga <a href="https://www.instagram.com/pauvazquez.design?utm_source=ig_web_button_share_sheet&amp;igsh=ZDNlZDc0MzIxNw==">Pau Vazquez</a>. El trabajo que hizo es de una belleza y de un nivel de detalle tan espectacular que todav&#237;a no puedo procesarlo. No solo me representa a m&#237; como autora, sino que representa con pelos y se&#241;ales el contenido del libro.</p><p>La contratapa la escribi&#243; una colega traductora a quien admiro tanto que no me alcanzan las palabras: <a href="https://www.instagram.com/cordobesaenlondres?utm_source=ig_web_button_share_sheet&amp;igsh=ZDNlZDc0MzIxNw==">Mar&#237;a Sheibengraf</a>. No nos conocemos en persona, solo por redes, y a&#250;n as&#237; accedi&#243; desinteresadamente a escribir este texto so&#241;ado a cambio de un alfajor de chocolate blanco, una deuda que me tomo muy en serio. Les comparto solamente un p&#225;rrafo de sus palabras:</p><div class="pullquote"><p><em>Las traductoras tenemos algo en com&#250;n: estamos acostumbradas a vivir en los bordes. Entre una lengua y otra, nunca del todo en un lado ni en el otro, siempre negociando sentidos. Migrar se parece mucho a eso: tampoco est&#225;s completamente ac&#225; ni completamente all&#225;. Lo s&#233; porque tambi&#233;n vivo afuera hace muchos a&#241;os. Le&#233;s el mundo con dos mapas superpuestos, dud&#225;s m&#225;s, compar&#225;s m&#225;s, eleg&#237;s todo el tiempo. Por eso, al leer estos textos, no vi solo una historia de mudanza. Vi a alguien aprendiendo a habitar ese borde: el lugar inc&#243;modo, f&#233;rtil y movedizo donde una se vuelve otra sin dejar de ser quien era.</em></p></div><p>Ojal&#225; que cuando salga el libro tengas ganas de comprarlo. No te prometo la prosa de Borges pero s&#237; vas a encontrarte con historias que tranquilamente te podr&#237;an haber pasado a vos; con reflexiones por momentos graciosas y por momentos m&#225;s profundas; con nostalgia no solo de la propia tierra sino del tiempo que fue y no volver&#225;.</p><div><hr></div><p>Si llegaste hasta ac&#225;, gracias por leer. Y si encima ten&#233;s ganas de decirme &#8220;che, s&#237;, te le&#237;&#8221;, voy recibir ese mensaje con m&#225;s alegr&#237;a que cualquier m&#233;trica de Substack o Instagram.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#11. ¿Qué hago acá?]]></title><description><![CDATA[Migrar, trabajar de lo que se pueda, y terminar cont&#225;ndolo frente a una c&#225;mara]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/11-que-hago-aca</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/11-que-hago-aca</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 01 Feb 2026 10:29:05 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!ZwYm!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Ffcc0b9e4-ed9a-419d-9783-70f5fa158585_3088x2316.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Ayer pas&#233; tres horas sentada frente a dos c&#225;maras profesionales, con luces que me iluminaban la cara desde &#225;ngulos diferentes, un micr&#243;fono de solapa prendido a mi <em>sweater</em> y mi amigo Beto &#8212;de quien les habl&#233; en <a href="https://open.substack.com/pub/historiasdeunamigrante/p/amistades-que-te-salvan-del-algoritmo?r=17qgfq&amp;utm_campaign=post&amp;utm_medium=web">esta historia</a>&#8212; haci&#233;ndome preguntas sobre mi vida de inmigrante como si estuviera entrevistando a alguien importante.</p><p>La escena era surrealista. Est&#225;bamos en una sala de reuniones dentro de una residencia de ancianos que le hab&#237;an prestado a Beto para filmar. Tranquilamente, ese lugar podr&#237;a haber pasado como hoster&#237;a cheta &#8212;me niego a usar la palabra espa&#241;ola para denominar el <em>chetismo</em>&#8212; de esas donde te cobran 200 euros la noche y te dan productos artesanales en el desayuno. Yo estaba sentada en una silla muy c&#243;moda, con una mesa de madera oscura frente a mi, un cuadro colorido a mi espalda. Beto se ubicaba del otro lado de la mesa con sus notas para la charla, mientras que el operador hac&#237;a malabares con sus c&#225;maras, sus tr&#237;podes, sus cables, todo ese aparataje t&#233;cnico que hace que una entrevista casera parezca una producci&#243;n de Netflix.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p>Me hicieron sentir como una estrella de cine esperando que la entrevisten en un programa de TV. Como si mi vida fuera lo suficientemente interesante como para dedicarle tres horas de filmaci&#243;n, montaje y desmontaje de equipos. Mi voz interior, que siempre es dur&#237;sima, solo pensaba en estos memes:</p><div class="image-gallery-embed" data-attrs="{&quot;gallery&quot;:{&quot;images&quot;:[{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/3c6d0901-42a5-437f-bb6d-3d7b2dc1f58e_745x553.png&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/3aa65d5a-ae93-4141-a83f-f42bc961f049_574x567.png&quot;}],&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;,&quot;staticGalleryImage&quot;:{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/e9be311a-1710-46a9-ab51-cdaad1350b99_1456x720.png&quot;}},&quot;isEditorNode&quot;:true}"></div><p></p><p>Y mientras respond&#237;a preguntas sobre mi vida en Tandil,  por qu&#233; me fui de Argentina,  qu&#233; pienso de mi generaci&#243;n de migrantes, qu&#233; sacrifiqu&#233;, qu&#233; gan&#233;, no pude evitar pensar &#8220;&#191;Y yo qu&#233; cuernos hago ac&#225;?&#8221;.</p><p>Esta es la pregunta estrella que nos hacemos todas las personas migrantes en los contextos m&#225;s felices y m&#225;s bizarros que el viaje nos propone.</p><div><hr></div><p>El 30 de enero es mi aniversario de inmigrante. Es f&#225;cil recordar los a&#241;os que llevo fuera de mi pa&#237;s: es la edad exacta de mi sobrino del medio, que naci&#243; el 8 de febrero de 2014, exactamente nueve d&#237;as despu&#233;s de que yo me haya ido.</p><p>En estos 12 a&#241;os de movimiento constante y de estar siempre con la mitad de mi coraz&#243;n en un lugar y la otra mitad en otro; en estos 12 a&#241;os de sentirme muy feliz y conectada con mis viajes, a la vez que muy resignada de la cotidianeidad que me pierdo por haberme ido, no puedo m&#225;s que saberme afortunada, privilegiada y agradecida con la vida que eleg&#237;.</p><p>Pero tambi&#233;n tuve un mont&#243;n de momentos donde me cuestion&#233; absolutamente todo.</p><div><hr></div><p><strong>Nueva Zelanda, vi&#241;edo en Cromwell, verano de 2014.</strong></p><p>Estoy agachada entre las hileras de vides bajo un sol que te derrite la cabeza, cortando racimos de uva con una tijera que me est&#225; destrozando las manos porque todav&#237;a no desarroll&#233; los callos necesarios para este trabajo. Llevo cuatro horas trabajando. Me faltan otras cuatro. Mis compa&#241;eros de hilera son todos mochileros como yo: alemanes, checos, franceses, chilenos, todos ac&#225; por la misma raz&#243;n: juntar plata para seguir viajando.</p><p>El capataz pasa y me dice que vaya m&#225;s r&#225;pido, que tengo que llenar m&#225;s baldes por hora si quiero que me sigan contratando.</p><p>Pienso: &#8220;Tengo un t&#237;tulo universitario. Hablo idiomas. &#191;Qu&#233; mierda hago ac&#225; cortando uvas?&#8221;</p><p>Pero lo pienso sin dramatismo, casi con humor, porque la realidad es que necesito la plata y porque hay algo liberador en hacer un trabajo que no requiere que pienses demasiado.</p><div><hr></div><p><strong>Nueva Zelanda, f&#225;brica de leche en polvo, invierno de 2015.</strong></p><p>Estoy parada en una l&#237;nea de producci&#243;n, vestida como un astronauta, guantes de l&#225;tex y una m&#225;scara que me hace parecer personaje de <em>Breaking Bad</em>. Mi trabajo consiste en agarrar latas de leche en polvo que pasan por una cinta transportadora, revisar que est&#233;n bien selladas, y apilarlas en cajas.</p><p>Llevo seis horas haciendo esto. Me faltan otras dos.</p><p>La m&#250;sica del altoparlante de la f&#225;brica es siempre la misma: un loop infinito de canciones pop de los 2000 que ya me s&#233; de memoria. Cada vez que suena <em>Toxic</em> de Britney Spears, siento que me estoy volviendo loca.</p><p>Pienso: &#8220;Soy traductora. Soy profesora de ingl&#233;s. &#191;Qui&#233;n me mand&#243; a apilar latas al ritmo de Britney?&#8221;</p><p>Pero me r&#237;o sola, porque es tan absurdo que no queda otra que tom&#225;rselo con humor.</p><div><hr></div><p><strong>Dinamarca, hotel en Aarhus, primavera de 2016.</strong></p><p>Estoy limpiando la habitaci&#243;n n&#250;mero 304. Es la s&#233;ptima del d&#237;a. Me faltan ocho m&#225;s. Tengo veinte minutos para dejarla impecable: cambiar s&#225;banas, limpiar ba&#241;o, aspirar, reponer toallas, revisar que no falte nada.</p><p>Encuentro un preservativo usado tirado al lado de la cama.</p><p>Pienso: &#8220;&#191;Qu&#233; hago ac&#225; limpiando forros ajenos?&#8221;</p><p>Junto una cantidad considerable de papel higi&#233;nico y levanto el <em>souvenir</em> del amor, lo tiro, sigo con mi trabajo, porque as&#237; es la vida de inmigrante: a veces ten&#233;s que hacer cosas que jam&#225;s imaginaste que ibas a hacer, y est&#225; bien, porque es temporal, porque es parte del proceso.</p><div><hr></div><p><strong>Dinamarca, </strong><em><strong>delivery</strong></em><strong>, oto&#241;o de 2021.</strong></p><p>Estoy repartiendo comida en bicicleta por las calles de Aarhus. O, al menos, eso es lo que se supone que deber&#237;a hacer. Pero hoy, mi <em>app</em> del trabajo me env&#237;a a buscar un pedido a un lugar al que nunca entr&#233;. Llueve. Hace fr&#237;o. Llevo puestas tres capas de ropa m&#225;s un impermeable, pero igual estoy empapada. Acepto la tarea y voy siguiendo el mapa hasta llegar a la direcci&#243;n indicada. Abro los ojos como dos platos: estoy en un <em>sex shop</em>. Para verificar que no me haya equivocado, reviso la descripci&#243;n del producto que el cliente pidi&#243;. Dice clarito y mezclado entre palabras como <em>max</em>, <em>pro</em>, y <em>super</em> que esta persona pidi&#243; un succionador de cl&#237;toris. Guardo el paquetito que me dan y voy muerta de risa a entregarle el pedido al cliente.</p><p>Llego a la direcci&#243;n. Toco el timbre. Un tipo me abre en pijama, se sonroja cuando ve que su repartidor es una mujer y me dice <em>thank you. </em>Le devuelvo una sonrisa c&#243;mplice y le respondo <em>Have fun!</em></p><p>Pienso divertida: &#8220;&#191;Qu&#233; hago repartiendo juguetes sexuales en bicicleta?&#8221;</p><p>Y me r&#237;o con una carcajada sonora.</p><div><hr></div><p><strong>Dinamarca, empresa de golf, verano de 2025.</strong></p><p>Estoy en una oficina revisando bases de datos de torneos de golf. No s&#233; nada de golf. Nunca jugu&#233; al golf. No me interesa el golf. Pero ac&#225; estoy, chequeando que los nombres de los jugadores est&#233;n bien escritos, que los puntajes coincidan, que todo est&#233; en orden para la publicaci&#243;n que vamos a hacer en las redes sociales de la empresa.</p><p>Mi jefe me pide que haga una <em>newsletter </em>con varios anuncios y utiliza terminolog&#237;a que en mi vida escuch&#233;. Le digo que s&#237; a todo, y cuando termina de explicarme, para disimular mi ignorancia, le pido si me lo pasa por email para investigar mejor. Daniel sonr&#237;e y me dice que le parece muy bien tener todo por escrito, as&#237; no hay malos entendidos.</p><p>Pienso: &#8220;&#191;Qu&#233; hago yo trabajando en la industria del golf?&#8221;</p><p>Pero cobro a fin de mes, y eso es lo que importa.</p><div><hr></div><p>Ahora estoy ac&#225;, en M&#225;laga, sentada frente a una c&#225;mara profesional, con Beto haci&#233;ndome preguntas sobre mis visiones generacionales, sobre todas las veces que me cuestion&#233; lo que estaba haciendo, sobre todas las veces que pens&#233; en volver y no lo hice, sobre todas las veces que eleg&#237; quedarme aunque fuera dif&#237;cil.</p><p>Y me doy cuenta de que todas esas veces que me pregunt&#233; &#8220;&#191;qu&#233; hago ac&#225;?&#8221;, fueron las que me trajeron hasta este momento, hasta esta entrevista, hasta esta vida que constru&#237; a base de trabajos aleatorios, de mudanzas constantes, de adaptarme a lo que sea.</p><p>Beto me pregunta:</p><p>&#8212;&#191;Sent&#237;s que los argentinos tenemos una fuerza invisible que nos empuja hacia adelante; a prosperar, a viajar, a buscarnos la vida?</p><p>Pienso en la capacidad de adaptaci&#243;n que nos caracteriza, no solo como argentinos, sino como personas migrantes. Y le digo que s&#237;, que sin lugar a dudas. Porque en el juego de la migraci&#243;n, quien viaja y no se adapta a las situaciones nuevas, pierde. Porque pienso en mi recorrido como migrante, y s&#237;, hubo momentos duros, trabajos horribles. Hubo d&#237;as donde me sent&#237; perdida, agotada, cuestionando hasta mi nombre.</p><p>Pero tambi&#233;n hubo momentos hermosos. Hubo aprendizajes que no habr&#237;a tenido de otra manera. Hubo personas que conoc&#237; y que me cambiaron la vida. Hubo versiones de m&#237; misma que descubr&#237; solo porque me anim&#233; a salir de mi zona de confort y hacer cosas que jam&#225;s pens&#233; que iba a hacer.</p><p>Y ahora, doce a&#241;os despu&#233;s, sentada en una residencia de ancianos &#8212;en la que me <em>recontra</em> veo viviendo con mis amigas en un futuro&#8212;, con luces profesionales ilumin&#225;ndome la cara y un amigo jubilado que me trata como si fuera alguien importante, me doy cuenta de que todas esas veces que me pregunt&#233; &#8220;&#191;qu&#233; <em>joraca</em> hago ac&#225;?&#8221;, fueron necesarias para llegar hasta donde estoy hoy.</p><div class="image-gallery-embed" data-attrs="{&quot;gallery&quot;:{&quot;images&quot;:[{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/fcc0b9e4-ed9a-419d-9783-70f5fa158585_3088x2316.jpeg&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/heic&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/102e4e0f-fe79-4db4-8c30-94af6a393b77_3024x4032.heic&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/heic&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/600a7abc-b186-41c7-9f85-ce524d83dcd5_3024x4032.heic&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/heic&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/3dcbb1d3-2233-4d0c-a25c-64106c335a13_3024x4032.heic&quot;}],&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;,&quot;staticGalleryImage&quot;:{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/a968fc1b-5ba6-45c1-88a8-8369fa8a123e_1456x1456.png&quot;}},&quot;isEditorNode&quot;:true}"></div><p></p><div><hr></div><p>Gracias, Beto, por hacerme sentir como una estrella de cine. Y gracias por dejarme hablar en tu entrevista sobre el lanzamiento de mi primer libro, <em>C&#237;clica. Cr&#243;nicas migratorias para perderse y encontrarse en cada estaci&#243;n.</em></p><p>Y gracias a vos, que le&#237;ste hasta ac&#225;, por acompa&#241;arme en este viaje.</p><p> <a href="http://albertogauna.com/">Ac&#225;</a> se puede ver el trabajo de Beto.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">&#161;Gracias por leer! Suscr&#237;bete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#10. Volver al aula]]></title><description><![CDATA[Una historia sobre redescubrir(se)]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/volver-al-aula</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/volver-al-aula</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 25 Jan 2026 09:01:57 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/356acce9-ff2b-49f3-bae7-4d81b43249b5_4032x3024.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>&#8212;<em>Teacher</em>, &#191;c&#243;mo se dice &#8220;me da igual&#8221; en ingl&#233;s?</p><p>&#8212;<em>I don&#8217;t care</em>. Pero ojo, porque depende del contexto. Si quer&#233;s sonar m&#225;s amable, pod&#233;s decir <em>I don&#8217;t mind</em>, que es como decir &#8220;me da lo mismo&#8221; pero sin el tono de &#8220;me importa un pepino&#8221;.</p><p>El grupo entero se r&#237;e. Una alumna levanta la mano.</p><p>&#8212;&#191;Y &#8220;qu&#233; guay&#8221;?</p><p>&#8212;<em>How cool</em>. O simplemente <em>cool</em>, que funciona para casi todo.</p><p>Otro levanta la mano desde el fondo.</p><p>&#8212;Teacher, mi primo que vive en Londres dice <em>innit</em> todo el tiempo. &#191;Qu&#233; significa?</p><p>&#8212;Ah, eso es brit&#225;nico. Es como decir &#8220;&#191;no?&#8221; al final de una frase. Viene de <em>isn&#8217;t it</em>, pero lo acortan tanto que queda <em>innit</em>. Por ejemplo: <em>The weather is nice today, innit</em>? Ser&#237;a como &#8220;hace buen tiempo hoy, &#191;no?&#8221;</p><p>&#8212;&#191;Y t&#250; tambi&#233;n lo usas, se&#241;o?</p><p>&#8212;No, porque yo aprend&#237; ingl&#233;s m&#225;s neutral, sin tantos modismos brit&#225;nicos. Pero lo entiendo perfecto.</p><p>Estoy parada frente a un grupo de adolescentes de catorce a&#241;os en Colmenar, un pueblito de tres mil quinientos habitantes cerca de M&#225;laga. Un lugar peque&#241;o, rodeado de olivares y sierras petisas. Es mi tercera hora seguida dando clases y todav&#237;a me sorprende lo natural que se siente estar ac&#225;, con un marcador en la mano, respondiendo preguntas, explicando diferencias entre el ingl&#233;s americano y el brit&#225;nico, ri&#233;ndome de sus ocurrencias.</p><p>Hac&#237;a m&#225;s de una d&#233;cada que no pisaba un aula como profesora de ingl&#233;s. M&#225;s de diez a&#241;os desde la &#250;ltima vez que me par&#233; frente a un grupo de estudiantes con un marcador en la mano y la responsabilidad de ense&#241;arles algo &#250;til. En el medio hubo de todo: vi&#241;edos en Nueva Zelanda donde cosechaba uvas bajo un sol que te derret&#237;a la cabeza, hoteles donde limpiaba habitaciones a contrarreloj, restaurantes en Dinamarca donde serv&#237;a platos con una sonrisa fingida, oficinas donde, por momentos, el tiempo no avanzaba; dep&#243;sitos donde armaba pedidos hasta que me dol&#237;an los brazos. Prob&#233; de todo. Literalmente de todo. Menos volver a ser profe.</p><p>&#191;Por qu&#233;? Es una pregunta que no para de darme vueltas en la cabeza estos &#250;ltimos d&#237;as. Supongo que quer&#237;a demostrarme que pod&#237;a hacer otras cosas, que era capaz de sobrevivir con otros trabajos, que no necesitaba depender de mi t&#237;tulo universitario para ganarme la vida en otro pa&#237;s. Y lo logr&#233;. Sobreviv&#237;. Trabaj&#233; duro, me cans&#233;, me frustr&#233;, me sent&#237; orgullosa y agotada por partes iguales. Pero nunca me pregunt&#233; si volver a ense&#241;ar pod&#237;a ser una opci&#243;n, como si esa parte de mi vida hubiera quedado encerrada para siempre en Argentina.</p><p>Hasta que apareci&#243; esta oportunidad en un pueblito cerca de M&#225;laga. Una academia de idiomas donde cubrir una suplencia para dar clases de ingl&#233;s por las tardes durante un mes. Lo pens&#233; bastante porque me daba miedo volver a algo que hab&#237;a dejado tan atr&#225;s, como si al regresar estuviera admitiendo que todos esos a&#241;os probando otras cosas no hab&#237;an servido de nada. Pero la realidad es que necesitaba el trabajo y, en el fondo, ten&#237;a curiosidad por saber si todav&#237;a me gustaba, si todav&#237;a se me daba bien, si todav&#237;a me generaba algo.</p><p>El primer d&#237;a sal&#237; con tiempo de sobra porque ten&#237;a cuarenta y cinco minutos de bus hasta el pueblo y los nervios no me dejaban calcular mal los tiempos. Llegu&#233; a la academia con media hora de anticipaci&#243;n. Me presentaron, me mostraron el aula, me explicaron c&#243;mo funcionaba el sistema. Todo muy amable, muy organizado, muy &#8220;tranquila que ac&#225; somos todos buena gente&#8221;. Yo asent&#237;a mientras por dentro pensaba &#8220;tengo cinco horas seguidas de clases, cinco grupos diferentes, alumnos de entre ocho y veinte a&#241;os, &#191;en qu&#233; momento dije que s&#237; a esto?&#8221;</p><p>Entr&#243; el primer grupo. Ocho chicos de unos diez a&#241;os, mir&#225;ndome con esa mezcla de curiosidad y desconfianza que tienen los ni&#241;os cuando ven una cara nueva a cargo del aula. Me present&#233; en ingl&#233;s. Despu&#233;s en espa&#241;ol. Les expliqu&#233; que ven&#237;a de Argentina, que llevaba poco tiempo en Espa&#241;a, que me gustaba ense&#241;ar ingl&#233;s y que esperaba que nos llev&#225;ramos bien.</p><p>Y ah&#237; pas&#243; algo que no hab&#237;a previsto.</p><p>Uno de los chicos levant&#243; la mano y me pregunt&#243; si conoc&#237;a a Messi.</p><p>Me re&#237;. Les dije que no, que Messi era de otra ciudad de mi pa&#237;s y que Argentina es enorme, es imposible conocernos entre todos. Pero el chico insisti&#243;:</p><p>&#8212;Pero habl&#225;s como &#233;l, &#191;no?</p><p>&#8212;S&#237;, hablo como &#233;l. Somos del mismo pa&#237;s..</p><p>Eso fue todo. A partir de ese momento, mi credibilidad, mis habilidades como profesora de ingl&#233;s quedaron en un segundo plano. Lo importante era que yo hablaba como Messi. Que ven&#237;a del mismo lugar que Messi. Que, en alg&#250;n universo paralelo, podr&#237;a haber sido amiga de Messi.</p><p>El segundo grupo fue igual. Y el tercero. Y el cuarto. Cada vez que me presentaba, alguien mencionaba a Messi. Algunos me preguntaban si en Argentina todos jugaban al f&#250;tbol tan bien como &#233;l. Otros quer&#237;an saber si yo tambi&#233;n jugaba. Una chica me pregunt&#243; si en Argentina tom&#225;bamos mate todo el d&#237;a. Otro me pregunt&#243; si era verdad algo que le hab&#237;a escuchado decir a un <em>streamer</em> cuyo nombre no recuerdo.</p><p>A los quince minutos de la primera clase, los nervios se me hab&#237;an ido. Me di cuenta de que esos chicos no me estaban juzgando, ni evaluando, ni esperando que fuera perfecta. Solo quer&#237;an saber qui&#233;n era esa profesora nueva que hablaba raro y ven&#237;a de un pa&#237;s lejano. Y yo pod&#237;a trabajar con eso.</p><p>Las cinco horas pasaron volando. Hubo momentos ca&#243;ticos, como cuando un grupo de adolescentes decidi&#243; que era m&#225;s divertido preguntarme sobre mi vida que hacer los ejercicios del libro. Hubo momentos de silencio inc&#243;modo, como cuando nadie entend&#237;a una actividad y yo ten&#237;a que explicarla de cuatro formas diferentes hasta que alguien la pescaba. Pero tambi&#233;n hubo risas, preguntas genuinas, conexi&#243;n.</p><p>Cuando termin&#243; la &#250;ltima clase y sal&#237; volv&#237; a mi casa, me qued&#233; un buen rato en el sill&#243;n procesando la jornada que hab&#237;a tenido. Me hab&#237;a pasado m&#225;s de una d&#233;cada trabajando en cosas que me agotaban f&#237;sica y emocionalmente, demostr&#225;ndome que pod&#237;a sobrevivir en cualquier contexto, adapt&#225;ndome a lo que fuera. Y todo eso estuvo bien. Me ense&#241;&#243; cosas que no habr&#237;a aprendido de otra manera. Me hizo m&#225;s fuerte, m&#225;s resiliente, m&#225;s consciente de lo que pod&#237;a soportar.</p><p>Pero ese d&#237;a, volviendo a hacer algo que hab&#237;a dejado tanto tiempo atr&#225;s, me di cuenta de algo que hab&#237;a estado negando durante a&#241;os: esta profesi&#243;n me gusta. Me hace bien. Soy buena en esto. Y me da una satisfacci&#243;n que ning&#250;n trabajo f&#237;sico, por m&#225;s digno que sea, me hab&#237;a dado antes.</p><p>Me pregunto por qu&#233; tard&#233; tanto en volver. Por qu&#233; necesit&#233; probar todo lo dem&#225;s antes de darme cuenta de que lo que hab&#237;a estudiado, lo que me apasionaba cuando ten&#237;a veintipico, segu&#237;a siendo v&#225;lido ahora. Tal vez porque migrar te hace sentir que ten&#233;s que empezar de cero en todo, que tu pasado profesional no cuenta, que lo &#250;nico que importa es sobrevivir como sea. O tal vez porque ten&#237;a miedo de volver a algo conocido y descubrir que ya no me gustaba, que hab&#237;a cambiado demasiado, que esa versi&#243;n de m&#237; que disfrutaba ense&#241;ando hab&#237;a quedado enterrada en otra vida.</p><p>Pero resulta que esa versi&#243;n sigue ac&#225;. Un poco m&#225;s vieja, bastante m&#225;s cansada, con m&#225;s historias para contar, pero sigue ac&#225;. Y lo que m&#225;s me sorprende es que los alumnos me recuerdan por qu&#233; me gustaba esto en primer lugar. Porque cuando un chico de diez a&#241;os te mira con los ojos brillantes y te dice &#8220;<em>teacher</em>, ya entend&#237;&#8221;, sent&#237;s que est&#225;s haciendo algo que importa. Cuando una adolescente t&#237;mida se anima a hablar en ingl&#233;s por primera vez frente a toda la clase y despu&#233;s te sonr&#237;e orgullosa, sent&#237;s que tu trabajo tiene sentido. Y cuando un grupo entero se rie porque les contaste una an&#233;cdota en <em>spanglish</em> mezclando expresiones argentinas con ingl&#233;s brit&#225;nico, sent&#237;s que est&#225;s exactamente donde ten&#233;s que estar.</p><p>Lo m&#225;s gracioso de todo es que mi <em>hit</em> en el pueblo no tiene nada que ver con mi experiencia dando clases, ni con mis estrategias pedag&#243;gicas, ni con mi dominio del idioma. Mi <em>hit</em> es que hablo como Messi. Que vengo del mismo pa&#237;s que el tipo que consideran un dios del f&#250;tbol. Y aunque me da un poco de risa que esa sea mi carta de presentaci&#243;n, tambi&#233;n me parece hermoso. Porque lo que genera conexi&#243;n con los alumnos no es que seas perfecta o que tengas todas las respuestas, sino que seas genuina, que vengas de alg&#250;n lado, que tengas una historia que contar.</p><p>Y vaya si tengo historias para contar.</p><div><hr></div><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><div><hr></div><p></p><p>Voy al pueblo de lunes a viernes. Cuarenta y cinco minutos en bus desde M&#225;laga, escuchando m&#250;sica, prepar&#225;ndome mentalmente para las clases que arrancan a las 16 horas, pensando en qu&#233; actividades van a funcionar mejor con cada grupo. Y cada vez que llego, me sigue sorprendiendo lo bien que me siento cuando entro al aula. Esa sensaci&#243;n de estar haciendo algo que me gusta, que se me da bien, que me gratifica de una manera que no sab&#237;a que necesitaba.</p><p>No s&#233; si voy a quedarme en esto para siempre. Pero por ahora, volver al aula despu&#233;s de m&#225;s de una d&#233;cada fue una de las mejores decisiones que tom&#233; desde que llegu&#233; a Espa&#241;a. Y si algo aprend&#237; de todos esos a&#241;os de trabajos <em>random</em> por el mundo es que est&#225; bien cambiar de opini&#243;n, est&#225; bien volver a cosas que dejaste atr&#225;s, est&#225; bien redescubrir que lo que te gustaba a los veinte tambi&#233;n te puede gustar a los cuarenta y pico.</p><p>Porque al final, migrar no se trata solo de dejar todo atr&#225;s y empezar de cero. Tambi&#233;n se trata de llevarte pedazos de vos misma a donde sea que vayas, y de darte cuenta de que algunas cosas, por m&#225;s que las entierres durante a&#241;os, siguen ah&#237; esperando a que las vuelvas a sacar a la luz.</p><div><hr></div><p></p><p>Si llegaste hasta ac&#225;, gracias por leer. En serio. Compartir estas historias es una forma de procesar todo lo que me pasa, y saber que alguien del otro lado las lee me hace sentir un poco acompa&#241;ada en este caos hermoso que es migrar.</p><p>Y ya que estamos: redescubrir que me encanta ense&#241;ar me hizo pensar que tal vez sea hora de volver a dar clases <em>online</em>, como hac&#237;a hace a&#241;os. Si alguna vez pensaste en mejorar tu ingl&#233;s con alguien que te entienda en espa&#241;ol y que no te juzgue por empezar desde lo b&#225;sico, lo intermedio, retomar lo avanzado (o desde donde sea que est&#233;s), escribime. Capaz armamos algo.</p><div><hr></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[# 9. Las mujeres siempre son el refugio]]></title><description><![CDATA[O sobre por qu&#233; termin&#233; en un grupo de WhatsApp que jur&#233; que jam&#225;s iba a unirme]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/9-las-mujeres-siempre-son-el-refugio</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/9-las-mujeres-siempre-son-el-refugio</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 18 Jan 2026 09:01:17 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/e6824271-fca8-4ce1-9300-e33acabfb2ff_1280x960.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Veo mucho <em>Sex and The City</em>. Mucho m&#225;s de lo que me atrevo a admitir. Es mi <em>guilty pleasure</em> m&#225;s grande, ese que no cuento demasiado porque pareciera que hay que pedir perd&#243;n por emocionarse con una serie que tiene un mill&#243;n de problemas, que envejeci&#243; mal en muchos aspectos, que es blanca y privilegiada hasta el rid&#237;culo. Todo eso es cierto, y aun as&#237;, hay algo en el v&#237;nculo de esas cuatro mujeres que me emociona un mont&#243;n.</p><p>Me importa tres ovarios la guita est&#250;pida que tienen, los hombres con los que salen, las grandes marcas que usan; hasta me da lo mismo Nueva York. La serie podr&#237;a llamarse <em>Cuatro amigas en Kuala Lumpur </em>o <em>Mir&#225; que vas a gastarte 600 d&#243;lares en zapatos con un sueldo de escritora en Nueva York.</em></p><p>Lo que a m&#237; me conmueve una y otra vez es la amistad.</p><p>Es verlas tener rituales sagrados que no relegan por nada, como el <em>brunch</em> de los s&#225;bados donde se juntan a comer, a tomar algo, a contarse todo con pelos y se&#241;ales. Es verlas estar ah&#237;, contra viento y marea,  como cuando Carrie llora en el piso del ba&#241;o porque Mr. Big se cas&#243; con otra; cuando Charlotte grita en plena calle porque no puede quedar embarazada; cuando Miranda quiere criar a su beb&#233; sola porque cree que no necesita ayuda de nadie; o cuando Samantha &#8212;el mejor personaje, por lejos&#8212; derriba tab&#250;es sociales, generacionales, sexistas y se lleva puesto hasta el mism&#237;simo c&#225;ncer.</p><p>Y las otras tres est&#225;n siempre ah&#237;, escuchando, conteniendo, diciendo la verdad aunque duela.</p><p>Esa es la parte que me hace volver: verlas ser refugio unas de otras. Porque a fin de cuentas, cuando todo se desmorona, las mujeres siempre somos el refugio.</p><div><hr></div><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><div><hr></div><p>Cuando migr&#225;s la amistad se transforma. Los v&#237;nculos nuevos se vuelven mucho m&#225;s intensos porque una se aferra a la relaci&#243;n como si fuera de toda la vida. A veces eso sale hermoso, y otras veces es demasiado para una relaci&#243;n que todav&#237;a est&#225; aprendiendo a existir.</p><p>La cosa tambi&#233;n muta con las amistades que se dejan en el pa&#237;s de origen. Primero, porque dej&#225;s de compartir la cotidianeidad que te un&#237;a.</p><p>Segundo&#8230; ya caduc&#243; &#8220;<em>segundo, Francia&#8221;</em>, &#191;no?</p><p>Segundo, porque muchas personas no entienden el deseo migratorio y se enojan. No fue mi caso, pero conoc&#237; a gente cuyos amig@s les dijeron que si se iban del pa&#237;s no les hablaban m&#225;s, Y LO CUMPLIERON.</p><p>A m&#237; me cost&#243; mucho encontrar mi grupo, pero fui tremendamente afortunada con el que me adopt&#243;. Mis amigas son mis momentos m&#225;s felices. Siempre lo fueron. En Argentina, en Nueva Zelanda, en Tailandia, en Australia, en Dinamarca, ahora ac&#225; en Espa&#241;a. Y no hablo de las amigas que me hice en esos lugares, sino de las amigas que tengo desde hace m&#225;s de veinte a&#241;os.</p><p>Cada vez que miro para atr&#225;s y busco una foto mental de alegr&#237;a pura, aparecen ellas. Mis amigas ri&#233;ndose de algo rid&#237;culo en un bar. Mis amigas charlando en mientras cocinamos. Mis amigas mand&#225;ndome audios de diez minutos para contarme algo que les pas&#243;. Mis amigas respondiendo mis crisis existenciales a las tres de la ma&#241;ana con un &#8220;te entiendo&#8221; que me salva.</p><p>Pero ac&#225; en M&#225;laga, durante los primeros meses, ese sost&#233;n estaba a 11 000 kil&#243;metros de distancia. Ten&#237;a a Juan, que adem&#225;s de ser mi pareja es mi amigo, mi familia, y mi ancla cotidiana. Con &#233;l comparto todo, pero hay cosas que se comparten distinto entre mujeres. Hay conversaciones que necesitan de otra mirada, de otra energ&#237;a.</p><p>Y entonces apareci&#243; la invitaci&#243;n al grupo de WhatsApp.</p><p>&#8220;Mujeres migrantes en M&#225;laga&#8221;, dec&#237;a. &#8220;749 miembros&#8221;.</p><p>Lo mir&#233; durante d&#237;as. Literalmente d&#237;as. Le di vueltas como si me estuvieran invitando a saltar de un avi&#243;n sin paraca&#237;das.</p><p>Yo no me uno a grupos masivos de gente que no conozco. Me dan p&#225;nico. Siempre est&#225;n cargados de sarcasmo disfrazado de humor, de opiniones desencontradas que terminan en peleas pasivo-agresivas, de gente que cancherea para demostrar que sabe m&#225;s que los dem&#225;s. Prefiero el silencio antes que meterme en esos circos digitales.</p><p>Pero la soledad me estaba ganando. Esa soledad espec&#237;fica de la vida migrante, donde pod&#233;s estar acompa&#241;ada f&#237;sicamente, pero sentir que nadie entiende realmente lo que te pasa. Entonces, di el brazo a torcer. Me un&#237;. Y menos mal.</p><p>El grupo result&#243; ser un oasis. Mujeres compartiendo data &#250;til sobre tr&#225;mites, sobre m&#233;dicos, sobre lugares donde alquilar sin que te estafen, sobre trabajos, sobre escuelas. Pero tambi&#233;n compartiendo miedos, dudas, frustraciones. Y todas las dem&#225;s respondiendo con informaci&#243;n, con &#225;nimo, con un &#8220;a m&#237; me pas&#243; lo mismo y se resuelve, tranquila&#8221;. Cero sarcasmo. Cero competencia. Puro apoyo.</p><p>A la semana de haberme unido organizaron un encuentro presencial. Una tarde de jueves en una cafeter&#237;a de otros compatriotas. Estuve a punto de no ir porque el encuentro era a las 17:30 y yo ten&#237;a turno de fisioterapia hasta las 18. Si hubiera estado en Dinamarca, ni siquiera me planteaba ir o no ir. Directamente no iba. Llegar media hora tarde a un encuentro n&#243;rdico es sin&#243;nimo de ofensa absoluta. Pero pens&#233; &#8220;<em>&#161;solt&#225; Dinamarca, Ariadna! Ac&#225; no pasa nada si avis&#225;s que vas a llegar m&#225;s tarde</em>&#8221;.</p><p>Fui. Con esa mezcla de emoci&#243;n y timidez que me agarra cada vez que tengo que conocer gente nueva.</p><p>Llegu&#233; y ya hab&#237;a m&#225;s de veinte mujeres sentadas en dos hileras de mesas y sillas. Me recibieron como si me conocieran de toda la vida. Me present&#233;. Escuch&#233; sus nombres, sus ciudades de origen, sus historias de llegada a Espa&#241;a.</p><p>Y ah&#237; empez&#243; a pasar algo que no me esperaba para nada.</p><p>Una cont&#243; que llevaba seis meses buscando trabajo y que estaba a punto de rendirse. Otra dijo que su pareja hab&#237;a conseguido r&#225;pido, pero que ella no lograba ni una entrevista. Otra explic&#243; que estaba agotada de ser la que sostiene emocionalmente a toda su familia mientras ella se ca&#237;a a pedazos por dentro.</p><p>&#8220;Primero tienen que estar bien mis hijos&#8221;.</p><p>&#8220;Primero me enfoco en que mi marido encuentre trabajo&#8221;.</p><p>&#8220;Primero ayudo a mi mam&#225; con los tr&#225;mites, despu&#233;s veo lo m&#237;o&#8221;.</p><p>Primero, primero, primero. Y ellas siempre al final de la fila, un lugar que ocupaban m&#225;s por costumbre que por falta de deseo.</p><p>Escuch&#233; cada historia y sent&#237; que me estaban contando la m&#237;a. Porque yo tambi&#233;n hago eso. Priorizo a los dem&#225;s, me pongo en segundo plano como si fuera lo natural, como si no tuviera sentido ocuparme de m&#237; cuando hay otras personas que necesitan que est&#233; entera para sostenerlas. <em>(Un besito a Violeta, mi psic&#243;loga)</em>.</p><p>Ese d&#237;a, sentada en esa cafeter&#237;a con esas mujeres que acababa de conocer, entend&#237; que todas est&#225;bamos haciendo lo mismo. Todas &#233;ramos el refugio de alguien m&#225;s. Y aun as&#237;, necesit&#225;bamos un refugio propio tambi&#233;n.</p><p>Una de las chicas dijo algo que me qued&#243; grabado:</p><p>&#8212;Migrar te obliga a ser fuerte todo el tiempo. Porque si vos te ca&#233;s, se cae todo. Entonces aguant&#225;s. Aguant&#225;s hasta que no pod&#233;s m&#225;s. Y cuando finalmente te anim&#225;s a decir &#8220;no puedo m&#225;s&#8221;, te sent&#237;s culpable porque pens&#225;s que sos vos la que est&#225; fallando.</p><p>Todas asentimos porque todas lo hab&#237;amos sentido.</p><p>Y entonces otra dijo:</p><p>&#8212;Por eso estamos ac&#225;. Porque necesitamos un lugar donde podamos decir &#8220;no puedo m&#225;s&#8221; sin sentirnos culpables. Donde podamos ser las que necesitan, no solo las que sostienen.</p><p>Me emocion&#233;. Literal. Se me llenaron los ojos de l&#225;grimas ah&#237; mismo, rodeada de mujeres que acababa de conocer pero que ya sent&#237;a cercanas.</p><p>Las mujeres siempre somos refugio. Para las parejas, para los hijos, para las familias, para las amistades. Somos el lugar donde otros pueden aflojar, equivocarse, cansarse. Con el tiempo &#8212;y con otras mujeres&#8212; aprendemos algo m&#225;s importante todav&#237;a: tambi&#233;n podemos ser refugio entre nosotras.</p><p>Ese grupo de WhatsApp no me salv&#243; de nada &#233;pico, ni me resolvi&#243; la vida, mucho menos me convirti&#243; en otra persona. Pero me dio algo mucho m&#225;s simple y mucho m&#225;s necesario: una red. Un lugar donde preguntar sin verg&#252;enza, decir &#8220;no s&#233;&#8221;, llegar cansada, llegar tarde, llegar entera o rota, y que eso est&#233; bien.</p><p>Migrar sigue siendo dif&#237;cil. Armar una vida nueva sigue siendo un desaf&#237;o.<br>Pero voy aprendiendo que no tengo que hacer todo sola <em>(otro beso a mi psic&#243;loga)</em>, que est&#225; Juan, (<a href="https://open.substack.com/pub/historiasdeunamigrante/p/el-dia-que-me-mude-a-malaga?r=17qgfq&amp;utm_campaign=post&amp;utm_medium=web">el Incre&#237;ble Juan</a>), y que tambi&#233;n hay otras mujeres transitando lo mismo que yo.</p><div><hr></div><p>Hay una escena de la pel&#237;cula de <em>Sex and the City</em> que me viene a la mente cuando pienso en todo esto. Samantha le da de comer en la boca a Carrie, quien est&#225; completamente destrozada despu&#233;s de que el amor de su vida la dej&#243; plantada en el altar. Carrie est&#225; acostada, quieta, sin fuerzas, y le dice a su amiga que quiere seguir durmiendo. Samantha le dice que coma aunque sea un poquito y que despu&#233;s siga durmiendo todo lo que quiera. Acto seguido, acerca la bandeja del desayuno y le da unas cucharadas de yogur en la boca. Carrie come obediente y mira a su amiga con la mirada perdida. Samantha le devuelve una sonrisa y un gui&#241;o de ojo c&#243;mplice. Ese gesto m&#237;nimo, casi dom&#233;stico, me destruye.</p><p>Se parece a mis amigas de siempre, las que me conocen de memoria y saben cu&#225;ndo hablar, cu&#225;ndo callar, cu&#225;ndo mandarme un audio eterno o un meme absurdo para sacarme una sonrisa. Las que estuvieron en cada pa&#237;s, aunque fuera a la distancia, haciendo malabares con los husos horarios para acompa&#241;arme. Las que fueron mesa, abrazo, refugio mucho antes de que yo supiera ponerle palabras a eso.</p><p>Y tambi&#233;n se parece a esta red nueva, inesperada, que apareci&#243; en M&#225;laga en forma de grupo de WhatsApp y de encuentros alrededor de un caf&#233;. Mujeres que no conoc&#237;a, pero que entendieron r&#225;pido. Que acercaron informaci&#243;n, escucha, tiempo, presencia. Que hicieron lugar sin preguntar demasiado, como si supieran que a veces lo &#250;nico que una necesita es sentarse y dejarse sostener un rato.</p><div><hr></div><p>Gracias por leer. </p><p>L@s quiero mucho.</p><p>Ari</p><p>PD: el grupo de WhatsApp es parte de la comunidad hermosa que cre&#243; <a href="https://www.instagram.com/pazaloisi?igsh=MTBqejgweWp2cHQ5aA==">Paz Aloisi</a>. </p><div><hr></div><p>Este <em>newsletter</em> se llama Historias de una migrante y sale cuando tengo algo para decir (o confesar).</p><div><hr></div><p>Estoy intentando entender esta nueva vida en Espa&#241;a y escribirla me ayuda. Quiz&#225;s leerla tambi&#233;n te ayude a vos.</p><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#8. Los 40 principales de los 40]]></title><description><![CDATA[En honor al viejo programa de radio, hoy traigo una publicaci&#243;n en formato lista.]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/los-40-principales-de-los-40</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/los-40-principales-de-los-40</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 04 Jan 2026 14:02:38 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/274705e0-c098-4ee3-8487-11577b4dce8d_1200x1600.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Ma&#241;ana, 5 de enero de 2026, cumplo 41 a&#241;os. &#191;Lo estoy escribiendo ac&#225; para que me saluden al leer esta publicaci&#243;n o para que ma&#241;ana se acuerden? Por supuesto, porque yo amo mi cumplea&#241;os. </p><p>Inspirada por un texto que le&#237; hace poco de <span class="mention-wrap" data-attrs="{&quot;name&quot;:&quot;Florencia Sichel&quot;,&quot;id&quot;:18077066,&quot;type&quot;:&quot;user&quot;,&quot;url&quot;:null,&quot;photo_url&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/47f5241a-fa9c-4320-81b4-b290a35b0f29_2362x2362.jpeg&quot;,&quot;uuid&quot;:&quot;f30841d0-6afc-4d7d-a1fa-71a780d21157&quot;}" data-component-name="MentionToDOM"></span>, se me ocurri&#243; este ejercicio: una lista de 40 cosas que hice o me pasaron durante mi a&#241;o n&#250;mero 40. No est&#225;n ordenadas por importancia ni por cronolog&#237;a. Algunas son profundas, otras triviales; algunas duelen, otras hacen re&#237;r. Todas, de alguna manera, me explican.</p><p>Juro que no es un embole de leer. De hecho, la autora que cito tiene su lista de 100 cosas que hizo en el a&#241;o y la lectura en este formato se disfruta un mont&#243;n.</p><p>Ac&#225; van.</p><div><hr></div><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><div><hr></div><p></p><ol><li><p>Fui a la playa con mis viejos, con mis amigas, con mi grupo de la universidad, con Juan. En Argentina, en Dinamarca y en Espa&#241;a. La playa es mi lugar por excelencia en el mundo y agradezco poder compartir esos momentos con la gente que quiero tanto.</p></li><li><p>Recib&#237; los 40 en mi Tandil natal, con una fiesta hermosa en mi casa de toda la vida, y con mi gente de siempre.</p></li><li><p>Dej&#233; de ser vegetariana luego de ocho a&#241;os sin comer carne roja ni pollo.</p></li><li><p>Aprend&#237; a cocinar pescado a la sal.</p></li><li><p>Me regalaron una sesi&#243;n de revoluci&#243;n solar, que implica c&#243;mo va a ser tu a&#241;o en t&#233;rminos astrol&#243;gicos. Con el diario del lunes, la predicci&#243;n acert&#243; en un cincuenta por ciento. Igual lo volver&#237;a a hacer.</p></li><li><p>Hice la tesis de m&#225;ster y me saqu&#233; la nota m&#225;xima. &#161;Yo! &#161;Que jam&#225;s en mi vida acad&#233;mica en Argentina obtuve m&#225;s que un siete!</p></li><li><p>Adelgac&#233; como siete kilos.</p></li><li><p>Fui por primera vez a un <em>babyshower</em>.</p></li><li><p>Mantuve una rutina de actividad f&#237;sica casi todo el a&#241;o.</p></li><li><p>Tuve un trabajo en el que la pase espectacular y fue la mejor despedida que pudo haberme dado Dinamarca, luego de 9 a&#241;os viviendo ah&#237;.</p></li><li><p>Vend&#237; un mont&#243;n de cosas: ropa, muebles, vajilla.</p></li><li><p>Me mud&#233; de pa&#237;s por cuarta vez. Hac&#237;a a&#241;os que le ten&#237;amos ganas a Espa&#241;a y finalmente nos animamos. El tiempo dir&#225; si fue una buena decisi&#243;n.</p></li><li><p>Escrib&#237; un libro de historias personales que me sucedieron viajando.</p></li><li><p>Empec&#233; una cuenta en Substack y mantengo el ritmo de escritura mucho m&#225;s de lo que hubiera imaginado.</p></li><li><p>Fui a ver una comedia musical y, como cada vez que piso un teatro, me volv&#237; a preguntar por qu&#233; corno no voy m&#225;s seguido.</p></li><li><p>Fui al cine tres veces. Misma pregunta que el punto anterior. Vi la pel&#237;cula de la F&#243;rmula 1 &#8212;disculpenm&#233; los cr&#237;ticos de cine, pero a m&#237; me encant&#243;&#8212;, la &#250;ltima de Jurassic Park &#8212;ni siquiera me acuerdo la trama&#8212;, y una espa&#241;ola que se llama La deuda que me pareci&#243; espectacular.</p></li><li><p>Me hice una mamograf&#237;a por primera vez. Estaba aterrada de que me doliera mucho y del resultado. Sali&#243; todo perfecto y no me doli&#243; nada.</p></li><li><p>Continu&#233; con mis clases de italiano por tercer a&#241;o consecutivo. Ya estoy al nivel de ver una serie italiana con subt&#237;tulos en italiano y entender casi todo.</p></li><li><p>Hice y com&#237; m&#225;s empanadas que cualquier otro a&#241;o. Qu&#233; fruta noble la empanada.</p></li><li><p>Llor&#233; en todas las playas de M&#225;laga.</p></li><li><p>Cambi&#233; de psic&#243;loga y estoy feliz con la que tengo.</p></li><li><p>Volv&#237; a correr.</p></li><li><p>Dej&#233; de correr.</p></li><li><p>Extra&#241;&#233; Dinamarca. Jam&#225;s pens&#233; que dir&#237;a algo as&#237;, pero juro que me pasa desde que me mud&#233;. Tal vez extra&#241;o la vida que ten&#237;a all&#225;, la seguridad econ&#243;mica, las relaciones sociales &#8212;aunque ninguno de mis v&#237;nculos era de origen n&#243;rdico&#8212;.</p></li><li><p>Fui a muchas entrevistas laborales en M&#225;laga y no me contrataron de ning&#250;n lado (hay historias tragic&#243;micas al respecto en mi libro y tambi&#233;n <a href="https://substack.com/@historiasdeunamigrante/note/p-178899655?r=17qgfq&amp;utm_source=notes-share-action&amp;utm_medium=web">ac&#225;</a>).</p></li><li><p>Vi (y me importaron) las carreras de F&#243;rmula 1. Ya s&#233; que soy muy poco original con la llegada de la Colapintoneta, pero este a&#241;o me inform&#233; m&#225;s, entend&#237; mejor, conoc&#237; a los equipos y a sus pilotos. S&#233; cu&#225;les me caen muy bien adem&#225;s del nene argentino (hola, Nico H&#252;lkenberg, Norris, y el rey de la moda, Lewis Hamilton) y cu&#225;les me parecen unos imb&#233;ciles a pesar de su talento (les hablo a ustedes, Verstappen, Piastri y Lawson).</p></li><li><p>Miramos con Juan &#8212;y a m&#237; siempre me pareci&#243; un planazo&#8212; todos los partidos del Atl&#233;tico de Madrid que pudimos.</p></li><li><p>Me hart&#233; de comer tortilla del Mercadona.</p></li><li><p>Hice amistades completamente inesperadas (y escrib&#237; al respecto <a href="https://substack.com/@historiasdeunamigrante/note/p-180703804?r=17qgfq&amp;utm_source=notes-share-action&amp;utm_medium=web">ac&#225;</a>).</p></li><li><p>Todas las ma&#241;anas, como hace a&#241;os, tom&#233; el primer mate del d&#237;a, cerr&#233; los ojos con mucho placer saboreando la bebida, y me pregunt&#233; c&#243;mo hace la gente que no toma mate para empezar el d&#237;a sin ese abrazo de amor l&#237;quido.</p></li><li><p>Fuimos con amigos a pasar el d&#237;a a Nerja, a 50 kil&#243;metros de M&#225;laga, y nos olvidamos el mate. <a href="https://www.instagram.com/reel/DN-jfuXDNxK/?utm_source=ig_web_copy_link&amp;igsh=MzRlODBiNWFlZA==">Ac&#225;</a> hay un video que muestra el nivel de improvisaci&#243;n y el enorme trabajo en equipo que tenemos los argentinos. Qu&#233; cierta es la frase esa que dice que los argentinos no dominamos el mundo porque no queremos.</p></li><li><p>Instal&#233; y desinstal&#233; Instagram de mi tel&#233;fono como 40 veces.</p></li><li><p>Hice una sesi&#243;n de constelaciones familiares por primera vez y me vol&#243; la mente.</p></li><li><p>Vi c&#243;mo cuatro mujeres de mi edad o tal vez un poco m&#225;s se agarraron a pi&#241;as en el supermercado. Lo escrib&#237; <a href="https://substack.com/@historiasdeunamigrante/note/p-182622307?r=17qgfq&amp;utm_source=notes-share-action&amp;utm_medium=web">ac&#225;</a>.</p></li><li><p>Falleci&#243; mi abuela Ren&#233;.</p></li><li><p>Naci&#243; Nerea, la hija de una de mis mejores amigas; y tambi&#233;n naci&#243; Francisco, el beb&#233; de Mati y la rusa, autora de <span class="mention-wrap" data-attrs="{&quot;name&quot;:&quot;&#128140; Postales cotidianas&quot;,&quot;id&quot;:4527840,&quot;type&quot;:&quot;pub&quot;,&quot;url&quot;:&quot;https://open.substack.com/pub/hijseisdedos&quot;,&quot;photo_url&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/2594550e-e913-45e4-85c9-5fc65178ad98_716x857.jpeg&quot;,&quot;uuid&quot;:&quot;bda2eedd-0f74-4413-b0e5-d3cf7c18e857&quot;}" data-component-name="MentionToDOM"></span>.</p></li><li><p>Empec&#233; a tomar cerveza sin alcohol.</p></li><li><p>Me tom&#233; un mate y escup&#237; algo pensando que era un palito de yerba. Era una tijereta y estaba viva. Casi me trago un bicho vivo y desde ese momento sumerjo la bombilla en agua antes de preparar el mate cada d&#237;a.</p></li><li><p>Me enamor&#233; m&#225;s de Juan.</p></li><li><p>Ayer, 3 de enero, vi c&#243;mo quedar&#237;a la portada de mi libro con una ilustraci&#243;n hermos&#237;sima a cargo de mi amiga Pau. Casi lloro de emoci&#243;n.</p><div><hr></div></li></ol><p>Bienvenidos sean los 41.</p><p>L@s quiero mucho.</p><p>Ari</p><div><hr></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[#7. La gente está muy mal]]></title><description><![CDATA[Escenas de la selva en sociedad]]></description><link>https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/la-gente-esta-muy-mal</link><guid isPermaLink="false">https://historiasdeunamigrante.substack.com/p/la-gente-esta-muy-mal</guid><dc:creator><![CDATA[Historias de una migrante💖]]></dc:creator><pubDate>Sun, 28 Dec 2025 09:01:10 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/22c60083-b22a-4ed8-97bd-d3a01ec829b2_4032x3024.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>El martes, saliendo de fisioterapia, entro al supermercado a comprar algo para la merienda. Necesito algo dulce para compensar el dolor muscular y ese cansancio raro que se te pega al cuerpo a fin de a&#241;o, aunque no sepas bien de d&#243;nde viene.</p><p>Le escribo a Juan por WhatsApp mientras empujo el carrito:</p><p>&#8212;&#191;Algo en particular para la merienda?<br>&#8212;Lo que quieras pero que sea lo m&#225;s parecido a una factura &#8212;responde.<br>&#8212;Perfecto. Te aviso cuando voy saliendo y pon&#233;s el agua para el mate.</p><p>El Mercadona que tengo cerca de casa tiene dos pisos. Arriba est&#225;n los art&#237;culos de limpieza y perfumer&#237;a, adem&#225;s de la panader&#237;a; abajo, todo lo dem&#225;s.</p><p>Subo, agarro lo m&#237;o y encaro la escalera mec&#225;nica para bajar.</p><p></p><p class="button-wrapper" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscr&#237;bete ahora&quot;,&quot;action&quot;:null,&quot;class&quot;:null}" data-component-name="ButtonCreateButton"><a class="button primary" href="https://historiasdeunamigrante.substack.com/subscribe?"><span>Suscr&#237;bete ahora</span></a></p><p></p><p>Son las seis de la tarde del 23 de diciembre. El supermercado est&#225; explotado de personas: carritos que chocan, ni&#241;os colg&#225;ndose de los brazos de adultos agotados, caras tensas, esa electricidad previa a las fiestas que convierte cualquier tr&#225;mite en una prueba de resistencia.</p><p>Voy bajando cuando escucho un grito que corta el aire como una alarma:</p><p>&#8212;&#161;Noooo, po&#8217; favooooo&#8217;, que estamos con los ni&#241;os!</p><p>Levanto la vista. </p><p>En la escalera paralela a la m&#237;a, una mujer viene subiendo a toda velocidad, desencajada, fuera de s&#237;. Llega arriba, da media vuelta sin pensar, baja corriendo por <em>mi</em> escalera y cuando est&#225; a punto de llegar al final&#8230;<br>le encaja una trompada seca a otra mujer que est&#225; terminando de bajar.</p><p>No hay discusi&#243;n previa, no hay transici&#243;n, no hay contexto. Es un salto directo al cl&#237;max.</p><p>La mujer que grit&#243; lo inevitable &#8212;lo de los ni&#241;os&#8212; no tiene m&#225;s remedio que seguir a su &#8220;amiga&#8221;, y en cuesti&#243;n de segundos ya no son dos sino cuatro mujeres que est&#225;n en el suelo, enredadas en una batalla campal de pi&#241;as, patadas, ara&#241;azos y tirones de pelo. Una mara&#241;a imposible de descifrar: culos, brazos, bolsas, piernas que se mueven como si no respondieran a ning&#250;n sistema nervioso conocido.</p><p>Las dos escaleras mec&#225;nicas se detienen de golpe.</p><p>Y ah&#237; me quedo, atrapada, con una vista de palco a lo que est&#225; sucediendo.</p><p>La compra de una de las &#8220;boxeadoras&#8221; sale despedida como si alguien hubiera explotado una pi&#241;ata: vuela un yogur y se estrella contra el suelo, salen galletitas de un paquete, un quitaesmalte se abre y empieza a largar ese olor qu&#237;mico dulz&#243;n que te arde en la nariz. El piso se vuelve una mezcla resbalosa y absurda.</p><p>Nadie puede avanzar. Nadie puede retroceder.</p><p>El supermercado entero enmudece. Ya no importa la compra, ya ni sabemos a qu&#233; vinimos, es como si se hubiera parado el tiempo, como si nos hubi&#233;semos detenido todas las personas en ese instante y solo importara el enredo de mujeres rodando en el ring imaginario que se arm&#243; en el Mercadona.</p><p>Yo no puedo cerrar la boca. Literalmente. Me duele la mand&#237;bula de lo abierta que la tengo. La escena es tan grotesca, tan exagerada, que parece un dibujito animado&#8230; pero con gritos reales.</p><p>&#8212;&#161;&#8217;Ja puta!<br>&#8212;&#161;Que la mato!<br>&#8212;&#161;Su&#233;ltame el pelo!</p><p>Aparecen los de seguridad, cajeros, hombres que salen de la nada e intentan separar a las mujeres como si estuvieran tratando de desarmar un nudo humano. In&#250;til. Ellas siguen. Como si nada m&#225;s existiera: ni los ni&#241;os, ni la gente alrededor, ni el caos que est&#225;n generando.</p><p>Alguien detr&#225;s de m&#237; suspira fuerte. Otro se queja en voz baja. Nadie se mueve. No podemos movernos.<br>Tenemos que esperar.</p><p>Esperar a que las separen.<br>Esperar a que se calmen.<br>Esperar a que limpien el enchastre.</p><p>Mientras tanto, pienso: <em>la gente est&#225; mal</em>. Pero mal de verdad. Esto no es cansancio, ni mal humor. &#191;Qu&#233; puede haber pasado entre estas cuatro mujeres para que semejante furia haya borrado el sentido de convivencia en sociedad? &#191;Qu&#233; puede llevarte a cagarte a pi&#241;as en el supermercado? &#191;Qu&#233; me movilizar&#237;a a m&#237; para hacer algo as&#237;?</p><p>La gente est&#225; saturada. Llegamos a un l&#237;mite invisible despu&#233;s de meses &#8212;o a&#241;os&#8212; de acumular frustraci&#243;n, exigencias, silencios.</p><p>El fin de a&#241;o tiene esa cosa: pide balances, sonrisas, cenas felices, gratitud obligatoria. Las ciudades, en este clima, se vuelven una selva pulida y aparentemente civilizada hasta que algo m&#237;nimo hace saltar todo por el aire.</p><p>Me vibra el tel&#233;fono. Juan:</p><p>&#8212;&#191;Pongo el agua?<br>&#8212;Banc&#225; &#8212;le escribo&#8212;. Estoy atrapada en la escalera mec&#225;nica viendo una pelea campal entre cuatro minas.<br>&#8212;&#191;Qu&#233;? &#191;A pi&#241;as? &#191;Por una barra de pan?<br>&#8212;&#161;Sabr&#225; Dios! Esto es salvaje, no las pueden parar.</p><p>Finalmente, logran separar a las mujeres. Una sale con toda la cara ara&#241;ada. La otra sigue gritando. Una tercera se lleva las manos a sus genitales y hace un movimiento como de empujar con la pelvis. Los empleados llaman a la polic&#237;a mientras las dos mujeres que sub&#237;an en un principio contin&#250;an su ascenso hasta la panader&#237;a, donde las esperan los ni&#241;os llorando. Las otras dos son escoltadas por uno de seguridad hasta la secci&#243;n de verduras. Las escaleras siguen detenidas mientras alguien pasa una mopa por el suelo, junta yogur, galletitas y restos de esmalte como si estuviera limpiando las sobras de un naufragio dom&#233;stico.</p><p>Cuando por fin puedo bajar, salgo del supermercado todav&#237;a medio aturdida. Afuera est&#225; atardeciendo, hay gente caminando, todo sigue con normalidad. Como si adentro no hubiera pasado nada.</p><p>No s&#233; qu&#233; historia tra&#237;a cada una de esas mujeres.<br>No s&#233; qui&#233;n empez&#243;.<br>No s&#233; qu&#233; fue exactamente lo que las llev&#243; hasta ah&#237;.</p><p>S&#237; s&#233; que, por un momento, el Mercadona fue un espejo brutal de &#233;poca: cuerpos desbordados, nervios en carne viva, una convivencia sostenida con alfileres que se rompe en cuanto alguien empuja un poco de m&#225;s.</p><p>Y s&#233; tambi&#233;n que la frase que m&#225;s me qued&#243;, en lugar de ser alguno de los insultos, o los gritos en andaluz furioso, o el golpe seco que deton&#243; todo, fue esa s&#250;plica inicial lanzada al aire como &#250;ltimo recurso moral:</p><p><em>No, por favor. Que estamos con los ni&#241;os.</em></p><p>No importaba que cagarse a palos estuviera p&#233;simo. El mayor problema era que estaban con los ni&#241;os.</p><p>Como si la &#250;nica raz&#243;n v&#225;lida para frenar el desastre fuera la presencia de testigos menores de edad. Como si la ausencia de ni&#241;os diera luz verde a lo que sea. Como si el l&#237;mite ya no fuera &#233;tico, ni social, ni humano, sino pedag&#243;gico.<em><br><br></em>Me pregunto en qu&#233; momento delegamos toda la cordura en las generaciones futuras, como si nosotros ya estuvi&#233;ramos perdidos.</p>]]></content:encoded></item></channel></rss>